sábado, 22 de julio de 2017

Los almendros no deciden


Anoche acabaron rotas las botellas. Esparcidos los vidrios en mitad de la calle. Algún imbécil debió terminar decepcionado con el mundo y se vengó a su manera de imbécil. No tiene ni idea del valor de un territorio común y público. O no se lo hemos enseñado o lo ha olvidado. Las rompieron frente un viejo muro de piedra ostionera. Hay tres almendros abandonados detrás de esa pared, en un manchón que fue huerta hace lustros. No sé cómo siguen vivos esos almendros. Yo los veo florecer cada febrero, madurar en verano y caer las almendras en otoño. Debe ser muy aburrido florecer cada año para nada. Será que no pueden evitar seguir vivos y repetir la única secuencia que saben y pueden. Nunca lo había pensado, pero los árboles jamás podrán decidir sobre su vida y su muerte. No pueden tomar la última decisión. No son dueños de su vida. Nosotros sí… pero casi siempre perdemos la ocasión de demostrarlo.

No tienen ni idea del valor de un territorio común y público… (Foto @MilanLoMo)

Un equipo de futbol sube la cuesta a la carrera, sorteando los vidrios rotos. Son jóvenes y van sudorosos. Más arriba, algún sujeto ha dibujado penes erectos en el muro impoluto del nuevo Edificio de la Hora Oficial de España. El pobre diablo debe pensar que así afianza la hombría. Una lagartija se esconde en su rendija cuando me acerco; no se fía de mí. Hay una brisa de poniente que barre la calle y una joven pareja se toquetea furtivamente en un banco del parque. Apenas oigo los pájaros, pero sé que están ahí; me han dicho que ya se me escapan los agudos… y es triste empezar a perder el mundo de esa manera. Las raíces de un ficus son poderosas y han levantado la acera como si fuera de papel, se ve que lo hacen lentamente, sin prisas, año tras año, como los almendros de ahí detrás. La vida se abre camino a pesar de todo. Lo hace el almendro y lo hace el ficus…

…pero no sé.

…esparcimos las cenizas de Raúl entre los almendros. (Foto @MilanLoMo)

Hace unos días esparcimos las cenizas de Raúl en la vieja huerta, entre los almendros. En junio ya tienen frutos y la vida se abre camino a través de ellos. Sus cenizas agrisaron el suelo y cubrieron algunas almendras de la temporada anterior. No lo pude evitar, imaginé a Raul, socarrón, asistiendo a su propia conclusión. No como un rito sino como el que cierra un ciclo y vuelve al origen. Sí… entiendo que él tomara su propia decisión, y me alegré a pesar de la pena de perder sus palabras y sus sentimientos. Porque al final, tarde o temprano, la vida se atranca en las veredas y el tramo final se hace demasiado sinuoso, polvoriento y sin sentido.

Raúl no quiso ser un vegetal; ni ficus ni almendro. Decidió sobre su vida, cómo vivirla y hasta dónde vivirla. Eran sus derechos.


Al menos, desde ahora, cada febrero, los viejos almendros tendrán una nueva razón para florecer.

viernes, 21 de julio de 2017

Concejales republicanos asesinados en San Fernando

81 años después del Golpe de Estado que instauró una dictadura en España, el investigador Miguel Ángel Moreno da a conocer en exclusiva los nombres de los representantes políticos de la última Corporación republicana de San Fernando asesinados entre el verano y el otoño de 1936.
Miguel Ángel López Moreno 
Publicado en La Voz del Sur el 18 julio 2017

