sábado, 18 de febrero de 2017

Historias en diferido: Hibridación

Sobre las peripecias de Alex y Yoli, cooperantes en la Comunidad Inti Wara Yassi, selva amazónica de Cochabamba.



El ataque comenzó a las 9 de la mañana. Alejandro había liberado a los monos capuchinos y se fue a desayunar con los compañeros. Corría el mes de febrero y esa mañana la temporada de lluvias daba un respiro. Era una delicia compartir ese rato sagrado con los amigos. No hay nada mejor que tener un enemigo reconocido para palpar la solidaridad de los tuyos. En este caso el trabajo duro, el calor, la lluvia y la escasez de medios son el enemigo perfecto para sentirse miembros de un mismo asunto: cuidar la fauna amenazada de un lugar… ninguno de los cooperantes de Parque Machía, en la Amazonía boliviana, podía imaginar que el verdadero enemigo estaba a punto de atravesar la floresta y atacar…

 

A Kaya le extrajo Yoli más de cuatrocientos aguijones de abejas asesinas.
No logró sobrevivir.

El experimento lo había iniciado el gobierno de Brasil en 1956. Lo dirigía Warwick E. Kerr, un biólogo brasileño considerado de los mejores genetistas y especialista de abejas en el mundo. Trajo de Tanzania sesenta y tres abejas reinas africanas con el propósito de hibridarlas con las domesticas y mejorar la producción de miel. Y lo hicieron. El equipo del doctor Kerr, mediante inseminación artificial, logró veintinueve ejemplares de reinas híbridas…

Dicen que fue un accidente. Al año siguiente, unos trabajadores abrieron la puerta equivocada y veintiséis reinas híbridas quedaron en libertad. Lentamente comenzaron a reproducirse formando colonias salvajes fuera de control. No pasaron muchos años hasta que en áreas rurales del norte de Brasil se observaron ataques muy agresivos de abejas incontroladas sobre animales e incluso hombres. Poco después, a principios de los años 60, ya estaba claro que las abejas híbridas formaban colonias salvajes y se expandían con un comportamiento extremadamente agresivo. No hay seguridad sobre quién fue el primer hombre muerto por sus picaduras, pero ocurrió en los años 90.

No hay gran diferencia morfológica entre las abejas domesticas y las híbridas africanizadas. Tampoco son más venenosas… lo que realmente las hace letales es el comportamiento defensivo. Todas, en masa, defienden ferozmente la colonia hasta un radio de novecientos metros de ella… y se sienten amenazadas al mínimo asomo. Atacan a los ojos y a las zonas oscuras y cuando eso ocurre desprenden una feromona con olor a banana que las vuelve tremendamente agresivas.

Recuerdo que al principio, cuando Alejandro y Yoli llegaron a Parque Machía, decía que los monos araña eran buena gente, pero que los capuchinos eran unos cabroncetes (habían mordido a Yoli en la frente). Para poder hacerse con ellos se dejó crecer la barba y, aún así, tuvo que sufrir el ataque de Alvarito que, en la disputa del liderazgo, le desgarró la oreja de lado a lado. Pero hoy, a una voz de Alejandro se acaban todas las peleas entre los capuchinos. No solo es el mono alfa, es también su protector…

…las primeras abejas asesinas llegaron, después del desayuno, desde la floresta. Fueron muy rápidas. Vieron cómo bajaba una nube oscura y comenzaban a atacar a los capuchinos, pero eran tantas que tuvieron que retroceder para cubrirse con ropa y capucha. Cuando Alejandro volvió ya habían envuelto por completo a Kaya. Pudo recoger a Mema y a los otros, pero incluso dentro de las jaulas los seguían aguijoneando. No es fácil explicar el vínculo que se forma entre el cuidador y sus animales. Debe ser una extraña empatía que aflora al margen de lo racional, un deber con tus propios valores que te hace olvidar el peligro que supone introducirte en medio de un enjambre de abejas asesinas para salvar a los que confían en ti… es algo que no tiene valor económico y, justamente por eso, una inmensidad de ciudadanos no lo entiende. En la vida no todo es rentabilidad económica… hay algo mucho más valioso: el respeto hacia ti mismo.

