lunes, 6 de agosto de 2018

Los crímenes del Frente Popular en San Fernando



Imagen tomada de http://historiasreales.net


Finalizada la guerra civil española, las autoridades victoriosas inician una recopilación minuciosa de los «hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la dominación roja». Pero no sólo investigaron las acciones delictivas —que las hubo, muchas y gravísimas, y las castigaron con creces—, sino que investigaron las actuaciones acometidas por las autoridades republicanas de izquierda, en el ejercicio de sus funciones, desde la instauración de la II República, en abril de 1931, hasta el comienzo del Glorioso Movimiento Nacional, el 18 de julio de 1936. Esta aberración jurídica criminalizaba a posteriori lo que en su momento eran actos administrativos conformes a la ley. Sin embargo, este enorme proceso, que se conoce como Causa General, no se inicia con el Decreto de 26 de abril de 1940 del Ministerio de Justicia, existieron procesos provinciales iniciados en Zonas Liberadas durante el transcurso de la guerra... es el caso de San Fernando y la provincia de Cádiz.

La búsqueda de responsabilidades, con las que justificar los asesinatos que ya se habían cometido en la ciudad, se inicia en el verano de 1938. En ese momento los vecinos de San Fernando asesinados por militares sublevados y por fascistas se acercaban a los doscientos. Ese dos de agosto de 1938 el alcalde de San Fernando, Antonio Rodríguez, recibe un telegrama-circular del Delegado Provincial de Trabajo en el que le ordena lo siguiente:

«PARA CUMPLIMENTAR SERVICIO URGENTE ENCOMENDADO POR LA SUPERIORIDAD RUEGO VS ENVÍE BREVEDAD POSIBLE DOCUMENTO EXPRESIVO CUAL FUESE ACTUACIÓN Y DESARROLLO DISTINTOS SINDICATOS ESA CIUDAD. HUELGAS O ACTOS DE SABOTAGE [sic] TUVIERAN LUGAR. REPARTOS Y ASENTAMIENTOS OBREROS AGRÍCOLAS Y HUELGAS DE INQUILINOS FINCAS URBANAS PLANTEADAS PERIODO COMPRENDIDO DESDE 16 FEBRERO 936 A INICIACIÓN GLORIOSO MOVIMIENTO NACIONAL. SALÚDOLE. ARRIBA ESPAÑA»

Es decir, quería saber qué había pasado en la ciudad durante el gobierno municipal del Frente Popular. La respuesta sale seis días después.

«En el tiempo comprendido entre el 16 de febrero de 1936  hasta la iniciación de nuestro Glorioso Movimiento Nacional, sólo existió en esta ciudad como Asociación Obrera el Sindicato Único de Trabajadores, afecto a la CNT, en donde se encontraban inscritos todos los obreros de los diversos ramos del trabajo. La actuación y desarrollo del mismo, iba encausada [sic] al planteamiento constante de huelgas, a los fines de destruir el capital y la industria. Constantemente organizaba mítines, en donde se inculcaba a los obreros la rebeldía contra los poderes constituidos y se amenazaba a las autoridades, acuciando a los obreros contra la misma [sic]. En 6 de mayo de 1936 plantearon una huelga general, por solidaridad con los obreros de la capital, que fue solucionada en 8 de igual mes...»

Continúa el alcalde de San Fernando concretando que «...no hubo en esta ciudad desgracia personal alguna». Y explica los dos únicos actos de sabotaje ocurridos durante el gobierno del Frente Popular:

«...solo puede detallarse el intento de incendio de la Iglesia Mayor Parroquial, hecho ocurrido en 9 de marzo de 1936, así como en 23 de igual mes y año, varios jóvenes que vendían el periódico “Mundo Obrero”, apedrearon y destruyeron una imagen que había colocada en hornacina existente en la Avenida General Varela, esquina a la Santísima Trinidad...»

No explicó el señor alcalde a la superioridad, que los que intentaron quemar la Iglesia Mayor fueron detenidos por las autoridades del Frente Popular ese mismo día. Que, por orden del juez de instrucción Marcelino Rancaño, fueron encarcelados en la prisión de San Fernando. Que fueron encausados en el sumario 32/1936 por incendio y en el 164/1936 por sedición. Que se llamaban José Mateo Callealta, Fernando Oliva Iglesias, José Fraga Cruz, Pedro Montero Cabezas, José Gavilán Mendoza y Diego Marín Fernández. Los primeros, de Cádiz. El último, de San Fernando. Tampoco explicó el señor alcalde que, por orden del juez de instrucción, todos ellos acabaron encarcelados en el Penal del Puerto de Santa María el 21 de marzo de 1936… y que allí, en tan peligroso lugar, les alcanzó el Glorioso Movimiento Nacional. Luego, cuando ya no mandaban las hordas marxistas del Frente Popular, sino las nuevas autoridades emanadas de la fuerza bruta de las armas, a Diego Marín lo sacaron del penal el 23 de agosto y lo fusilaron. Su viuda fue la que logró que inscribieran su muerte en 1944. Del resto de los incendiarios, por el momento, no sabemos nada. Pero duda servidor que unos rojos que intentaron quemar la Iglesia Mayor sobrevivieran al Penal del Puerto de Santa María en manos de las nuevas autoridades. Tampoco sabemos nada de los jóvenes que apedrearon la imagen de la hornacina. El informe de la guardia municipal dice que los sujetos huyeron a Cádiz y ahí perdemos la pista…

Unos días más tarde, el 24 de agosto de 1938, siguiendo con la recopilación de datos iniciada, el gobernador civil de la provincia, Daniel Araujo, le dice al alcalde:

«Para dar cumplimiento a órdenes recibidas de la Superioridad ordenará preparar y remitirá en el más breve plazo posible un estado comprensivo de los extremos que siguen en relación con la actuación marxista en España…».