De izquierda a derecha y de arriba a abajo Emilio Armengod Molina, Eladio Barbacil Romarín, Domingo José Bey, el alcalde, Cayetano Roldán Moreno, Manuel Barbacil Mejuto, Diego Noguera Ortega, Juan Valverde Colón y Agustín Rodríguez Nieto.
Diecisiete concejales de la última Corporación republicana de San Fernando fueron asesinados por los sublevados entre el verano y el otoño de 1936. Los dos primeros murieron el 10 de agosto. Eduardo Naranjo Gago y Carlos Urtubey Rebollo. Ambos, masones y miembros del Frente Popular. Eduardo era empleado del comercio local. Carlos, médico y jefe del Laboratorio Municipal. Dos víctimas directas, dos viudas y seis huérfanos. Ninguno quiso confesar ni recibir la eucaristía que les ofreció el sacerdote que presenció el crimen. Luego «fallecieron a consecuencia de heridas por armas de fuego» porque les aplicaron lo que los curas de la Iglesia Mayor y San Francisco llamaron Ley de Guerra, es decir, justificaron las muertes con la excusa de aplicar un bando militar que los sublevados habían impuesto por la fuerza bruta de las armas y con una intención diáfana: exterminar cualquier asomo de oposición a lo que llamaron Glorioso Movimiento Nacional. Eduardo y Carlos fueron asesinados a la salida del Penal del Puerto de Santa María y, posiblemente, enterrados sin miramientos en algún lugar que desconocemos. Los asesinos no se molestaron en inscribir sus defunciones en el Registro Civil, fueron sus viudas, años después, las que apelaron a la voluntad de los jueces.
Ochenta y seis días después asesinaban al último concejal de San Fernando, Juan Mantero Valero. Era el cuatro de noviembre de 1936. En ese lapso tiempo los represores mataron a diecisiete concejales que dejaron al menos once viudas y cuarenta y siete huérfanos…
En menos de tres meses, asesinaron a los concejales republicanos que dejaron al menos once viudas y 47 huérfanos.
Casi todos ellos, incluido el alcalde don Cayetano Roldán Moreno, fueron detenidos en los días siguientes a la sublevación militar del 18 de julio de 1936. No hay unanimidad documental en las fechas de las detenciones. Casado Montado [Trigo Tronzado. Crónicas silenciadas y comentarios. 1992/2016] explica que el alcalde Cayetano Roldán fue detenido el 19 de julio, cuando intentaba reunir a la corporación municipal en el ayuntamiento, pero fuentes familiares lo desmienten [Las emociones de la memoria. Francisco Javier Pérez Guirao, 2016]. Por su parte, Salvador Clavijo [La Ciudad de San Fernando. Historia y Espíritu. 1960] describe con aires épicos la gesta del teniente coronel golpista Ricardo Olivera Manzorro entrando armado en la sala capitular, con dos de sus conmilitones, para anular la legalidad republicana, cachear a los ediles allí reunidos y tomar el mando de la ciudad. Tales hechos debieron ocurrir en la tarde del mismo 18 de julio. A Rafael Serrano Butrón, concejal de Unión Republicana, lo detuvieron el día 20 en el propio ayuntamiento. Los relatos familiares de Manuel Belizón Castillo, republicano y primer teniente de alcalde, aseguran que nunca abandonó su deber y que fue detenido en el ayuntamiento, sin precisar el día. Eladio Barbacil Romarín, de Izquierda Republicana, estaba en Cádiz cuando se sublevaron en San Fernando. Se presentó directamente en el Ayuntamiento, el lugar que debía ocupar como autoridad directa, y allí lo detuvieron. No volvió a pisar su hogar. A otros, como Antonio Ferrer Acosta, concejal socialista, lo detuvieron en su casa, de madrugada. Su familia relata que el propio Ferrer ofreció una taza de café a los dos hombres uniformados —y armados con fusiles—, mientras él se vestía… su familia no volvió a verle. Víctor Conesa Salinas, concejal socialista, fue detenido el 21 de julio, el mismo día que Ricardo Olivera Manzorro, erigido en Comandante Militar de la Plaza, imponía como alcalde a Ricardo Isasi e Ivison, comandante de Intendencia. Lo hizo con la autoridad que le proporcionaba la fuerza bruta de las armas y, como excusa, utilizó el nombre de la República… pero poco duró entre los sublevados la justificación republicana. La realidad fue muy distinta: los militares y civiles alzados contra la legalidad normalizaron el crimen y justificaron la complicidad de sus simpatizantes para imponer un régimen de terror de inspiración fascista. Y lo hicieron con rapidez, para eliminar físicamente cualquier asomo de resistencia republicana.
Ese cuatro de noviembre, bajo el mismo pelotón, fueron asesinados un total de seis hombres. A todos ellos los sacaron del Penal de la Casería de Osio al amanecer, y fueron conducidos hasta el muro oeste del cementerio de San Fernando. Consta documentalmente que el sacerdote que presenciaba los asesinatos escuchó la confesión de Juan Mantero Valero, y que bautizó en el último minuto de su vida a otro de aquellos hombres llamado Progreso-José Cumplido Sánchez, dirigente del Sindicato Único de Trabajadores. Luego aplicaron a los seis el Bando de Guerra que dictaron los militares sublevados contra la República. Ese Bando de Guerra desarrollaba, hasta sus últimas consecuencias, la Base 5ª de las Instrucciones Reservadas del general Emilio Mola:
«Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas».
Y eso hicieron con los dieciséis concejales, aplicarles un castigo ejemplar. Una vez junto a la tapia del cementerio, rematados y comprobadas las muertes de todos, los represores solían atar una cuerda a los pies de cada uno de ellos y arrastraban los cuerpos hasta la fosa abierta en la zona civil del cementerio de San Fernando. Allí los sepultaban entre cal y zahorra. 
De los concejales que sobrevivieron a esta matanza, seis fueron sometidos a Juicios Sumarísimos o Procedimientos Sumarísimos de Urgencia (PSU) con distintas penas de cárcel. No hubo ninguna condena a muerte, entre otras cosas, porque la sociedad de San Fernando ya había sido convenientemente descabezada, sin juicios y sin contemplaciones. A Carlos Esteban Ares, ferroviario y concejal de Izquierda Republicana, lo expulsaron de su trabajo y le hicieron la vida imposible. José Consuegra Rodríguez, concejal de Izquierda Republicana y masón, se mimetizó en el ejército golpista donde pasó desapercibido hasta que detectaron su presencia y acabó condenado a doce años de prisión. Por su parte, José Quevedo Moreno, concejal radical independiente y primer alcalde republicano de San Fernando, fue detenido el 29 de julio de 1936, sometido a Procedimiento Sumarísimo de Urgencia, condenado a ocho años de cárcel e incautación de bienes. Posiblemente algún edil pudo escapar y desaparecer antes de caer en manos de los represores. Y, finalmente, los concejales que fueron afines a la sublevación, o los que no suponían un peligro para el éxito del alzamiento, no fueron molestados.
Una vez comprobadas las muertes de todos, los represores solían atar una cuerda a los pies de cada uno de ellos y arrastraban los cuerpos hasta la fosa abierta. Allí los sepultaban entre cal y zahorra. 
