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miércoles, 10 de junio de 2015

La penumbra

Por más luz que apliquemos jamás extinguiremos las sombras. Pero, ¡qué coño! Todas las cosas humanas, cualquiera de los asuntos que toquemos, lucen mejor cuando los iluminamos. Gracias a esos contrastes comprendemos los volúmenes, las distancias y los grises… esa cualidad indispensable de nos hace a los hombres estar en la penumbra… no ser luz y no ser sombra.


En invierno, cuando llegaba al laboratorio, el Sol caía tangencialmente sobre la mesa de trabajo. Los matraces abandonados el día anterior regalaban entonces luces y sombras para el que las quisiera ver. Eran generosos dibujos en la superficie blanca. Y tan efímeros –el sol nunca se detenía lo suficiente- que provocaban la ansiedad de perderlos…

Sí… luces y sombras, el eterno dilema del hombre… ¿Cuándo entenderemos de corazón, que somos indisolubles, y que si hay sombras es porque hay luz al otro lado?

viernes, 14 de noviembre de 2014

No recuerdo de qué iba esto


Ya no recuerdo de qué iba esto. Tal vez era una solución ácida con rojo de metilo… no sé. Cada día que pasa los asuntos que fueron cotidianos en mi vida resultan más lejanos. Me daba por fotografiar estas cosas entre análisis y análisis… los tubos, las sombras, las formas propias de un laboratorio.

El árbol que plantamos en 2002 está hecho todo un hombrecito. Era un sauce llorón y hoy las ramas llegan hasta el suelo. Ya solo le faltaría un arroyo cantarín discurriendo por abajo, pero eso no va a pasar. Jesús y Mary se fotografiaron junto a él para mostrarme su porte actual, y me provocó una punzada de nostalgia. Treinta y tres años en ese laboratorio y ahora me sentiría un extraño si entro por la puerta. Supongo que eso forma parte de la vida… pasar.

Es cierto: pasamos por la vida, seguramente, dejando retazos de lo que somos y absorbiendo retazos de los demás. La vida es un intercambio de momentos, hablas, te hablan, oyes, te oyen, rozas, te rozan, amas, te aman. Y así vas pasando hasta que se acaba el camino. No sé… seguramente es más fácil estar muerto que vivir. Lo doloroso es el proceso de ir muriendo porque implica la peor despedida.

No somos héroes. Nos puede la resignación.

sábado, 30 de agosto de 2014

Mi amiga ha decidido convertirse en tortuga

Hoy pienso que mi amiga va a tener razón. Mi amiga ha decidido convertirse en tortuga. Construirse un caparazón resistente y refugiarse en él para vivir la vida que le dejen vivir... sin resistencia, sin molestar, sin interferir. Para mi amiga lo que sale en los telediarios, se habla en las radios y se lee en los periódicos son cosas que pasan en otro mundo. Todo eso ocurre en un planeta tan lejano que no tiene nada que ver con el suyo. El suyo es el mundo realmente real y no va más allá de su trabajo, no va más allá de su familia y amigos, y no trasciende los veinte kilómetros cuadrados en los que discurre su vida. Para mi amiga, lo que ocurre detrás de la siguiente esquina no le atañe. Las cosas malas les pasan a otros porque tienen hipoteca, porque están parados, porque están enfermos, porque son dependientes, porque quieren estudiar, porque quieren cosas que no tienen…

A veces lo hemos hablado con cierta tirantez. Ella puede hacer eso porque le ha tocado vivir en una de las pocas burbujas que aún permanecen intactas en este cambio de paradigma, y que se están convirtiendo en un anacronismo. Un pequeño trabajo estable y un marido con otro pequeño trabajo estable. Unos hijos medio instalados en el sistema. Unos mayores a los que de momento pueden atender... Mi amiga está instalada en el viejo mundo y la perspectiva de abrir los ojos y asumir la injusticia global de lo que tenemos encima la aterroriza. Por eso prefiere cerrar los ojos y encerrarse en su coraza.

A veces me lo ha dicho: Pero cómo puedes vivir así, amigo. Todo el día pendiente de las cosas malas que pasan en el mundo. Todo el día leyendo cosas de economía y de política, escuchando lo que dicen unos y otros. Si da igual lo que digan, porque todos dicen las mismas mentiras y luego hacen lo contrario de lo que dicen... 