Se está refiriendo a la actuación del Frente Popular, febrero-julio de 1936. Y, siguiendo el formulario que le propone el gobernador, el alcalde de San Fernando responde lo siguiente:

Número de casas y edificios públicos destruidos: NINGUNO.
Número de fábricas y comercios destruidos: NINGUNO.
Número de Bancos destruidos y sus pérdidas: NINGUNO.
Número y valor de museos y obras de arte destruidas: NINGUNO.
Iglesias, conventos y capillas destruidos: NINGUNO.
Calles, puentes, ferrocarriles, puertos, estaciones destruidas, número y daños materiales: NINGUNO.
Número de asesinatos cometidos en esta localidad: NINGUNO.

En este último apartado, se ve que para introducir algún hecho destacable —aunque ocurrido tres años antes de la llegada del Frente Popular—, aprovecha el alcalde para explicar el atentado perpetrado en el Teatro de las Cortes el 12 de noviembre de 1933. Ese día, durante la celebración de un mitin organizado por Acción Ciudadana de San Fernando, en el que intervendrían José María Pemán, Ramón de Carranza, José A. Primo de Rivera y otros, unos pistoleros dispararon desde uno de los palcos provocando un muerto y tres heridos. Pero no fue un crimen impune. En agosto de 1938, cuando se emite este informe, los cuatro implicados habían sido detenidos y pagado sus culpas.

Es decir, cuando las autoridades franquistas inician la búsqueda de información, tanto los responsables del atentado del Teatro de las Cortes en 1933 como los que intentaron incendiar la Iglesia Mayor en 1936, estaban encarcelados, muertos o desaparecidosEntonces... ¿De qué eran culpables los casi doscientos vecinos de San Fernando asesinados por los franquistas para merecer la muerte? ¿Qué actos habían cometido?

Habían hecho una huelga de dos días en solidaridad con los trabajadores de Cádiz y habían celebrado múltiples reuniones en las que «...se inculcaba a los obreros la rebeldía contra los poderes constituidos...». Es lo que había dado de sí el periodo de dominación marxista en la ciudad.

No. La represión desplegada en San Fernando no fue consecuencia de insoportables agitaciones sociales, desmanes o crímenes cometidos en ese periodo, porque, según las propias autoridades franquistas, no los hubo en la ciudad. La violencia posterior al golpe de estado (asesinatos, desapariciones forzadas, depuraciones de funcionarios, maestros y guardias; encarcelamientos arbitrarios, etc.), obedeció a una meditada planificación —en la que intervinieron la cúpula militar del Departamento Marítimo de Cádiz y la Falange de San Fernando— que consiguió descabezar cualquier intento de oposición. Es lo que indicaban las directrices del urdidor del golpe, el general Emilio Mola Vidal:

«Hay que sembrar el terror... hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros».

«Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas».

Pero la represión en esta ciudad no se limitó al asesinato (el general Mola lo llamaba castigo ejemplar) del alcalde y concejales del Frente Popular que, como representantes de la legalidad republicana, su sola presencia física denunciaba el crimen que cometían los sublevados. El asesinato, con la liturgia de fusilamientos judiciales, alcanzó —sin entrar a valorar lo ocurrido en el ámbito militar— a los dirigentes de partidos políticos de izquierda, masones, sindicalistas y a los obreros que se habían significado en el proceso de empoderamiento popular que ocurrió en los últimos meses de la Segunda República. Por otro lado, el proceso represivo expulsó de las administraciones a todos los trabajadores sospechosos de haber colaborado abiertamente con las políticas emanadas de la República. El gobernador civil de Cádiz se lo recordaba al alcalde de San Fernando en agosto de 1936:

«...en virtud de las atribuciones delegadas por el Excmo. Sr. General Comandante Militar de la Plaza [general López Pinto], que en cada ayuntamiento se verifique una escrupulosa depuración del personal de todas las clases y categorías dependientes de ellos para que fulminantemente queden separados definitivamente de sus cargos todos aquellos que hubiesen tenido relación con el llamado Frente Popular y se dedicaron a actuar políticamente contribuyendo con ello a la ruina que para la Patria ha significado el mencionado Frente Popular».

Y lo hicieron magistralmente. Lo hicieron hasta dejar una gestión municipal sumisa y adicta al nuevo Régimen. A comienzos del año 1937, los militares y falangistas que mandaban en San Fernando habían conseguido una ciudad descabezada de todo liderazgo político y sindical, una sociedad sumisa, un pueblo aterrorizado...

...y, en consecuencia, dejaron las fosas comunes de la ciudad repletas de cadáveres anónimos. Habían triunfado.

sábado, 28 de julio de 2018

Invasores de patrias




El miedo es la mejor herramienta para controlar a los pueblos. El que gestiona el miedo de la gente tiene el poder. Y cuando no existe miedo, se inventa. O se coge cualquier temor social, por ridículo que sea, y se incrementa convenientemente hasta llevarlo a la categoría de terror. Una vez creado el miedo, para vencerlo y recuperar la seguridad, la gente, convenientemente dirigida, aceptará y hará cualquier cosa… Porque los seres humanos somos esencialmente gregarios y necesitamos atávicamente seguir al líder de la manada o, en estos momentos históricos, necesitamos sumarnos a una ideología sin complejos, que prometa la seguridad para la manada-grupo-nación. Y si para eso es necesario exterminar al extraño, se extermina de forma literal o virtual. No hay ningún problema, simplemente inventamos una ideología que silencie lo que nos dicte la razón y justifique lo que nos pide el hígado. ¡Fácil! Luego votamos masivamente a esta ideología salvadora y, listo, tenemos la tranquilidad de conciencia para cerrar fronteras y exterminar grupos sociales. No cambiamos los seres humanos. Siempre hacemos lo mismo. Es la ley del clan, la fuerza de la manada… es regresar democráticamente al paleolítico. Es el fascismo visceral que triunfa sobre la reflexión. Y no tenemos arreglo… ahí están los nuevos cuñaos para seguir el proceso.