La guerra discurría lejos de San Fernando, pero ese cuatro de noviembre de 1936, los forjadores de una España grande y libre, ya habían asesinado en la ciudad, meticulosamente, con impunidad y amparados en la fuerza bruta de las armas, a ciento cincuenta y un ciudadanos, entre republicanos, sindicalistas, obreros significados, masones y militares. No serían los últimos, la matanza continuó hasta alcanzar una cifra que supera los doscientos asesinatos,  contabilizados hasta hoy. Tal sangría exterminó físicamente a los dirigentes que se podrían oponer intelectualmente a la barbarie del fascismo entrante. Ninguno murió en la Guerra Civil, en San Fernando no hubo guerra. En esta vieja Isla sólo hubo una cobarde represión.
¿Qué crímenes habían cometido estos hombres para merecer el asesinato; para tener un entierro furtivo, irrespetuoso y con nocturnidad? ¿Qué hicieron para que su memoria fuera pisoteada y olvidada durante décadas? La respuesta nos la da el propio régimen represor.
El dos de agosto de 1938, el alcalde de San Fernando recibe un telegrama del Delegado Provincial de Trabajo donde le ordena que le informe sobre la actuación de los sindicatos, las huelgas y actos de sabotaje, que tuvieron lugar en la ciudad, entre el 16 de febrero y el inicio del Glorioso Movimiento Nacional. Es decir, desde que se forma la corporación municipal del Frente Popular hasta la sublevación militar-fascista del 18 de julio de 1936. La respuesta sale seis días después:
«…En el tiempo comprendido entre el 16 de febrero de 1936  hasta la iniciación de nuestro Glorioso Movimiento Nacional, sólo existió en esta ciudad como Asociación Obrera el Sindicato Único de Trabajadores, afecto a la CNT, en donde se encontraban inscritos todos los obreros de los diversos ramos del trabajo. La actuación y desarrollo del mismo, iba encausada [sic] al planteamiento constante de huelgas, a los fines de destruir el capital y la industria. Constantemente organizaba mítines, en donde se inculcaba a los obreros la rebeldía contra los poderes constituidos y se amenazaba a las autoridades, acuciando a los obreros contra la misma [sic]. En 6 de mayo de 1936 plantearon una huelga general, por solidaridad con los obreros de la capital, que fue solucionada en 8 de igual mes…»
Continúa el alcalde explicando que «…no hubo en esta ciudad desgracia personal alguna». Y detalla los dos únicos actos de sabotaje ocurridos en ese periodo: un intento de quemar la Iglesia Mayor el nueve de marzo, descubierto y abortado a tiempo —con cuatro implicados procedentes de Cádiz y uno de San Fernando, todos ellos identificados—; y el apedreamiento de una hornacina el veintitrés del mismo mes por un grupo de jóvenes desconocidos en San Fernando.
Unos días más tarde, el 24 de agosto de 1938, el gobernador civil de la provincia envía otro telegrama al alcalde de San Fernando ordenándole remita «un estado comprensivo de las destrucciones llevadas a cabo por los marxistas…». Le responde el alcalde:
Número de casas y edificios públicos destruidos: NINGUNO.
Número de fábricas y comercios destruidos: NINGUNO.
Número de Bancos destruidos y sus pérdidas: NINGUNO.
Número y valor de museos y obras de arte destruidas: NINGUNO.
Iglesias, conventos y capillas destruidos: NINGUNO.
Calles, puentes, ferrocarriles, puertos, estaciones destruidas, número y daños materiales: NINGUNO.
Número de asesinatos cometidos en esta localidad: NINGUNO.
En este apartado, aprovecha el alcalde para explicar el atentado ocurrido el 12 de noviembre de 1933 en el Teatro de Comedias durante un mitin de José A. Primo de Rivera con el resultado de un muerto y tres heridos.
A comienzos del año 1937, la sociedad isleña estaba adocenada, descabezada… y, en consecuencia, las fosas comunes llenas de cadáveres anónimos.
Es decir, a la vista de estos informes del propio Régimen, si la represión desplegada en San Fernando fuera consecuencia de la agitación social, desmanes y crímenes cometidos en el tiempo del Frente Popular, entonces sería una represión absolutamente desproporcionada. Pero es evidente que esa no fue la causa. La violencia posterior al golpe militar obedece a un plan minucioso para descabezar cualquier oposición. La represión no se limitó al asesinato de los concejales del Frente Popular que, como representantes de la legalidad republicana, su sola presencia física denunciaba el crimen que cometían los sublevados. La represión en la forma extrema del asesinato, con la liturgia de fusilamientos judiciales, alcanzó —sin entrar a valorar lo ocurrido en el ámbito militar— a los dirigentes sindicales y a los obreros que se habían significado en el proceso de empoderamiento popular que ocurrió en los últimos meses de la Segunda República. Por otro lado, en forma menos definitiva, el proceso represivo expulsó de las administraciones a todos los trabajadores sospechosos de izquierdismo, hasta dejar una gestión municipal sumisa y adicta al nuevo Régimen. A comienzos del año 1937, la sociedad isleña estaba adocenada, descabezada… y, en consecuencia, las fosas comunes llenas de cadáveres anónimos.
Plaza del Ayuntamiento de San Fernando sin la estatua del general golpista Varela.
Han pasado ochenta y un años. Es tiempo de que todos, comenzando por la actual Corporación Municipal de San Fernando, recuperemos la memoria y la dignidad de los ciudadanos asesinados. Sería un buen comienzo, en la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación, declamar en voz alta, a la sombra de los represores que aún campean en las plazas de la ciudad, sus nombres. Explicar la identidad de cada uno de ellos y recuperar la memoria de los concejales asesinados por el fascismo. Las entidades memorialistas de San Fernando, AMEDE y ARMI, ayudaremos en todo lo que podamos.
Concejales de la última Corporación Republicana de San Fernando asesinados después del 18 de julio de 1936
1.- EMILIO ARMENGOD MOLINA. Concejal por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Unión Republicana y masón. Representante de compañía de seguros. De 37 años. Se retractó de la masonería, confesó y comulgó antes de morir. Le aplicaron la Ley de Guerra. Muere el 16-08-1936 en el camino de Puerto Real al Puerto de Santa María a consecuencia de heridas de armas de fuego. Enterrado en Puerto Real. «Murió a consecuencia del Glorioso Movimiento Nacional, por su oposición al mismo». Dejó viuda y cinco hijos. Inscrita la defunción en 1939 a instancia de la viuda.
2.- ELADIO BARBACIL ROMARÍN. Concejal por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Izquierda Republicana y masón. Electricista, de 45 años. Falleció en el Puerto de Santa María el día 27-10-1936, al amanecer, a consecuencia de heridas por armas de fuego. «…en los primeros días del G.M.N. fue detenido por orden del Excmo. Sr. Almirante Jefe de esta Base Naval e ingresado en la Prisión Central del Puerto de Santa María, siendo creencia general que fue pasado por las armas…». Dejó viuda y seis hijos. Inscrita la defunción en 1939 a instancia de la viuda.
3.- MANUEL BELIZÓN CASTILLO. Concejal electo en las municipales de 31 agosto 1931. Destituido por orden gubernativa tras los sucesos revolucionarios de Asturias en 1934. Repuesto en su cargo después de las elecciones generales de 16 febrero 1936. Primer teniente de alcalde en la última corporación republicana. Posiblemente detenido en el ayuntamiento de San Fernando el 18 de julio. Preso en el Penal del Puerto de Santa María. Su mujer le visitaba periódicamente hasta que en noviembre de 1936 le devolvieron una manta a modo de despedida.