Mi amiga se aísla y creo que consigue ser bastante feliz en su ignorancia mimada y buscada (…por eso a veces la envidio) Ella misma asume que no es más que una hoja en mitad de un huracán, y que una simple hoja no puede hacer nada para aplacar los vientos... Sólo se pone de lado para que pase lo antes posible. 

Lo que no sabe mi amiga es que el huracán ha llegado para quedarse y que tarde o temprano la arrastrará también a ella, la que se piensa inmune.


domingo, 5 de mayo de 2013

Cuando se marchan, obligados por estos miserables




Hoy he dedicado un libro a mi segundo hijo. Le he dejado dicho en la solapa, más o menos, que escribir un libro o plantar un árbol no han sido tareas demasiado complicadas, que lo realmente importante era tenerle a él. Cerca o lejos, la distancia física no es lo más importante, lo que importa es mantenerlo pillado, aquí, en el corazón. 

Pero mis hijos tendrán que marcharse lejos, igual que muchos jóvenes. Esta mierda de país los desecha con tal de cumplir con los deberes que mandan los mongo-liberales… esos que insisten en desmembrar el Estado y en dejar a la gente al albur de los mercados y dicen, mientras tanto, que vendrán tiempos mejores… ¿mejores para quién, so borrico?

Y cuando los hijos se marchan al otro lado del océano, obligados por estos miserables, el mundo se nos hace excesivamente grande, y los peligros afloran en cada pensamiento por mucho que apliquemos razón en las cosas.

La imagen es un atardecer sobre el río Arillo, San Fernando



domingo, 30 de diciembre de 2012

Madrugón

Demasiado oscuro sigue el día. Tan negro que nadie diría que es por la mañana… Y el joven biólogo ha subido al autobús con la esperanza oculta de tener una compañera de asiento guapa y simpática. Pero dice que siempre le tocan tíos gordos y con olor a sobaquina. ¡Mala suerte, hijo! Viaja a Madrid, pero no a trabajar. Todavía no…
Y mientras amanece me acerco a la plaza de abastos, que es lo único que parece vivo en la pequeña ciudad del sur. Es tan temprano que aún no hay churros, y la máquina de café no tiene presión. El frío repta por el suelo de la cafetería y trepa hasta las rodillas. Y poco a poco los primeros parroquianos empiezan a llegar con el periódico calentito debajo del brazo…
Afuera, esperando que termine de salir el sol, acechan los demonios de cada día. Seguro que aparecen Rajoy y sus adláteres en cuanto algún insensato enchufe una radio o una tele… prefiero seguir en la cafetería, mirando las lucecitas de la máquina tragaperras. Total…
Así que, ya que está uno levantado, aprovecho para lanzar algunas fotos con el sol bajito. Pero sólo esta charca llena de cielo y nubes escapa a la vulgaridad…





miércoles, 26 de septiembre de 2012

Al likindoi: Es #25S


En las cercanías del Congreso de los diputados —Madrid— miles de ciudadanos se manifiestan. Muchos cuestionamos que los políticos que allí se refugian representen realmente a la gente que les votó. Muchos pensamos que la democracia que tenemos es un remedo de democracia porque los políticos reciben votos para realizar unas tareas concretas de gobierno —o de oposición— y hacen lo contrario. Muchos consideramos que hay políticos electos que se erigen en una casta privilegiada y se arrogan el derecho a ejecutar políticas que nada tienen que ver con el compromiso que aceptaron en las urnas, ni con los intereses de la gente: pareciera que tengan carta blanca para hacer tropelías y deshacer derechos durante cuatro años… Esta gente es la correa de transmisión de políticas que beneficia a la plutocracia, la élite privilegiada que maneja el dinero sin pasar por las urnas. Por eso la policía —funcionarios al servicio del poder establecido— recibe la orden de reprimir a los ciudadanos que intentan rodear el Congreso de los Diputados. Nos reprimen porque de esa manera, a porrazos, nos convierten a todos en delincuentes —y flaco favor hacen los violentos que tiran adoquines o intentan quitar vayas—. Porque si no nos convirtieran a todos en delincuentes seríamos un ejemplo para muchos más, y un peligro para que la contestación pacífica crezca y escape a su control policial. Nos quieren en casa, callados, sumisos y resignados… ELLOS, los malos políticos, son el peligro. Ellos son los criminales, los que golpean la democracia hasta reducirla a un remedo formal y poco más…


…y mientras eso ocurre, en una pequeña Sala de Exposiciones de El Pópulo, el barrio más antiguo de Cádiz, mi maestro y amigo Ángel expone una colección de fotos. Son fotos de Cádiz a media altura. Las azoteas del viejo Emporio del Orbe aparecen luminosas, con líneas perfiladas, con la realidad realzada; limpias de aderezos humanos; sobre cada foto ha conseguido planos de luz nítida que se superponen con sorpresa porque la profundidad ha desaparecido. No sé… me estoy dando cuenta de que no sé explicar una imagen, que no sé convertirla en palabras. Por eso habrá que ir a verlas, porque producen un efecto extraño: te atrapan, y uno no encuentra el momento de dejar de mirarlas.