Estamos en julio de 2018 y mis paisanos de Ceuta tienen miedo de los 602 hombres negros que han saltado las vallas rematadas con concertinas. Han herido a veintidós guardias civiles. Y tienen razón mis paisanos, temen por sus hijos; la inseguridad en las calles, la precariedad que supone para la ciudad una masa de hombres que no conocen nuestros parámetros de convivencia. Tienen terror a lo que eso significa: que sólo es el comienzo de una avalancha incontenible. Porque si han sido seiscientos los subsaharianos que han saltado las alambradas, eran 60.000 los que salieron de Mali, Costa de Marfil, Congo, Sierra Leona, etc. Hace treinta años ya sabíamos que a principios del siglo XXI llegarían al norte de África 50 millones de seres humanos sin agua, sin comida, sin ropa, sin sanidad, sin techo, sin los mínimos recursos vitales. Consecuencias de las guerras de explotación, de las sequias y de las hambrunas. Cincuenta millones de hombres y mujeres sin esperanza de que sus países puedan ofrecerles vida. No una vida digna, simplemente vida. Todos ellos, además, tienen la certeza de que engendrarán hijos únicamente para nutrir esa inmensa humanidad sobrante y sufriente. Procrear para generar más miseria y más seres condenados. La otra certeza que tienen es un dilema: o mueren de miseria en África o emprenden un viaje al Norte superando torturas de las policías de los países que atraviesan, violaciones a las mujeres y jóvenes, chantajes de las mafias de cada lugar, mercados de esclavos en Libia, Mauritania y el Chad. Solo los más resistentes y suertudos podrán atravesar el Mediterráneo o saltar las vallas de Ceuta y Melilla en un intento de alcanzar lo que para ellos es el paraíso. Y el paraíso es un país donde, en lugar de torturas, palos y violaciones, reciben agua, comida, ropa, un lugar para descansar… y a veces, una mirada directamente a los ojos. Mi amiga Rocío lo hace. Los mira y con esa mirada les dice: te reconozco como ser humano. Y eso tan simple es el paraíso.

Dos de los 602 invasores de Ceuta en julio de 2018


La selección darwiniana siempre deja frente a Europa a los más sanos, a los más fuertes y a los mejor adaptados… los débiles, los menos jóvenes y la inmensa mayoría de mujeres habrán caído en el camino a consecuencia de muertes horribles. Cincuenta millones de seres humanos esperando en el norte de África. Lo sabíamos hace treinta años. Yo lo recuerdo. Y si alguien, desde la comodidad de su casa europea, criminaliza a esta gente por intentar llegar a occidente tiene mi desaprecio —porque estos hombres y mujeres de color son personas que lo único que han hecho es nacer en un lugar inhóspito y sobrevivir a un viaje infernal—.

Seiscientos dos son los que han logrado invadir Ceuta después de sobrevivir a la travesía de África. Y han entrado por la fuerza bruta de su fragilidad, usando sus propios excrementos como armas arrojadizas y sus propios cuerpos como escudos. Y también han usado como armas lo que les ofrece el bosque de Beliunech, en Marruecos, frente a las alambradas de Ceuta. El mundo civilizado está lleno de criminales que pagan a Marruecos, Argelia, Túnez y Libia para que hagan lo que sea menester para detener la avalancha migratoria. Sí, el mundo está lleno de criminales, pero no son precisamente los que saltan las alambradas de Ceuta lanzando a la guardia civil su propia mierda y cal viva.

No creo que nada pueda contener estos flujos migratorios masivos —el imperio romano no pudo—. Yo no sé cómo se podrían integrar estos hombres y mujeres en la dinámica de los pueblos receptores. No lo sé… Lo que me aterra en primer lugar es la deriva del pensamiento que se percibe en la gente. Me da la sensación de que muchos o pocos de mis paisanos ceutíes (por lo menos los que comentan activamente en las redes sociales) verían con buenos ojos que levantaran un muro terrestre como el de los sionistas en Gaza o como el que quiere levantar Trump en la frontera de México. Y me temo que no sólo eso, creo que muchos verían con buenos ojos que instalaran cañones de gas mostaza (o tal vez ametralladoras) que barrieran las cercanías. Por mar ya lo hicieron en la playa del Tarajal, que en tiempos del Partido Popular, lanzaron gases lacrimógenos y pelotas goma a un grupo de inmigrantes que nadaban hacia Ceuta… murieron tres, por cierto.

No sé, últimamente veo a mucho español que todo lo soluciona mandando a la legión por delante… a Catalunya o a la frontera con Marruecos. Y, la verdad, yo prefiero que los legionarios sigan con sus numeritos circenses paseando tarugos de madera a verlos otra vez convertidos en novios de la muerte.


jueves, 19 de julio de 2018

Somos peores que los insectos que matan a la surfinia




Los insectos han atacado en masa a la surfinia. La han dejado sin flores y sin vitalidad. Ayer tenía encima miles de pequeños libadores de savia y después de una buena rociada de insecticida han muerto. Yacen ahora en la mesa los miles de cadáveres como motitas de polvo… Pero fue tarde. Tal vez muera la surfinia. Por más agua que le regalo, sigue mustia. Es lo que pasa con las cosas vivas, que mueren tarde o temprano. Por una causa o por otra.