Todos, cooperantes y trabajadores de Parque Machía, moviéndose entre la nube de abejas, formaron hogueras con leña fresca para que la cortina de humo rodeara el contorno, y eso parece que detuvo el ataque poco a poco…

Cuando se marcharon las abejas, Yoli extrajo a Mema más de doscientos aguijones. Ella misma le señalaba dónde estaban clavados. Fue una de las más atacadas. Deformada y dolorida, esa noche, para vigilar su evolución, durmió en la habitación de Yoli y Alejandro. Mema sobrevivirá… y, a su manera, no creo que nunca olvide lo que estos humanos hicieron por ella.

Pero Kaya murió. Tenía más de cuatrocientos aguijones en su cuerpo. Demasiados para la pequeña capuchina. Me decía Alejandro:

— Estaba completamente cubierta de abejas. Tengo grabada su cara, mirándome, sin fuerzas ya, dejándose matar, sin luchar contra el enjambre…

…sí. En el mundo hay valores mucho más poderosos que las razones económicas.

domingo, 29 de enero de 2017

La gaviota dominante

En a Praza da Ferrería de Pontevedra se desparramaba el sol mañanero de invierno. Ya era raro que no viniesen nubes a ensombrecerlo todo porque por aquí son frecuentes las nubes y el orvallo. Detrás de mí un par de nórdicas, blancas como la leche, se habían plantado cara al sol… como hacía servidor en su juventud, cara al sol con la camisa nueva.



Poco después se sentó en mi banco un hombre sin techo. Olía a cochinera y a cenicero, y esputaba en el suelo sin miramientos. No le culpo por oler así ni por escupir, pero me siento incomodo. Otro sin techo le regala una lata de cerveza y hablan de sus cosas en un gallego demasiado cerrado. No les entiendo.

Enfrente, al otro lado de la Praza da Ferrería, cuatro señoras nonagenarias ocupan un banco. En realidad, una de ellas tiene 103 años y mantiene lucidez e independencia plenas. Han salido de un oficio religioso en la pequeña iglesia de la Peregrina. Todas ellas son viudas de hombres de orden y elegantes pontevedresas. Hay un contraste enorme entre ambos bancos. Hace ya unos años, en esta misma plaza vi jugar a tres niños; uno era negro, otro tenía aspecto de ser un gallego de toda la vida y el tercero era un tostadito magrebí. Cada madre ocupaba un banco distinto. Cada una vigilaba atentamente a su cachorro y, quiero pensar que cada una de ellas se sintiera discretamente orgullosa de contribuir a esa simbiosis cultural. Era cuando Zapatero hablaba de su Alianza de Civilizaciones. Siempre he pensado que, en resumidas cuentas, se trataba de poner los andamios para globalizar esa escena: tres niños, tres culturas, un solo juego. Pero, desde entonces, las cosas han ido en sentido diametralmente opuesto. Ahora, en diciembre de 2016, Donald Trump ya era presidente electo. ¡Dios bendiga a América! Y al resto que nos coja confesados.

Hay paseantes, con las manos a la espalda. Parece que les da igual lo que pasa en su plaza. Las palomas no dejan nada comestible en el granito del suelo, ni la menor partícula. Sin embargo los gorriones son rápidos y oportunistas… Pero llegan unas gaviotas a la plaza y se hacen dueñas de la situación. Disputan a las palomas un trozo de bizcocho, y vencen. Son más grandes, más agresivas y con un pico mortífero. La dominante alcanzó un gorrión de un picotazo y lo devoró en dos trozos… 

...y la vida siguió igual en a Praza da Ferrería.

viernes, 6 de enero de 2017

Historias en diferido: A veces la vida no se abre camino

Sobre las peripecias de Alex y Yoli, cooperantes en la Comunidad Inti Wara Yassi, selva amazónica de Cochabamba.