La exposición se llama “Cádiz al likindoi”… que es una frase muy gaditana que significa “estar atento observando todo”. Y es una corrupción de la expresión inglesa “looking day”, que usaban en el XVIII los comerciantes de la ciudad el día que subían a las torres vigías para otear el horizonte buscando la llegada de los barcos de las Américas y vender cuanto antes las mercancías…

Una pareja madurita compra dos cuadros. El hombre se da cuenta del enorme trabajo que tiene cada una de las imágenes, y lo aprecia.

Llega un grupo de colombianos; son rectores y decanos que participan en un congreso de la Universidad de Cádiz… los colombianos tienen un hablar dulce y cariñoso. Da gusto escucharles. También llega Claudia con su madre. Claudia tiene un mes y es un bebé precioso. Laura está encantada con su hija. Laura es una pequeñaja de hablar pausado y bajito, pero, ahí donde la ves, dirige varios doctorados y otros varios trabajos de investigación…

A Elementafresca le faltan unos créditos para finalizar medicina, y está indignada con la situación del país. Lo hablamos un ratito. Cuando acabe la carrera sus padres le van a regalar una Nikon de 12 Megapixel, seguro. Elementafresca es una chica muy guapa y decidida, Pablito tiene suerte (…a veces la suerte hay que buscarla y así nos la merecemos más.

A María y Angelito les revolotean mariposas por el estómago… miran las imágenes del autor, vale, pero yo creo que lo único que perciben es la piel contra la piel... hay muchas maneras de tomar la mano del otro. Se nota. Uno nunca olvida esas sensaciones. Deberían durar toda la vida…

Jose ha dado un paseo por el Pópulo. Dice que hay varias terracitas por las callejuelas. Luego nos tomaremos una cerveza sin alcohol en una de ellas… A Toñi le encanta charlar con la gente, se la ve contenta. La Balita se lleva a Claudia, y le da un paseo en el cochecito, mientras Laurita disfruta de las imágenes de Ángel. A Claudia le relaja el empedrado de las calles del Pópulo, es lo que tienen los bebés, que se tranquilizan con los baches. Quique, que ha llegado con los colombianos, anda sin tiempo para nada porque se ha metido a vicerrector de algo y ya sabemos cómo absorben estas cosas si uno se lo toma con responsabilidad…

Mi maestro, el autor de la exposición, anda satisfecho y contento, se le nota… sin embargo, a mi amiga Chani no la veo feliz, a veces la vida tiene sus momentos malos. Yo creo que Ángel ha conseguido unas imágenes extraordinarias. Es su mejor exposición, sin duda… se está dejando bigote porque dice no sé qué cosa de un granito en el labio. Ya tuvo bigote, pero entonces era negro, ahora le está saliendo un mostacho canoso… no creo que a Chani le guste.

Y, la verdad, no sé con qué realidad quedarme…

domingo, 9 de septiembre de 2012

Rayos gamma en el culo de un erlenmeyer



Los amaneceres seguirán ocurriendo sobre la mesa del laboratorio y yo no estaré allí para admirarlos… La presencia de los hombres es efímera. Apenas somos una diminuta llamarada en la oscuridad eterna…

…y merece la pena admirar la belleza mientras dure la luz.

jueves, 30 de agosto de 2012

Niebla matinal


Hoy tenemos niebla cerrada y el campo huele a invierno, como después del primer chaparrón de otoño.

José Luis se ha estirado al bajar del coche sin lanzar un alarido. Yo le he imitado, y ha sido un placer… los deportistas lo hacen antes de empezar a machacarse. Pues lo mismo. ¿Por qué habría de ser una ordinariez estirarse por puro placer?