Pero eso es lo que hacen los insectos, sobrevivir y alimentarse para procrear mejor que los vecinos. No tienen otra opción. Lo llevan ensayando con éxito desde hace millones de años. Hacen lo que les mandan los genes. No cabe pedir contención, estrategia o humanidad a un puñado de insectos libadores…

Hoy he visto un manojo de tres hombres atados por los pies y colgados boca abajo de una ventana. Como gallinas vivas en un mercado de hace cincuenta años. Eran tres hombres que los negreros libios vendían en un mercado de esclavos. Es una imagen real, de hace unos meses. No del siglo XIX. Es Libia, hoy. Ese país que los europeos hemos convertido, a base de euros, en un muro y en una cárcel para que no puedan llegar a Europa los que huyen de la pobreza, de las guerras y de las hambrunas… La civilización occidental ha esquilmado los recursos de África durante siglos, y lo seguimos haciendo de manera despiadada. Y para mantener a raya el éxodo masivo, compramos a estos criminales libios para que sigan haciendo el trabajo sucio por nosotros.

No creo que tengamos arreglo como especie. A esta civilización no la mueve el interés humanitario —no sabe qué cosa es eso—, la dirigen intereses criminales que tienen su leitmotiv en el máximo beneficio privado. Somos infinitamente peores que los insectos que matan a la surfinia porque nosotros sí tenemos elección. Sí tenemos conciencia del bien y del mal, pero nos falta humanidad y voluntad para hacer lo que es correcto. Es más fácil cerrar los ojos y olvidar lo que ocurre detrás de la esquina. Es más sencillo para los poderosos seguir ganando dinero y acumulando riquezas y poder —poder para seguir ganando más dinero y más riquezas—. Es más sencillo para los mediocres cerrar nuestros ojos y engañarnos con falsos paraísos que caben en un miserable crucero de placer pagado en cómodos plazos… Todo, cualquier cosa, es más sencillo que restregar esta imagen de hombres atados como gallinas por la cara de los que tienen el poder de evitarlo si quisieran…

¡Ay! ¡Si los pueblos gobernaran realmente! Dan ganas de hacer las mismas barbaridades a la recíproca…

domingo, 8 de julio de 2018

El asesinato de Andrés Silva Lobato




En San Fernando —y en cada rincón de España— los asesinos que se destaparon el 18 de julio de 1936 no dejaron evidencias documentales de sus crímenes. La mayoría de los asesinatos cometidos durante el Terror Caliente (julio de 1936, marzo de 1937) no están documentados. No pueden estarlo porque nadie en su sano juicio certifica que ha cometido un asesinato. Eran asesinos, pero su grado de estulticia no llegaba al punto de dejar constancia escrita de tal crimen. En cambio, sí contaban con la complicidad, la comprensión y el silencio expreso de los suyos, es decir, de las cúpulas rebeldes de la Armada e Infantería de Marina, de los guardias civiles y carabineros sublevados contra el gobierno de la República, de entusiastas falangistas salvadores de su particular patria, de fanáticos sacerdotes salvadores de almas y condenadores de cuerpos, y de todas esas personas de orden que apoyaron un régimen que protegía sus privilegios de clase dominante, aunque ello implicara torturar, asesinar y hacer desaparecer los cuerpos de los que podían oponerse a la barbarie que ese día comenzó en San Fernando y en España. Sí… contaron con la complicidad de personas normales que protegieron sus normales privilegios de toda la vida. Y contaron también con el paralizante miedo que provoca el terror desparramado por las callejuelas del pueblo.

Lo que sí hicieron estos asesinos fue marcar los libros de actas del ayuntamiento. Trazaron una cruz junto al nombre de cada concejal asesinado. También inscribieron una cruz en el frontal de algunos expedientes que abrieron en la cárcel municipal a los enemigos de España… el nuevo país que estos criminales estaban construyendo sobre torturas y muertes. Esas cruces son las únicas señales escritas que dejaron de sus fechorías.

No. No hay pruebas documentales de los asesinatos cometidos durante el Terror Caliente. El único documento primario que los describe es el Libro único y secreto que ordenó abrir el Vicario Capitular de la Diócesis de Cádiz a los párrocos de San Fernando… Es el cuaderno que utilizó José Casado Montado para escribir Trigo tronzado, y el que usaron contados investigadores para listar a los muertos en la provincia de Cádiz. Hoy ese libro está bajo férrea custodia en algún archivo episcopal. ¡Que para eso era único y secreto, qué coño! Sólo podemos utilizar las fotocopias que furtivamente se hicieron en su momento…

…pues, a pesar de la ausencia documental a veces afloran evidencias que señalan a los criminales de manera inequívoca. Es el caso del asesinato de Andrés Silva Lobato, trabajador de la Sociedad Española de Construcciones Navales, que —según informaba Enrique García Escribano, Agente Jefe de la Comisaría de Investigación y Vigilancia de San Fernando, en junio de 1937— había sido vocal del Comité Local del Partido Comunista de la ciudad, y en enero de 1936 formó parte del comité que organizó un acto electoral presidido por Esteban Salamero Bernal, y que tuvo autorización gubernativa.


Detalle de la página 14 del Libro Único y Secreto.

Y eso era un crimen para los salvadores de la Patria. Pertenecer a un partido del Frente Popular y señalarse abiertamente, implicó una bala en el corazón junto al muro suroeste del cementerio de San Fernando, un tiro de gracia en la cabeza y una patada al borde de la fosa común para que el cuerpo rodara hasta el fondo. Los rojos, esos disolventes de la patria, no merecían otra cosa.