4.- EDUARDO DÍAZ DELGADO. Concejal por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Socialista. Electricista de 33 años. No aceptó los sacramentos. Se le aplicó la Ley de Guerra. Pasado por las armas a la salida del Penal del Puerto de Santa María, en las primeras horas de la mañana del día 11-08-1936, por su oposición al triunfo del Glorioso Alzamiento Nacional. Enterrado en el Puerto de Santa María. Dejó viuda y tres hijos. Inscrita la defunción en 1939 a instancia de la viuda.
5.- ANTONIO FERRER ACOSTA. Concejal electo en las municipales de 31 agosto 1931. Destituido por orden gubernativa tras los sucesos revolucionarios de Asturias en 1934. Repuesto en su cargo después de las elecciones generales de 16 febrero 1936. Socialista. Detenido de madrugada, en su casa. Asesinado el 11-08-1936 por aplicación de la Ley de Guerra. No aceptó los sacramentos. Enterrado en el Puerto de Santa María.
6.- MARCIANO GONZÁLEZ MEDINA. Concejal electo en las municipales de 31 agosto 1931. Destituido por orden gubernativa tras los sucesos revolucionarios de Asturias en 1934. Repuesto en su cargo después de las elecciones generales de 16 febrero 1936. Republicano independiente y masón. De 34 años. Soltero. No recibió sacramentos. Le aplicaron la Ley de Guerra. Asesinado el 11-08-1936. Enterrado en el Puerto de Santa María. «Falleció al inicio de nuestro Glorioso Movimiento Nacional por ser sancionado por la Ley». La defunción no aparece inscrita en el Registro Civil de San Fernando.
7.- FRANCISCO HIERRO BENÍTEZ. Concejal electo en las municipales de 31 agosto 1931. Destituido por orden gubernativa tras los sucesos revolucionarios de Asturias en 1934. No perteneció a la última corporación republicana. Socialista. Su nombre, junto a sus compañeros de corporación asesinados en 1936, aparece marcado  con una cruz en las actas capitulares de los días 08-07-1931,  25-09-1931 y 20-03-1932.
8.- JOSÉ LUCAS VELÁZQUEZ. Concejal por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Maestro con escuela propia, de 28 años. Casado, dejó un hijo póstumo. Izquierda Republicana y masón. Confesó antes de morir. Le aplicaron la Ley de Guerra. Asesinado en la madrugada del 28-08-1936 «al parecer por armas de fuego». Enterrado en San Fernando. Inscrita su defunción en el registro civil de San Fernando en 1937, a instancias de su viuda. «…fue detenido el 10 de agosto de 1936, ingresado en el Hospital Militar de San Carlos de San Fernando en calidad de detenido…».
9.- JUAN MANTERO VALERO. Concejal del Frente Popular por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. De 44 años. Casado, con seis hijos. Confesó. Asesinado en la mañana del 04-11-1936 por disparos de armas militares, en aplicación de Ley de Guerra. Confesó antes de morir. Enterrado en San Fernando. Inscrita su defunción en el registro civil de la ciudad en 1938, a instancias de su viuda.
10.- JUAN MORENO CABEZAS. Concejal del Frente Popular por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Guardia civil retirado. Comunista. De 58 años. Casado, deja tres hijos. Se resistió antes de morir asesinado el 17-08-1936 en aplicación de Ley de Guerra, cerca del barrio Jarana. No recibió sacramentos. Enterrado en Puerto Real. Inscrita su defunción en el registro civil de San Fernando en 1949, a instancias de su viuda.
11.- EDUARDO NARANJO GAGO. Concejal electo en las municipales de 31 agosto 1931. Destituido por orden gubernativa tras los sucesos revolucionarios de Asturias en 1934. Repuesto en su cargo después de las elecciones generales de 16 febrero 1936. Socialista y masón. De 42 años. Casado, dejó seis hijos. No confesó. Asesinado el 10-08-1936 por aplicación de Ley de Guerra en el Puerto de Santa María. Inscrita su defunción en el registro civil de San Fernando en 1948, a instancias de su viuda.
12.- ANTONIO PÉREZ HEREDIA. Concejal del Frente Popular por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Comunista. Devolvió al sacerdote el escapulario de la Virgen del Carmen y confesó antes de morir, pero se negó a recibir la absolución. Se le aplicó la Ley de Guerra. Asesinado el 10-09-1936. Enterrado en San Fernando.
13.- LUIS RAMOS LAGUNA. Concejal del Frente Popular por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Unión Republicana. De 51 años. Casado, dejó siete hijos. Muerto «en el Puerto de Santa María el día 21-10-1936 a consecuencia de heridas por armas de fuego. Su cadáver recibió sepultura en el cementerio del Puerto de Santa María». Inscrita su defunción en el registro civil de San Fernando en 1940, a instancias de su viuda.
14.- CAYETANO ROLDÁN MORENO. Concejal electo en las municipales de 31 agosto 1931. Destituido por orden gubernativa tras los sucesos revolucionarios de Asturias en 1934. Repuesto en su cargo después de las elecciones generales de 16 febrero 1936. Alcalde de la ciudad desde 25 de febrero hasta el 18 de julio de 1936. Socialista. Médico, de 53 años. Casado, con ocho hijos (tres de ellos asesinados también). Asesinado en San Fernando el 29-10-1936, «en su madrugada, a consecuencia de heridas por armas de fuego» en aplicación de Ley de Guerra. Enterrado en San Fernando. Inscrita su defunción en el registro civil de San Fernando en 1937, a instancias de su viuda.
15.- MARCIAL RUIZ PÉREZ. Concejal del Frente Popular por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Unión Republicana y Socialista. De 24 años de edad. «…dicho individuo falleció a la iniciación de nuestro Glorioso Movimiento Nacional» en el Puerto de Santa María. «… siendo detenido a los pocos días con todos sus componentes [concejales], pasando al Penal de la Casería, luego al del Puerto de Santa María, donde al dirigirse a visitarle [su madre], le manifestaron que ya no se encontraba allí, haciéndole suponer había sido eliminado…».
16.- ESTEBAN SALAMERO BERNAL. Intervino en el izado de la bandera republicana el 14 de abril de 1931 en el Ayuntamiento de San Fernando. Concejal electo en las municipales de 31 agosto 1931. Renuncia por decisión propia en 1934. Concejal del Frente Popular por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Comunista. De 39 años de edad. Deja un hijo natural reconocido. No recibió sacramentos. Le aplicaron Ley de Guerra. Asesinado el 11-08-1936 en el Puerto de Santa María «con motivo del Movimiento Nacional». Inscrita su defunción en el registro civil de San Fernando en 1946, a instancias de la madre de su hija natural.
17.- CARLOS URTUBEY REBOLLO. Concejal del Frente Popular por designación gubernativa desde 28 febrero 1936. Médico, de Izquierda Republicana y masón. De 46 años. Casado, sin hijos. «…siendo de verdaderas ideas extremistas, por cuyo motivo fue detenido e ingresado en el penal del Puerto de Santa María, donde falleció pocos días después…». No recibió sacramentos. Le aplicaron Ley de Guerra. Asesinado el 10-08-1936 «a consecuencia de heridas por armas de fuego». Enterrado en la misma ciudad. Inscrita su defunción en el registro civil de San Fernando en 1939, a instancias de su viuda.