Hoy el sol tangencial del amanecer no formará sombras alargadas en la mesa del laboratorio. La luz difusa no deja sombras…

…y, no sé por qué, pero eso no puede ser bueno. Es mejor conocer las luces y las sombras de las cosas y de los hombres. Así sabemos a qué atenernos.

martes, 28 de agosto de 2012

Crónicas de la jubilación / Acético


Cuando me jubile, el bote cuentagotas del acético diluido seguirá en la estantería cogiendo polvo. Como ya no vienen limpiadoras habría que limpiarlo de vez en cuando… pero me temo que eso no va a pasar. La higiene cuesta dinero, y las crisis provocan tiempos muy sucios.


El bote de acético diluido tiene una etiqueta que le puse hace unos años. Sustituyó a la anterior, que también le había colocado hace más años aún. Ese bote, y otros muchos, ya estaban en la estantería en el año 1978, cuando llegué aquí por primera vez… el acético, junto a alfa-naftilamina y ácido sulfanílico, lo usábamos para detectar nitritos y nitratos. ¡Qué tiempos! Daba una reacción rojo sangre muy sensible… yo creo que me hice químico por las estanterías llenas de botes con disoluciones de colores que vi en un laboratorio de la película ‘la Momia’. Debían ser los primeros años 60…

Pues sí, ahí estaba el bote de acético diluido, y ahí seguirá… pero me consta que en estos años yo le he sacado un trocito de alma y lo he lanzado a una especie de eternidad. La luz tangencial del amanecer y la sombra alargada sobre la mesa de trabajo nos han regalado muchísimos momentos bellos… ¿Quién le iba a decir al humilde bote de acético diluido que por unos momentos sería pura poesía?

Los hombres pasamos y las cosas quedan… ¿Por qué no dejarlas más bellas?

jueves, 5 de julio de 2012

La infinita estulticia de los señores obispos

Mi amiga Rocío me aclara que el bosón de Higgs no es la ‘partícula de Dios’, sino la ‘partícula puñetera’…
«Allá por los años 90, Leon Max Lederman, premio Nobel de física en 1988, decidió escribir un libro de divulgación sobre la física de partículas. En el texto, Lederman se refería al bosón de Higgs como “The Goddam Particle” (la partícula puñetera) por lo difícil que resultaba detectarla. El editor del libro, en un desastroso arranque de originalidad, decidió cambiar el término “The Goddam Particle” por “The God Particle”, y así la partícula puñetera se convirtió en la partícula de Dios»
¡Hay que joderse con la que arman los editores!


Y entonces, ahora que hay una altísima probabilidad de haber detectado el bosón de Higgs, capaz de explicar con su existencia real no sé cuantas cosas misteriosas, y, por tanto, acorralar un poco más a Dios porque ya no es necesario recurrir a Él para explicar según qué asuntos de la creación del universo… entonces, digo, ahora los señores obispos se han creído en la tesitura de dar explicaciones y dicen que no importa, que ‘Dios está detrás de la partícula divina’ (otra vuelta de tuerca a la denominación del bosón… por cierto esta mañana lancé en twitter una maldad, dije si Dios estaba detrás de la partícula divina, ¡ya debe ser minúsculo este Dios!)

Pero la carga de la prueba recae en los crédulos. Los científicos no buscan demostrar la existencia o inexistencia de Dios, los científicos se preguntan cómo puñetas funciona el universo, proponen soluciones para explicarlo y plantean experimentos que tratan de demostrar la validez de la teoría propuesta. Si la teoría demostrada sirve para explicar algo mejor el universo, vale, se utiliza… pero sólo hasta que una nueva evidencia pone en cuestión la última teoría. Es la duda sistemática lo que nos hace avanzar hacia el conocimiento empírico, hacia la verdad.

Por el contrario, los señores obispos, ya lo tienen todo claro. Lo tienen clarísimo ahora; lo tenían antes y lo tendrán cristalinamente claro siempre. Los señores obispos ya tienen una verdad que los hace libres, no necesitan ninguna otra, porque la que tienen es una verdad absoluta, emitida por el mismísimo Dios. Es, por tanto, una verdad inmutable. Los señores obispos no necesitan de la ciencia para afianzar sus creencias, porque sus creencias son a-racionales, viven al margen de la razón…

…¡Dios mío! Es tan escandalosamente evidente la infinita estulticia de los señores obispos que no voy a añadir ni una sola palabra más…

Porque me tenéis aburrío-aburrío-aburrío.