El dos de septiembre de 1936 detuvieron a Silva Lobato por orden del teniente coronel Ricardo Olivera Manzorro, Comandante Militar de la Plaza y máximo responsable de la represión desplegada en San Fernando desde el 18 de julio. Encerraron a Silva Lobato en la prisión de partido de San Fernando y le abrieron un expediente procesal incompleto. Eran tantos los detenidos en ese mes de septiembre que muchos de los datos quedaron en blanco. Ese mismo día, Olivera Manzorro ordena trasladarlo al Penal Naval Militar de la Casería de Osio: «A la presentación de este escrito se servirá V. entregar al detenido Andrés Silva Lobato para ser trasladado al Penal de la Casería», le ordenaba al director de la prisión de partido. La escolta de infantes de marina estuvo mandada por A. López y condujo al detenido hasta el Penal de la Casería. Dos días después lo sacan al amanecer, junto a siete compañeros más, Pedro Arroyo Utrera, Francisco Cosme Alonso (taxista), Juan Espinosa de los Monteros Pérez (capitán de Infantería de Marina), Félix Fernández Coco (fresador), Ángel León Ciordia (empleado del ayuntamiento), Juan Valverde Colón (conserje) y Francisco Villegas Oliva (maestro carpintero)… y los fusilan junto al muro del cementerio de la ciudad. A todos ellos les aplican lo que las nuevas autoridades llaman Ley de Guerra, una burda excusa para exterminar sin complejos cualquier asomo de disidencia… ya lo había anunciado el Director Mola en sus directivas, que el golpe habría de ser en extremo violento. Y lo cumplieron con creces.

El cura que presenció el asesinato de Andrés apenas anotó que vivía en la calle Jesús de San Fernando, que era feligrés de la Iglesia Mayor y que le aplicaron la Ley de Guerra. No indica si confesó o recibió sacramentos. Silva Lobato fue tirado de forma irrespetuosa en la fosa común que abrieron los represores en la zona civil del cementerio municipal. Su viuda, Petra Barroso Medina, madre de cinco huérfanos, no logró inscribir la muerte de su marido hasta junio de 1945… Un muerto y seis víctimas vivas.

Entre julio de 1936 y marzo de 1937, mientras Ricardo Olivera Manzorro fue Comandante Militar de la Plaza de San Fernando, y máxima autoridad en la ciudad, se cometieron cerca de doscientos asesinatos con la estética de fusilamientos judiciales. El 6 de marzo de 1937 el teniente coronel Ricardo Olivera Manzorro fue nombrado, por el Excmo. Ayuntamiento, Hijo Predilecto de la Ciudad de San Fernando debido a la «…acertada y patriótica actuación […] desde el instante mismo en que diera comienzo en nuestra querida España el Glorioso Movimiento Nacional, evitando con su rápida y decidida intervención en la histórica tarde del 18 de julio, que en San Fernando [no] imperase ni siquiera por unos minutos el terror marxista que tan dolorosas consecuencias tuvo en las poblaciones que fueron más tarde liberadas por el Glorioso Ejército Salvador…»

Efectivamente, el único terror que imperó en San Fernando fue el que impusieron los militares y fascistas que tomaron el poder. Fue el terror que exterminó a Andrés Silva Lobato, a sus siete compañeros de paredón y a los cerca de doscientos fusilados en San Fernando que siguen sin memoria y sin dignidad…

jueves, 14 de junio de 2018

Por la dignidad de los militares muertos en San Fernando




Contiene la lista de los militares fusilados en San Fernando
entre 1936 y 1941

El tres de junio del año 1941, el capitán de Infantería de Marina don Genaro Arias Baltar, en funciones de Juez Instructor Permanente del Departamento Marítimo de Cádiz, comunica al alcalde de San Fernando que al día siguiente, a las seis de la mañana, «…será pasado por las armas en la tapia del cementerio de esta ciudad el cabo de artillería de la Armada Domingo Camacho López…». Continua la nota informando que «…recibirá sepultura en el expresado cementerio una vez ejecutado». Lo cual —que sea enterrado después de la ejecución, y no antes— era de agradecer. Finalmente el juez instructor ruega al alcalde que cite en el cementerio «a quien corresponda» para dar sepultura al cabo de la Armada, que dejó viuda y tres hijos.

Con los datos que hoy disponemos, don Domingo Camacho López fue el penúltimo militar vinculado a San Fernando ejecutado en esta ciudad por la represión franquista. Este joven marino de 25 años arribó al puerto tunecino de Bizerta en marzo de 1939 con la flota republicana, y aceptó regresar en el Marqués de Comillas creyendo las promesas de redención del almirante Salvador Moreno… ¡Craso error! Fue sometido a Consejo de Guerra, condenado y ejecutado. Forma parte de una lista de más de cien militares ejecutados durante la barbarie militar y fascista que siguió al 18 de julio de 1936 en San Fernando. Comenzaron justamente una semana más tarde, el 25 de julio. Ese día, tras un Consejo de Guerra Sumarísimo y ejemplarizante, son ejecutados don Joaquín Ferreiro Barreiro, don Luis M. Rodríguez Otero (auxiliares 1º de radio y artillería de los cañoneros Lauria y Cánovas del Castillo) y el contramaestre Sr. Muñoz.

Rosa sostiene la foto se su abuelo, Manuel de Sancha Morales. Comandante del Batallón de Infantería de Marina de San Fernando. Fusilado.

Los militares que se rebelaron contra la II República y alzaron sus armas contra los españoles, se arrogaron el derecho de acusar de rebelión —y juzgar, condenar y matar— a los compañeros de armas que permanecieron leales al gobierno que habían jurado defender. Los historiadores llaman a esta aberración jurídica La Justicia al Revés.

A las 15:00 horas del 18 de julio de 1936, el Jefe del Departamento Marítimo de Cádiz, almirante golpista José Gámez Fossi, ordenó al comandante don Manuel de Sancha Morales, jefe del batallón de Infantería de Marina de San Fernando, sacar a la calle tres compañías de infantes para declarar el estado de guerra y tomar militarmente la ciudad. De Sancha se niega a hacerlo y pide la orden por escrito. Seguidamente es detenido por sus propios compañeros, encarcelado en el Penal de la Casería de Osio y fusilado un mes más tarde. No hubo causa judicial contra Manuel de Sancha, músico, compositor, director de orquesta y hombre de probada empatía con el pueblo necesitado. Su ejecución fue un asesinato extrajudicial. Sus restos anónimos, fueron arrojados en una fosa común abierta en lo que fue Cementerio para Disidentes de San Fernando. Al día siguiente, el sepulturero indicó a uno de sus hijos el lugar exacto donde yacía el leal militar. A don Manuel de Sancha le cabe el dudoso honor de haber sido el primer militar que se opuso abiertamente en San Fernando a Glorioso Movimiento Nacional.