viernes, 14 de julio de 2017

Lala


Nunca estuve enamorado de Lala. Ella sabía que a mis doce años suspiraba por Silvia, y que a Silvia le gustaba César. A todas las niñas del barrio les gustaba el jodido César, menos a Lala, que me quería a mí. Bueno… no es correcto decir que me quisiera. A esas edades nos gustábamos unos a otras, nada más. Sentíamos una atracción que no sabíamos cómo gestionar. No sé… buscábamos estar cerca del otro, propiciar una mirada o un roce furtivo en mitad de cualquier juego. Recuerdo que era una delicia estar en la playa Benítez, junto de Silvia… y, a lo sumo —cuando uno era capaz de olvidar al cura y superar la sensación de cometer un pecado mortal—, imaginar cómo sería ese cuerpo sin bañador. No había más.


Sí… yo le gustaba a Lala. Los corre-ve-y-diles del barrio me lo dijeron una noche del verano que siguió a nuestro primer año de instituto, y desde entonces nos mirábamos de otra forma. Lala no era fea. Un poco mandona sí que era, la verdad, y tal vez por eso mi prevención. Cara redondita, una trenza rubia. Se reía con los ojos más que con la cara, y eso me gustaba mucho. No tenía hermanos mayores, que era un parámetro a tener en cuenta porque los hermanos mayores siempre andaban con la manía de proteger las honras familiares. Desde que nos enteramos de lo nuestro, Lala y yo hicimos lo posible para jugar en los mismos equipos. Las noches de verano en Ceuta, ese pequeño pueblo del norte de África, eran mágicas y largas… los juegos propiciaban algún contacto un poco más largo de lo normal y cuando eso ocurría el cielo estallaba; de vez en cuando, un empujón ocasional se transformaba en un abrazo instantáneo que te permitía descubrir el cuerpo del otro, cuando todo era nuevo y provocaba luces de colores como chispazos.

Ocurrió un atardecer. Un grupo se escondía en cualquier lugar del barrio y el otro grupo jugaba a buscarlo. Al atravesar la huerta de José nos separamos de la gente y acabamos debajo del algarrobo. No recuerdo bien, seguramente me estaría contando algún agravio del instituto… tal vez que fulanita le dijo tal cosa, pero entendió esto otro y entonces le contestó… Nos tocamos. Se hizo el silencio. Y mantuvimos el contacto mirando las hojas como si las hojas del algarrobo fueran lo único interesante del mundo. Dejó caer su frente en mi hombro. ¡El estupor de no comprender cómo era posible que el cuerpo de Lala provocara ese huracán de sensaciones! La ternura de su cabeza sobre mi hombro… Supongo que técnicamente aquel escarceo sexual debió ser un desastre, pero nunca jamás, jamás nunca, lo pude olvidar. Lo he mantenido vivo con la esperanza de retomar alguna vez aquella magia.

Después de ese día dejó de hablarme. Me ignoró el resto del tiempo que compartimos el barrio y la niñez. Siempre pensé que se avergonzó profundamente… luego la vida te lleva por derroteros que nunca imaginas. Y entonces la vida te atraviesa, te moldea o te zarandea…

A Lala la vida la zarandeó de mala manera. A lo largo de estos cuarenta años, de vez en cuando me llegaban retazos de su vida y el estómago me daba un vuelco. Me contaron que se lió con un médico famoso, un sinvergüenza que jugó con ella hasta dejarla tirada como un trapo y adicta a no sé cuáles pastillas. Me dijeron que luego se casó con un carnicero, y nadie sabía cómo era posible esa unión, que le hizo tres hijas, que la menospreció y maltrató hasta que la pobre Lala buscó su liberación a través de la ventana y dos pisos más abajo. Pero ni así se liberó de los zarandeos de la vida, sólo consiguió romperse un montón de huesos. El carnicero se fue con las tres niñas mientras se recuperaba en un hospital, y allá quedó sola. Pobre Lala… cuando nos volvimos a ver, cuarenta años después del algarrobo, y con los huesos soldados, vivía con un buen hombre. Se cuidaban y se hacían compañía sin esperar nada a cambio. A veces aparecen estos ángeles en la vida…

Había sido César el que propició el encuentro. Aquel odioso chaval, el que se llevaba de calle a todas las del barrio, con los años se había convertido en un tío adorable. Nos reencontramos unos treinta niños de aquel tiempo, los que nos bañábamos entonces en una playa del Estrecho de Gibraltar. Lala estaba entre ellos… la imaginada ajada y maltratada por la vida, pero encontré una mujer de cincuenta años, plena y plantada en el mundo. Nos miramos un rato desde cierta distancia.