La imagen es un matraz y una barra de vidrio, a la luz del amanecer, sobre la mesa de trabajo...


viernes, 27 de abril de 2012

Fotos furtivas: te ocultas detrás de los cristales

Yo creo que sí, que me mirabas detrás de las gafas… la sonrisa socarrona te delata. Al principio sólo me interesó el reflejo dorado del sol en tu pelo. Era un sol frío y limpio de febrero… pero ahora tengo un tesoro casi eterno: tu mirada oculta resulta fascinadora.

martes, 24 de abril de 2012

Fotos furtivas: No sé quién eres


No sé quién eres. Ni siquiera recuerdo si te miré en ese momento... seguramente me entretuve observando cualquier cosa menos a ti, y, fíjate, ahora me tienes cautivado. Llevo tres horas mirándote y no puedo apartar la mirada de la tuya...

viernes, 13 de enero de 2012

Fotos en un tubo: Sin título



...sólo esto, imágenes de vidrios que se interponen a la luz del amanecer. ¡Que tengan ustedes un buen fin de semana!

viernes, 16 de septiembre de 2011

Fotos en un tubo: "He visto cosas que no creeríais…"



“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá de Orión. He visto rayos-c resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo. Como lágrimas en la lluvia…

…es hora de morir”.

Roy Batty, replicante.
La imagen: el sol del amanecer atraviesa un kitasato…



martes, 30 de agosto de 2011

Fotos furtivas: Perrita-flauta

...vienen empujando las generaciones nuevas (¿por qué no me gustaba escribirlo en el otro orden: nuevas generaciones?) ¡A saber que mundo les dejamos!


jueves, 23 de junio de 2011

Fotos furtivas: Mirada


Nada más efímero que una mirada. Una de las miles que ocurren a tu alcance. Lanzas el disparador y recoges un momento único… pero no lo sabes. No sabes dónde has detenido el tiempo. Y no es la composición, el encuadre o el enfoque… no es eso lo que me interesa. Lo que me enamora es descubrir a porteriori el sentimiento cristalizado en un instante irrepetible; y luego, imaginar un discurso para la imagen... y el discurso de esta en concreto es riquísimo. Creo que es eso lo que me anima a seguir lanzando fotos furtivas.
Sólo espero que nadie se enfade…

miércoles, 19 de enero de 2011

La estudiante del Aula 3


Ella casi nunca se asoma a esta ventana… mejor así, porque no le gusta aparecer, y si se entera que está aquí —que tarde o temprano se enterará—, seguro que se enfada conmigo. Pero tengo que decirlo abiertamente a los billones de bits que circulan por la red… es una mujer muy valiente y estoy muy orgulloso de ella, de su fortaleza de ánimo y de lo bien que ha sabido afrontar las jugarretas del destino. Sí, estoy orgulloso de ser su compi de la vida y de compartirla con ella…
Yo no lo entiendo, no quiere que la saque porque dice que está fea. Pero no es cierto, yo la veo más guapa cada día que pasa. Y, por muchos que sean, nunca son demasiados. La vi por primera vez en la facultad de Ciencias de Sevilla. Salía del Aula 3 en enero de 1974. Los que empezaron la universidad ese curso tuvieron que esperar hasta enero porque Franco había puesto de ministro de educación a un señor que se llamaba Julito Rodríguez, que se empeñó el hombre en comenzar el año académico el 1 de enero… y no duró mucho de ministro porque don Francisco lo destituyó en un plis-plas. Pero gracias a eso apareció por Sevilla esa chiquilla de ojos achinados, que cuando se reía parecían dos puñaladas en un tomate…
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Llevaba puesta una trenca azul marino, de las que tenían capucha benedictina, que no se quitaba hasta bien entrado el mes de junio porque le daba vergüenza que viéramos sus formas. Y eso le pasaba porque la educaron las doroteas y las escolapias, las dos, unas detrás de las otras, y tal experiencia imprime mucho carácter. ¡Pobrecita mía!
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Ese día de 1974, nada más verla, me enamoré. Yo creo que fue su mirada y su risa. Pero no me hizo puñetero caso. Tuve que pelear duro. ¡Madremía, lo que me hizo pasar! ¡Que buen trabajo hicieron las monjitas con la chiquilla, pordiosbendito, que buen trabajo!
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Pero aquí está, treinta y siete años después, convertida en mi compi de la vida; sin la trenca azul de capucha benedictina, tan guapa como aquel día en la puerta del Aula 3 y con la entereza de los mejores seres humanos...
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...y si algún día lees esto, no te enfades demasiado, porfa.