Por otro lado, a doña Adelaida Blanco Silva la dejaron viuda a las cinco de la mañana del 10 de septiembre de 1936. Ese día asesinaron a su marido, don Leocadio Castaño Álamo, un ex carabinero de 41 años que no demostró demasiado entusiasmo por adherirse al Glorioso Movimiento Nacional. Nadie asumió la responsabilidad de su muerte. Nadie ordenó inscribir el crimen en el registro Civil de la ciudad y, por tanto, para que su fallecimiento fuese reconocido, doña Adelaida tuvo que recurrir a conocidos de sobrada influencia entre los jerarcas del nuevo régimen. Gracias a esas influencias logró que el Vicario Capitular del obispado de Cádiz accediera a concederle la gracia de certificar la muerte de su marido…

«Vista la instancia que Nos dirige Dª Adelaida Blanco Silva solicitando Nuestra autorización para que por el Sr. Cura Párroco de la de San Pedro y San Pablo de San Fernando sea expedida copia de la defunción del marido de la solicitante, por el presente venimos a conceder y concedemos la gracia solicitada».

No fue un derecho, fue una gracia. Eso ocurrió en marzo de 1941, y supuso una excepción porque estaban certificando sobre el contenido del libro en el que los curas inscribieron los fusilamientos que presenciaron. La mera existencia de ese libro era —y sigue siendo— la única prueba documental de los asesinatos extrajudiciales que se cometieron en San Fernando después de Glorioso Movimiento Nacional Salvador de la Patria. Certificar el contenido de un libro secreto era reconocer su existencia y, en consecuencia, reconocer complicidades. Sin embargo, a pesar de la gracia excepcional que consiguió del Sr. Vicario, doña Adelaida no logró inscribir la muerte de su marido hasta junio de 1946. Los represores, militares y fascistas, no sólo asesinaron al padre de sus tres hijos (el último de ellos, póstumo), además le negaron durante diez años su condición de viuda.

Y también asesinaron judicial o extrajudicialmente a oficiales, auxiliares y marineros; fogoneros, telemetristas, condestables, artilleros, barberos, telegrafistas, oficinistas, trabajadores del Arsenal de la Carraca, sanitarios, contramaestres, intendentes, náufragos, etc., etc., etc. Hasta un total de ciento seis militares y algunos asimilados. De ellos, cincuenta y seis fueron ejecutados tras esos consejos de guerra propios de la Justicia al Revés; cuarenta y seis fueron asesinatos extrajudiciales, ordenados por los distintos jerarcas de San Fernando con poder sobre la vida y la muerte de los rojos; y cuatro murieron en circunstancias extrañas… todos ellos fueron enterrados de forma anónima en un claro intento de extinguir su memoria, su ejemplo y su dignidad.

Estuvieron frente a un pelotón de fusilamiento, pero los criminales fueron los que daban las órdenes desde el otro lado. Hoy, un catorce de junio de 2018, día de la Memoria Democrática en Andalucía, es buena ocasión para conocer los nombres de esos militares muertos y silenciados. Sería un primer paso para recuperar su memoria y su dignidad, y para que todos podamos mirarlos como hombres leales a su palabra y no como a criminales…

…y también sería buena ocasión para que sus compañeros de armas, miembros de una Armada Española superadora de conflictos pasados, se sumaran a un homenaje póstumo y necesario. Porque lo necesitamos todos.



MILITARES LEALES A LA II REPUBLICA FUSILADOS EN SAN FERNANDO ENTRE 1936 Y 1941


Miguel Ángel López Moreno
milanlomo@gmail.com

Militares y asimilados, vinculados a San Fernando, fusilados en la ciudad por aplicación del Bando de Guerra o como consecuencia de Consejo de Guerra, y enterrados en la ciudad a partir de julio de 1936.     