—Te falta la trenza —le dije mientras la abrazaba—. Por lo demás estás mucho más guapa.

—No mientas, Milanito, que me veo todos los días.

Se separó, pero nos mantuvimos cogidos de la mano. Me examinaba con curiosidad.

—Te sienta bien esa barba —me dijo.
—Sí. Es lo que tienen las barbas, que tapan la cara…

Lala había aprendido a reír con la cara… sus ojos ya no reían. Me habló todo el día. Necesitaba oírse a sí misma. Me gustaba oírla. Los niños del barrio habían desaparecido en no sé qué momento de la tarde. El atardecer nos encontró cerca del tómbolo de Trafalgar. El faro parecía seguir vigilando la batalla. La luz dorada del ocaso sureño…

—Esto debe ser un pino, Lala. Los algarrobos tenían las hojas más redonditas, ¿recuerdas?

—El de la huerta de José. Sí, claro que recuerdo.

La duna había cubierto la carretera. Extrañamente no hacía viento. Las gaviotas graznaban como en las películas…

—¿Dónde lo dejamos, Lala?

¡El estupor de no comprender cómo era posible que el cuerpo de Lala provocara ese huracán de sensaciones! La ternura de su cabeza sobre mi hombro…


—Yo te cuento… — me dijo.

lunes, 3 de julio de 2017

La globalización de la indecencia

Malos tiempos corren. El imperio está en manos de un demente y todos le ríen las gracias con cara de bobalicones. Doce planetas harían falta para que todos los habitantes de la Tierra alcanzaran el nivel de vida de los americanos ricos, los del norte, digo, que la otra América no cuenta, sólo es el patio trasero de los señoritos. Pero eso, globalizar el selecto bienestar americano, no va a ocurrir por muchas razones. La primera de ellas es que no tenemos doce planetas para depredar. Sólo tenemos uno, muy mal parado, por cierto, y con un clima que se nos hace inhóspito. Pero la razón inicial es que para que los ciudadanos de esa Gran Nación sigan despilfarrando los recursos del planeta es indispensable mantener en la miseria a amplísimas zonas del mundo. Detrás de cada hombre rico hay cien mil miserables que mantienen los privilegios del primero. ¿Alguien piensa a estas alturas de la película que las cosas son de otro modo? Pero el capitalismo no ha fracasado por llegar a esta situación injusta, el capitalismo ES ESTO.

No nos engañemos, ya no existen las naciones como las entendíamos, ahora gobiernan poderes financieros que no reconocen naciones, patrias o tribus. Son intereses entrelazados en inmensas redes planetarias que se difunden a través de democracias formales, dictaduras o tiranías, les da exactamente igual la estética que tomen los gobiernos. Y son estas franquicias políticas las que diseñan y ejecutan las políticas que perpetúan los privilegios de los que ya son inmensamente ricos (supresión de regulaciones, reducción del gasto social, privatización de lo público, reducción de salarios y derechos laborales…). Y salen reforzados de cada crisis, una y otra vez, porque nos han extirpado la capacidad crítica que podría sublevar a la gente contra ellos. Han monopolizado el pensamiento económico, laboral, social y político hasta hacernos creer que no existe alternativa a sus propuestas neoliberales… y cuando aparece un atisbo de rebelión contra ese pensamiento único, lo cubren de desprestigio y ridículo hasta su extinción. Pueden hacerlo y lo hacen con facilidad. Disponen de todos los recursos de difusión, persuasión y disuasión para imponer el mensaje único. Ya no es preciso matar a Salvador Allende, ahora hacen que nos riamos de Nicolás Maduro hasta convertirlo en una pantomima de sí mismo. 
Les importa un bledo qué pueda pasar con las personas. Cuando el nuevo Duce, pobre caricatura de sí mismo, dice "América, First" (la del norte, insisto) está diciendo una gilipollez. Porque lo primero no es América, lo primero es el beneficio privado de las corporaciones financieras, las que se benefician de las guerras que diseña el Imperio —con su venia, por supuesto—, vendiendo armas a unos y otros; las que se enriquecen con las hambrunas provocadas por carestías forzadas de alimentos básicos; no les importa que las sequías maten o que la miseria humana se cronifique en el planeta. El único leitmotiv de estos criminales es conseguir el máximo beneficio privado. La libertad de los mercados, como dinámica de relaciones mundiales, mata a la gente y es incompatible con la libertad real de las personas. Tal cosa nos lleva a un darwinismo social que extingue los derechos humanos y nos hace competir, entre nosotros mismos, por un trabajo humillante que reporta un salario miserable. Y este sistema de creencias es el valor fundamental que han globalizado…
…podríamos haber globalizado los Derechos Humanos. Sí, pero lamentablemente, tal cosa no proporciona suficientes beneficios. Y esta gente no entiende otra cosa. 
¿Para cuándo otra revolución… aunque sea de valores?

jueves, 29 de junio de 2017

Historias de fascistas: Se rumorea que el médico es invertido

Informaba el inspector jefe que el médico en cuestión era persona apolítica, que no estuvo afiliado a ningún partido de izquierdas, ni a sectas masónicas. Y remataba el informe admitiendo que «…es elemento de orden y encuadrado en nuestro Glorioso Movimiento Nacional». No se podía tener mejores antecedentes en 1940. Sus jefes podían confiar en la lealtad del médico a ese Nuevo Régimen español que nos dirigía por el Imperio hacia Dios. Sin embargo, para determinar la conducta y moralidad del médico, los policías preguntaron a personas de verdadera garantía que vivían en la ciudad de San Fernando, y dijeron que «…su moralidad es dudosa, ya que a titulo de rumor, se dice es invertido, pudiéndose observar en su modo de hablar las condiciones de afeminado y vérsele viajar y salir de un lado para otro con elemento joven, lo que hace sospechar más la veracidad de las versiones, sin que, desde luego, puedan concretar ningún hecho por el que se le confirme lo expuesto».