 Buscando al Delfín Rosado en el Río 24… hay tantos ríos que, en lugar de nominarlos, los numeran.

Puede que aquí resulte imposible de creer, pero a veces la vida no se abre camino. A pesar de lo ubérrimo de la Amazonía que nos enseñan Alex y Yoli, la vida se atranca y por más atención, voluntad —incluso amor—  que aplican para mantenerla, no resulta viable. En este hábitat pareciera que no hay un solo palmo inerte; que el proceso vital explota incontenible en cada centímetro… pero a veces no es así y se nos olvida que es tan frágil la vida como mantener una canica en equilibrio sobre el filo de una cuchilla. No sabemos por qué, pero cada ser vivo —esa cosa que produce copias de sí misma y hasta es consciente de su propia existencia— es una singularidad en el universo; una osadía tan improbable como esa canica en equilibrio sobre la cuchilla…

…los humanos siempre tenemos más preguntas que respuestas, y no poder responderlas nos hace humildes. Un saltamontes no puede apreciar un poema de Neruda, simplemente porque no lo necesita para sobrevivir... pero nosotros hemos conquistado tiempo para preguntarnos y, a veces, necedad para inventar respuestas. 



El perro llevaba dos días tirado a un lado del camino, inmóvil, entre Parque Machía y la pequeña aldea. La primera vez que Alex y Yoli pasaron a su lado lo dieron por muerto. Un atropello más, pensaron. Son muy frecuentes en ese tramo… de perros y de hombres. Al día siguiente, movió levemente el rabo cuando ellos pasaron. Una mirada y un leve movimiento de la cola fueron suficientes. A pesar del dolor que debía sentir el pobre animal, lamía las manos de los humanos. Con un par de cañas y una camiseta improvisaron unas angarillas para llevarlo a la pequeña clínica. Yoli le arregló la pata rota… pero las lesiones internas demostraron ser irrecuperables. No pudo ser y a los tres días, para ahorrarle sufrimientos, le ayudaron a morir…

…y entonces, cuando la vida se atranca y la mirada del pobre perro se torna de cristal —como la del tamandúa sin nombre que amamantaron con leche de gata, o la de Luisito, el imprudente capuchino que comía cucarachas; o la del carachupa que dejaron sin oreja de un mordisco…— es entonces cuando somos conscientes de que, a pesar de la exuberancia de la Amazonía, todo juega a favor del Caos. Y comprendemos que el universo camina siempre en contra del extraño orden que supone la vida, que progresa inexorable hacia la mínima energía, la desorganización máxima y la quietud.

Nosotros, y todas nuestras preguntas, somos insignificancias. La nada es nuestro destino.

martes, 3 de enero de 2017

El octogenario que buscaba a su padre

Conocí a Paco en una de tantas reuniones que tuvimos que hacer. En España, poner en marcha la búsqueda de fosas comunes de la Guerra Civil y encontrar a los que asesinaron en 1936 no es cosa fácil. Hay que contar con un grupo de gente extraordinaria, hablar muchas veces, con mucha gente; hay que buscar el apoyo de las instituciones implicadas y, sobre todo, esperar a que todos hagan su parte del trabajo.

Digo que buscamos a los asesinados y digo bien, porque decir ejecutados o fusilados implica que haya existido previamente algún tipo de justicia, aunque fuera el remedo de justicia que los criminales pusieron en marcha a partir de marzo de 1937. Es decir, un paripé legal diseñado y configurado para exterminar a una clase social… justamente la clase social que podría entender y oponerse al fascismo cuartelero de los sublevados contra la II República. Los muertos que buscamos en las fosas comunes de San Fernando son casi todos anteriores a esa Justicia del Terror, como bien la define el historiador José Luis Gutiérrez Molina. Todos ellos fueron muertos sin ni siquiera pasar por un paripé de justicia. Los que buscamos fueron los primeros asesinados en San Fernando, los primeros enterrados sin rastro y sin registro. Esos.


Paco tiene hoy ochenta y un años. Ayer cogió una pala y se puso a sacar tierra en una fosa común. Buscaba a su padre.