viernes, 14 de enero de 2011

Habría que intentarlo otra vez

Insistía mi amigo Agustín: Por más luz que apliquemos jamás destruiremos las sombras…

…y hoy se me ocurre —utilizando la idea— que por más riqueza (luz) que genere este capitalismo globalizado y miserable, jamás destruirá la pobreza (sombras), la precariedad o la inseguridad vital de los de abajo… que la inmensa riqueza que atesoran los elegidos se genera precisamente a costa de la sombra mísera de los NO elegidos. Y eso es así porque NO ES TAREA del despreciable liberalismo económico repartir la riqueza… entre otras cosas porque si se reparte la riqueza dejaría de ser lo que es…

…hoy se me ocurre que nada cambia, que la historia repite una y otra vez la misma historia, y que los intentos de subvertir este orden de cosas se topa siempre con la miseria moral de cualquiera que acceda al poder, aunque sea simbólico. Es cuestión de tiempo.

Pero habría que intentarlo de nuevo. ¡Por Belcebú que habría que intentarlo!

La imagen es un pequeño crisol a la luz del amanecer


lunes, 10 de enero de 2011

Amanecer en un crisol de vidrio


Asoma el sol por el este, entre nubarrones oscuros… y, además de las sombras que forma con el crisol —que son sombras que van y vienen, y hay que pillarlas al momento—, por el ventanal medio abierto serpentea, como una nube de bienestar, el aroma de tierra empapada en lluvia.
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Sólo esto... Hoy no tengo más.




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lunes, 20 de diciembre de 2010

Yo me quiero ir a Corea del Norte

¿Donde está Wally?

¿Qué donde está Wally? Pues estoy perdido entre toneladas y toneladas de cosas que no sirven absolutamente para nada… Son cosas que se ofrecen entre luces, colores y música de Navidad —Campana sobre campaaaAAna…— como si fueran cosas bellas, valiosas y necesarias. Pero no es verdad: son inútiles. Son cosas existencialmente inútiles… y casi todas vienen de la China porque allí son más baratas, son como de usar y tirar, que para el caso… 

Millones de bombillas por las calles céntricas —creo que últimamente son de bajo consumo— para animarnos a comprar. Y se supone que tenemos que comprar porque como no compremos esas cosas inútiles, el tinglaillo se nos cae encima. O sea, para colmo, anda uno disipando sentimientos de culpabilidad… ¡Compra, coño! ¡Sé un buen ciudadano del primer mundo, joder! Que ya somos del G20

¡Dios mío! Hay cientos de miles de prendas que se ofertan a toda prisa porque dentro de un mes bajarán de precio, y dentro de un año ya no servirán porque no tienen el color adecuado o porque los picos del cuello ya no se llevan así, o el largo ha menguado... Y vuelta a empezar: No tengo nada que ponerme. ¡Enga ya, hombre! ¡Mentira cochina! Nos están engañando. Servidor tiene una cazadora Burberry desde hace 20 años y me la sigo poniendo, y no pasa nada… bueno, algo sí pasa (que me llamen cutre a mis espaldas… pero hago como que no me entero y ya está). Se puede. Se es un miserable antipatriota, pero se puede.

Y luego está —diosmíodemialma— lo de Pablito.

— Venga, cariño, piensa un poquito (ya descansarás después) ¿Qué cosa le regalamos a Pablito?

— ¿A Pablito? Pero si Pablito tiene de todo, hija mía. ¿Qué quieres que le regalemos a Pablito? Si es que regalar algo a Pablito es como coger 20 euros y tirarlos por el retrete. ¿O es que no lo sabemos ya? …Yo que sé, cómprale un libro de autoayuda… alguien lo leerá tarde o temprano, ¿no?

— ¡Sí, hombre! Un libro a Pablito… eso sí que sería tirar dinero al retrete.

Al final —yo no sé cómo— pasé treinta y cinco (35) minutos en la cola de pagar. Treinta y cinco minutos en una playa se esfuman en un plis-plas, pero en una tienda de ropa, con la calefacción a tope y con la expectativa de tirar el dinero al retrete, es una eternidad… si al menos la niña de la caja fuera simpática, pero ni eso: era una siesa malparía y avinagrá.

¡Dios mío! Estas cosas no pasan en Corea del Norte… de verdad te lo digo, Manué.