No hacía falta que encontrara este documento. Tampoco es que me lo hayan contado, es que servidor estaba allí —me tocó vivir ese tiempo de posguerra tardía— y lo veía y lo oía casi todos los días en las tertulias de mis mayores y en los púlpitos (¡como ahora!). En mi niñez y adolescencia, los maricones —que así se podía y se debía decir— eran pecadores; seres sucios y huidizos; habitantes de retretes públicos que se movían entre las sombras, pura escoria. Eran carne de calabozo donde, esa caterva de valientes con uniforme y gorra de plato, podía hacer con ellos lo que quisieran… a no ser que fueran hijos de prohombres afectos al régimen. En ese caso, su asunto era tratado como desviaciones que había que sobrellevar con discreción. Aquella sociedad, la de mi niñez y adolescencia, era una sociedad despreciable porque despreciables eran sus fundamentos políticos y sociológicos… un régimen fascista que, amparado y justificado por un catolicismo castrante, diseñó una estructura social para abortar el mínimo asomo de pensamiento libre.

Hemos hecho un enorme esfuerzo de racionalidad para escapar de ese corsé emocional. Y lo hemos hecho en muy poco tiempo. Nadie nos ha marcado la pauta, pero lo hemos logrado. Seguramente ha sido una marea generacional y cada uno de nosotros ha aportado una ínfima gota de agua… Mi generación tiene sus raíces en una sociedad medieval, paternalista, llena de sotanas, de confesiones y rosarios de la aurora, pero hemos conseguido llegar a entender muchísimas cosas ajenas a ese mundo, entre ellas, aunque parezca un asunto menor, la necesidad de celebrar un Día del Orgullo Gay…

…es verdad que a muchos de mis compañeros de generación aún les repele la estética de todo esto, pero ya no tienen argumentos —ni siquiera mi vecino Antonio— para negar el derecho irrevocable de cualquier ser humano para amar a otro ser humano.

sábado, 24 de junio de 2017

Historias de fascistas: Para eso se ganan las guerras, ¡coño!

Para mandar y ser obedecidos. Para eso se ganan las guerras, ¡coño!

El 20 de noviembre de 1939 hacía tres años que las hordas marxistas habían fusilado en Alicante al mártir más ilustre de la Revolución Nacional Sindicalista que adocenada España. Ese día del año 1939, el gobernador civil de Cádiz hizo llegar a todos los cines, teatros y salas de fiesta de la provincia, un oficio recordando que quedaban «suspendidos en absoluto toda clase de espectáculos públicos en el día de hoy, declarado de luto nacional con motivo del tercer aniversario de la muerte del glorioso fundador de la Falange JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA…». No sólo eso, para que quedara constancia de la orden, el gobernador hizo firmar una copia de tal oficio a cada empresario del gremio.

Tres días más tarde, el 23 de noviembre paseaba por la calle Real de San Fernando la señorita María Garzón García. En la fachada de la Iglesia Mayor, bajo la lápida que recordaba a JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA, siempre presente, aún velaba una guardia de honor formada por falangistas, firmes los ademanes, para mayor gloria del Caído. ¡Y María, inconsciente ella, no saludó, brazo en alto, al pasar!

¡Vaya, vaya con la señoritinga!

Fuente: AMSF Caja 1138 / 5-enero-1940

No sabemos si María conocía estas cosas. Posiblemente sí. La Guerra había terminado hacía siete meses y la propaganda del régimen fascista era extenuante. Rara era la familia de San Fernando que no tuviese un represaliado en sus cercanías y el miedo inyectado en las venas. Era un miedo paralizante… o desafiante, según parece en este caso. Relataba el gobernador civil de la provincia, en su oficio dirigido al alcalde de San Fernando, que María, «…al pasar ante la lápida conmemorativa de José Antonio Primo de Rivera, no hizo el saludo nacional [se refería el hombre al saludo fascista] y al ser requerida cortesmente para que lo efectuase, se negó a ello a pesar de que le fue explicado el simbolismo de dicha Guardia de Honor, cortando la conversación con la frase: “Déjeme Vd. de tonterías”, dirigida al Camarada Jefe de la citada Guardia».

No sé ustedes, pero servidor imagina —perversamente influenciado por películas americanas producidas con capital judío— la cortesía del Camarada Jefe de la citada guardia ante tal insolencia. Para mí que María conocía perfectamente el simbolismo de tal saludo, y por eso la cosa de no saludar. Valiente decisión la de María… o inconsciente, porque se arriesgaba a un buen rapado y un vasito de aceite de ricino para limpiar sus tripas rojas.

Seguía el escrito del señor gobernador diciendo que este hecho no podía quedar sin la sanción adecuada. Digo yo que el hombre debió pensar que un régimen de autoridad como el que estaban montando, dirigido por personas de orden, como él mismo, no podía consentir semejante afrenta al honor del Primer Camarada. Por eso finalmente impuso a la señorita María Garzón una redonda multa de cien pesetas que debía satisfacer en metálico en el plazo de ocho días…

…las pagó. Por supuesto que las pagó. ¡La gente de orden, como aquel gobernador, era feliz con esas cosas!

 Hoy, los herederos ideológicos de aquella jauría humana —asesinos fascistas que en el año 1936 diseñaron concienzudamente el exterminio de miles de españoles, y castraron políticamente a dos generaciones más—, siguen vivos y campando a sus anchas por las calles de nuestras ciudades.

El fascismo tendría derecho a estar, y a expresarse en una sociedad democrática, si su mensaje aceptara otras maneras de concebir la convivencia política. Pero su pretensión inapelable de imponer su sentido particular de la autoridad, de la disciplina y de la violencia, lo excluye de cualquier entendimiento político.