Datos a 11 abril 2018
Lista cronológica

REY CENTENO, ANTONIO > Teniente Infantería de Marina. Muerto en extrañas circunstancias en fecha indeterminada de 1936. Enterrado en la fosa común de San Fernando.
FERREIRO BARREIRO, JOAQUÍN > Auxiliar 1ª radio del cañonero Lauria. Consejo de Guerra Sumarísimo.  Pena de muerte. Ejecutado el 25-07-1936. Enterrado en San Fernando.
MUÑOZ > Contramaestre de la Armada. Consejo de Guerra Sumarísimo.  Pena de muerte. Ejecutado el 25-07-1936. Enterrado en San Fernando
RODRÍGUEZ OTERO, LUIS MATEO > Auxiliar 1º artillería del cañonero Cánovas del Castillo. Consejo de Guerra Sumarísimo.  Pena de muerte. Ejecutado el 25-07-1936. Enterrado en San Fernando
LLORET ZARAGOZA, FRANCISCO > Condestable de la Armada en el cañonero Cánovas del Castillo. Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 19-08-1936. Enterrado en San Fernando.
BIONDI ONRUBIA, FRANCISCO JAVIER > Capitán de Corbeta al mando del cañonero Lauria y destructor Churruca. Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
DE SANCHA MORALES, MANUEL > Comandante del batallón de Infantería de Marina. Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
FERNÁNDEZ PAZ, CÁNDIDO > Cabo artillería de la Armada.  Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
GARCÍA CONDE, AGUSTÍN > Marinero de 2ª.  Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
GARCÍA MOLÉS, ANTONIO > Comandante de intendencia.  Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
GUERRERO PÉREZ, ÁNGEL > Marinero de 1ª. Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
MUÑIZ FERNÁNDEZ, CÉSAR > Maestre de artillería en el cañonero Cánovas del Castillo. Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
PAZ PINACHO, ENRIQUE > Capitán de Infantería de Marina. Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
PÉREZ PÉREZ, VIRGILIO > Capitán de Corbeta. Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
TUSO ARENAS, ANTONIO > Cabo de la Armada. Asesinado extrajudicialmente el 28-08-1936. Enterrado en San Fernando.
LUQUE BENÍTEZ, UBALDO > Mecánico de la Armada. Asesinado extrajudicialmente el2 9-08-1936. Enterrado en San Fernando.
REQUENA PÉREZ, JOSÉ > Oficial de servicios técnicos de la Armada.  Asesinado extrajudicialmente el 29-08-1936. Enterrado en San Fernando.
CASTRO LENDEIRO, RAIMUNDO > Cabo radiotelegrafista del cañonero Cánovas del Castillo.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 30-08-1936. Enterrado en San Fernando.
DOMÍNGUEZ LÓPEZ, MIGUEL > Cabo artillero  del cañonero Cánovas del Castillo.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 30-08-1936. Enterrado en San Fernando.
FRANCO LÓPEZ, FERNANDO FÉLIX > Marinero de 2ª en el cañonero Cánovas del Castillo.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 30-08-1936. Enterrado en San Fernando.
MÉNDEZ VIDAL, RAMÓN > Cabo artillero  del cañonero Cánovas del Castillo.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 30-08-1936. Enterrado en San Fernando.
NAVARRO GARCÍA, EMILIO > Auxiliar 2º de oficinas del cañonero Cánovas del Castillo.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 30-08-1936. Enterrado en San Fernando.
NOGUERA ORTEGA, DIEGO > Barbero en el cañonero Cánovas del Castillo.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 30-08-1936. Enterrado en San Fernando.
ESPINOSA DE LOS MONTEROS PÉREZ, JUAN ANTONIO > Capitán de Infantería de Marina.  Asesinado extrajudicialmente el 05-09-1936. Enterrado en San Fernando.
FARINÓS PÉREZ, ANTONIO > Oficial 1º de radio de la Armada. Asesinado extrajudicialmente el 06-09-1936.  Enterrado en San Fernando.
MARTÍN YARZA, ANTONIO > Teniente de Sanidad de la Armada en el cañonero Lauria.  Asesinado extrajudicialmente el 06-09-1936. Enterrado en San Fernando.
PERALTA DÍAZ, MANUEL > Oficial 2º radio de la Armada. Asesinado extrajudicialmente el 06-09-1936. Enterrado en San Fernando.
PRADOS COTO, CIRIACO > Maestro fogonero de la Armada. Asesinado extrajudicialmente el 06-09-1936. Enterrado en San Fernando.
RAMOS LAGO, JOSÉ > Cabo 1º radio. Asesinado extrajudicialmente el 06-09-1936. Enterrado en San Fernando.
SÁNCHEZ CARNERO, FRANCISCO > 2º Oficial Naval. Asesinado extrajudicialmente el 06-09-1936. Enterrado en San Fernando.
CAMPOS CHAVES, RAMÓN > Mecanógrafo de la Armada. Asesinado extrajudicialmente el 10-09-1936. Enterrado en San Fernando.
CASTAÑO ÁLAMO, LEOCADIO > Ex carabinero. Asesinado extrajudicialmente el 10-09-1936. Enterrado en San Fernando.
RODRÍGUEZ, HORACIO > Marinero de 2ª. Asesinado extrajudicialmente el 10-09-1936. Enterrado en San Fernando.
AYUSO SIERRA, ANTONIO > Cabo de artillería de la Armada.   Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
AYUSO SIERRA, MANUEL > Cabo de artillería en el cañonero Cánovas del Castillo.   Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
CEREZUELA GALVÁN, BALDOMERO > Marinero de 2ª.  Asesinado extrajudicialmente el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
DEVESA MORALES, RAMÓN > Cabo de radio. Asesinado extrajudicialmente el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
FERNÁNDEZ LAFONT, JOSÉ M. > Marinero de 2ª.  Asesinado extrajudicialmente el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
FUENTES EIROZ, JESÚS > Cabo radiotelegrafista.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
HORTAS VALDÉS, AVELINO > Fogonero de la Armada.  Asesinado extrajudicialmente el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
LÓPEZ MARTÍNEZ, JOSÉ MARÍA > Cabo de artillería de la Armada.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
LÓPEZ MOSQUERA, CÉSAR > Marinero de 2ª.  Asesinado extrajudicialmente el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
MORENO JASPE, JOSÉ ANTONIO > Cabo 1ª. Asesinado extrajudicialmente el  18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
MUÑIZ REGADES, FRANCISCO > Marinero.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
PARADA RUIZ, MODESTO > Soldado de Infantería de Marina.  Asesinado extrajudicialmente el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
PLAZA CASTRO, RAFAEL > Marinero. Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
SÁNCHEZ GUTIÉRREZ, DIEGO > Marinero.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