El mensaje fascista —lo ha demostrado históricamente— es capaz de licuar la convivencia de las sociedades en las que parasita. Esta jauría humana no puede, ni sabe, convivir democráticamente con otras opciones porque, por definición, no entiende ni acepta otra voluntad política. De un modo gráfico: no es buena idea dejar que la zorra opine sobre el futuro del gallinero. Hay cosas que los pueblos —y me refiero a los pueblos que deciden convivir democráticamente— no pueden permitir, y el fascismo es una de ellas, porque su sola presencia es capaz de demoler pilares básicos de nuestras sociedades como son el respeto a la diversidad, la aceptación de lo plural y el derecho de cualquiera a ser diferente. Frente a estos valores de tolerancia impondrían el inviolable amor a una patria diseñada ad hoc, obligarían a la unicidad de pensamiento y a la uniformidad ética y estética, como hicieron en España hace 80 años. Por múltiples motivos, es imprescindible identificar, aislar y extinguir los fascismos —extinguirlos a base de libros, digo—. Es una cuestión de supervivencia para las democracias.

Se instala bastante bien el fascismo actual entre las masas bovinas, como siempre ha hecho. Lo hace apelando a falsos agravios que cometen los extraños contra los buenos españoles, y siembran una semilla de odio contra los otros, contra el no nacido en esa España, Grande y Única en la que sólo cabrían ellos. Es un mensaje sencillito el de estos fascistas (a algo más complejo no llegan): los españoles, primero…

…como si nacer en una patria u otra proporcionara a los seres humanos más o menos derechos. 

sábado, 17 de junio de 2017

…en el intento de alcanzar algo parecido a la utopía


«Si las leyes de derechos humanos dificultan la lucha contra el terrorismo, cambiaremos las leyes», ha dicho la premier británica Theresa May. Tiene su lógica. Supongo que lo dice en un intento de conectar con los que quieren (y es lo queremos todos) defenderse eficazmente del terrorismo islamista. Del islamista, digo, que aquí en occidente no se habla del terrorismo propio, del que generan los poderes financieros sobre el resto del planeta… está hablando May del terrorismo yihadista que emana del Estado Islámico que, a su vez, es una derivada del dominio que los occidentales hemos ejercido sobre las actuales naciones islámicas. De ese terrorismo habla, no de otro.

Fuente de la imagen

Con mensajes como el de Theresa May acabará pasando lo que pasó en Estados Unidos después del ataque japonés de Pearl Harbour, que metieron en campos de concentración a todos los americanos de origen japonés. Lo mismo pasó en el Cádiz de 1808, que la colonia comercial francesa, que había convivido con nosotros durante lustros, se convirtió de la noche a la mañana en enemiga, y los encerraron en los pontones anclados en mitad de la Bahía. Y a poco que prosperen en Europa los movimientos fascistas —que ya estamos en ello—, y a poco que ayuden los yihadistas creando terror —que también están en ello—, acabaremos expulsando a los europeos de origen islámico al otro lado del mar. Es lo que nos pide el cerebro de reptil que conservamos todos, que, por cierto, encaja la mar de bien con la idea fascista de las cosas.

Posiblemente yo haría lo mismo… porque, lo reconozco, tengo bastante de reptil. Pero frente a esa pulsión visceral y atávica deberíamos anteponer los siglos de civilización que nos han modelado. Somos la consecuencia histórica de un siglo XVIII, plagado de luces y racionalismo. Y somos la derivada de revoluciones que nos convencieron de la igualdad entre los hombres, sin distinción de cuna o cultura. Ya sé que esto es una entelequia, pero al menos somos capaces de imaginarla y percibirla; y caminamos por la historia, tropezando una y otra vez, en el intento de alcanzar algo parecido a esa utopía…

…a los yihadistas les falta este hervor. Ellos, y sus luceros de mezquita, siguen atascados en lo oscuro del Medievo, embrutecidos por una creencia que les exonera de la responsabilidad de sus actos. Y sin responsabilidad, como carácter inherente de sujeto libre, construyen ejércitos de irresponsables —dispersos y encriptados en nuestra sociedad— para ganar un cielo lleno de huríes. No hay mayor fracaso para el ser viviente que entregar su pulsión de vivir. Fácil, porque, además, somos un enemigo odioso que nos merecemos su odio, por prepotentes, por el expolio que hemos hecho de sus recursos y por el menosprecio histórico que le hemos dedicado. Y así cierran el círculo para justificar su guerra santa, su sacrificio y su eterno premio.

No es fácil sobreponerse al cerebro de reptil. Después de ver imágenes de un terrorista apuñalando a un hombre normal en el Puente de Londres, a servidor le pide el cuerpo que esos especímenes sean considerados sub-humanos… Porque si los cosificamos será extremadamente sencillo despojarle de derechos humanos y, en consecuencia, las masas sin conciencia ya nos encargaremos de lincharlos físicamente, sean realmente yihadistas o simplemente lleven la barba al uso. Las masas no somos receptivas al pequeño detalle de la culpabilidad, lo que queremos es venganza y nos da igual que la víctima sea culpable o no. No hay descenso a la barbarie más clara que esa… y Theresa May apunta a ese camino cuando dice lo que dice. Los patriotas filo-fascistas siempre plantean la misma ecuación:

La seguridad es inversamente proporcional a la libertad individual.

Y  nos tienen convencidos de que es inevitable… pero, no sé por qué, no me fío de estos buitres que gobiernan el planeta.

Yo no sé cuál es la solución para ganar esta guerra contra combatientes oligofrénicos, pero mermar los DDHH como dice May o como vienen haciendo los buenos patriotas americanos en Abu Graib, en Guantámano, o en numerosas cárceles secretas de la CIA repartidas por el mundo, es un retroceso catastrófico para la humanidad.

No sé… ¿y si reconociéramos que occidente también provoca terror y que esa ha sido su política histórica? Exterminar pueblos y culturas para saquear y enriquecerse con sus recursos, y provocar su pobreza crónica. ¿Y si intentáramos intervenir en un sistema financiero terrorista que provoca muertes a escala planetaria cuando especula, por ejemplo, con el precio de las cosechas futuras?


¿Y si intentáramos comprender por qué nos odian tanto?