SANTOS PÉREZ, MIGUEL > Marinero.  Consejo de Guerra Sumarísimo. Pena de muerte. Ejecutado el 18-09-1936. Enterrado en San Fernando.
ROMERO MENÉNDEZ, JOSÉ > Auxiliar 1º de Infantería de Marina. Asesinado extrajudicialmente el 24-09-1936. Enterrado en San Fernando.
BAPTISTA FLORENZA, FRANCISCO > Maquinista de la Armada en el Juan Sebastián Elcano.  Asesinado extrajudicialmente el 11-10-1936. Enterrado en San Fernando.
FERNÁNDEZ GARCÍA, ENRIQUE > Maquinista de la Armada en el cañonero Lauria.  Asesinado extrajudicialmente el 11-10-1936. Enterrado en San Fernando.
MARTÍNEZ MORENO, MANUEL > Auxiliar 2º Naval.  Asesinado extrajudicialmente el 11-10-1936. Enterrado en San Fernando.
POMBO RÍOS, AQUILINO > Maquinista de la Armada en el Juan Sebastián Elcano.  Asesinado extrajudicialmente el 11-10-1936. Enterrado en San Fernando.
BELTRÁN DEL CASTILLO, FEDERICO > Condestable de la Armada.  Asesinado extrajudicialmente el 28-10-1936. Enterrado en San Fernando.
HARO MEDINA, JULIÁN > Condestable de la Armada.  Asesinado extrajudicialmente el 28-10-1936. Enterrado en San Fernando.
SÁNCHEZ CASAS, JOSÉ > Condestable de la Armada.  Asesinado extrajudicialmente el 28-10-1936. Enterrado en San Fernando.
BUSQUETS SASTRES, IGNACIO > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
CARRATALÁ EZQUERDO, JUAN > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
CARRERAS BARBEL, JUAN > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
DE EGEA ROMERO, JOSÉ MARÍA > Cabo 1ª electricista del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
DÍAZ GARCÍA, FRANCISCO > Cabo artillero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
DÍAZ LIROLA, JOSÉ > Fogonero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
DÍAZ ROMERA, FEDERICO > Fogonero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
ENTENZA BLANCO, JUAN > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
FERNÁNDEZ OSETE, TOMÁS > Cabo fogonero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
HELGUERA CABADA, NICOLÁS > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
MARÍN BERNABEU, ISMAEL > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
MARTÍNEZ ARANDA, SALVADOR > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
MONTERO LÓPEZ, FRANCISCO > Marinero artillero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
MOYA VERA, JUAN > Fogonero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
ROEL SÁNCHEZ, JOSÉ > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
SAAVEDRA VILASUSO, JUAN > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
SORIA TEROL, PEDRO > Cabo artillero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
TORRES MARTÍN, MARIANO > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
VALDIVIESO SAN JOSÉ, FELIPE > Marinero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-12-1936. Enterrado en San Fernando.
ALBA GUERRERO, RAMÓN > Teniente de Navío.  Asesinado extrajudicialmente el 14-01-1937. Enterrado en San Fernando.
CERECEDA BESADA, LUIS > Torpedista de la Armada.  Asesinado extrajudicialmente el 14-01-1937. Enterrado en San Fernando.
MIRALLES MATEO, JUAN > Carpintero de rivera. Carraca.  Asesinado extrajudicialmente el 14-01-1937. Enterrado en San Fernando.
SÁNCHEZ y SÁNCHEZ DE MOVELLÁN, JOSÉ> Condestable de la Armada.  Asesinado extrajudicialmente el 14-01-1937. Enterrado en San Fernando.
AMAT RAMÍREZ, JOSÉ > Auxiliar de Almacenes en la Carraca. Pintor, periodista, escritor. Asesinado extrajudicialmente el 19-01-1937. Enterrado en San Fernando.
CERECEDA BESADA, ISIDRO > Operario militar.  Asesinado extrajudicialmente el 19-01-1937. Enterrado en San Fernando.
GARCÍA BAZÁN, JUAN > Maquinista de la Armada. Muere en San Fernando el 07-02-1937 “a consecuencia de herida de arma de fuego en el temporal derecho”.
GONZÁLEZ ALCAIDE, MANUEL > Marinero. Enterrado en el cementerio de San Fernando. Muere el 22-03-1937 “a consecuencia de heridas por arma de fuego”.
DÍAZ LEIRA, JOSÉ MARÍA > Auxiliar de Infantería de Marina. Preso en el Puerto de Santa María. Fallece de muerte natural en su domicilio el 26-10-1937.
INGLÉS ANDREU, ANTONIO > Marinero fogonero de la Armada. Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 04-11-1939. Enterrado en San Fernando.
BAUTISTA RUBIO, JOSÉ > Fogonero preferente de la Armada.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 10-11-1939. Enterrado en San Fernando.
CAMPOY ZAPATA, GUILLERMO > Maquinista de la Armada en el buque Sánchez Barcáiztegui.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 10-11-1939. Enterrado en San Fernando.
SANTANDER ALONSO, MAURICIO > Barbero del destructor Almirante Ferrándiz.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 11-01-1940. Enterrado en San Fernando. (A veces transcrito como Santandrés)
ANTÓN MARTÍN, EMILIO > Marinero del Sánchez Barcáiztegui.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 08-04-1940. Enterrado en San Fernando.
BUENO RUIZ, DIEGO > Cabo de radio del destructor Almirante Valdés.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 08-04-1940. Enterrado en San Fernando.
SERRANO GARCÍA, JUAN > Fogonero del Almirante Valdés. Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 21-05-1940. Enterrado en San Fernando.
GINER FERNÁNDEZ, JOSÉ  > Auxiliar de radio. Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 12-06-1940. Enterrado en San Fernando.
GARCÍA MARTÍNEZ, ALBERTO > Cabo fogonero del Almirante Valdés.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 18-06-1940. Enterrado en San Fernando.
FRANCO LAVADO, FELIPE > Marinero del crucero Miguel de Cervantes. Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 30-09-1940. Enterrado en San Fernando.
TORRADO FERNÁNDEZ, AMADOR > Marinero barbero del crucero Miguel de Cervantes. Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 21-11-1940. Enterrado en San Fernando.
CONESA ROMERO, EMILIO > Operario de máquinas en el crucero Miguel de Cervantes.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 23-05-1941. Enterrado en San Fernando y trasladados sus restos a Cartagena en 1961
CAMACHO LÓPEZ, DOMINGO > Cabo de artillería.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 04-06-1941. Enterrado en San Fernando.
RODRÍGUEZ REYES, JOSÉ > Oficinista de la Armada.  Consejo de Guerra. Pena de muerte. Ejecutado el 07-07-1941. Enterrado en San Fernando.