Juan Valverde Colón era de Paterna y acabó en San Fernando antes de la guerra buscando trabajo. Un cuñado suyo intentó colocarlo en el Observatorio de Marina, pero no fue posible. Finalmente, Juan trabajó como conserje en la Peña Conservadora, uno de los varios casinos de clase que había en la ciudad, y entidad nada sospechosa de oponerse al Glorioso Movimiento Salvador de la Patria que se inició el 18 de julio de 1936… pero tal presunción de adhesión no llegó al conserje.

Una noche de ese verano, al poco de iniciarse la rebelión militar, los falangistas lo sacaron a empellones de su casa. Los vecinos lo vieron. Y quedó preso en el penal de la Casería de Osio. Tenía treinta y un años. En su casa quedaron su hijo de nueve meses y su mujer embarazada. No era masón, ni pertenecía a ningún partido político y tampoco fue investigado posteriormente por las nuevas autoridades… Mi amigo Paco aún no sabe a ciencia cierta por qué detuvieron a su padre.

El cinco de septiembre de 1936 lo asesinaron junto a seis personas más en la tapia del cementerio de San Fernando. Sus restos fueron inhumados en la fosa común que abrieron sus asesinos, la que hoy estamos buscando.

Y Paco creció huérfano, con sus tíos. No tener padre era frecuente en esa España de posguerra. Él dice que creció tutelado por ellos y sin percibir ninguna ausencia emocional. Tampoco supo qué había pasado en su país hasta que, con quince años, empezó a trabajar en la Bazán. Allí, oyendo las conversaciones de sus compañeros, supo que en este país hubo una guerra y entendió que su padre fue una de las víctimas. Y dice que cuando preguntaba por su padre, su familia contestaba invariablemente que de esas cosas no se habla… A Paco le arrebataron el suelo donde pisaba, su memoria y sus raíces.

Y pasaron los años 30, y los 40, y los 50, y los 60, y los 70, y los 80, sin que nadie le diera noticia de su padre. Nadie, ni su madre, ni sus tíos que lo tutelaron. Paco tuvo que esperar hasta 1992. Ese año compró un libro escrito por -en el concepto de algunos indeseables- un impertinente rojo y maricón de mierda. Obra prohibida y secuestrada por un juez de San Fernando. Y entre sus líneas lo encontró:
El día cinco de septiembre sacaron a siete hombres, presos del Penal de La Casería, seleccionados por el infame Prieto. Al alba, llegaron destrozados al paredón del cementerio nuestro de La Isla, que ya había cambiado el rótulo de la puerta principal por orden exclusiva e imperativa del cura Don Recaredo, poniéndole el nuevo rótulo de “católico”, cuando antes razonablemente era “municipal”. El padre Franco, junto a Don Recaredo, lo estaba pasando de lo lindo. Eran los dueños de la situación y con su venia estaban ejecutando un genocidio que les dejaba sin oposición. Según intentaban hacernos creer, era una obra magna de limpieza de ateos para que reinara, incluso más que en todo el resto del mundo, el Sagrado Corazón…» (1)
Uno de esos siete hombres era su padre…

…por eso el otro día, a sus ochenta y un años, Paco cogió la pala y se puso a sacar tierra de la fosa común.


(1) Es un libro durísimo que se titula Trigo tronzado. Crónicas silenciadas y comentarios. Lo publicó en 1992 un hombre llamado José Casado Montado, y relata los fusilamientos que se cometieron en San Fernando entre los años 1936 y 1940. Esa primera edición fue secuestrada por orden judicial y censurada. En 2016, el Ateneo Republicano y Memorialista de la Isla (San Fernando) lo ha reeditado gracias al micro-mecenazgo solidario de muchas personas.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Alepo


Es Navidad y hay una muchedumbre de desarrapados en un calle ruinosa de Alepo. He guardado la foto no sé muy bien para qué. Puede que sea un montaje. Parece el fotograma de una película post apocalíptica... esto que vemos sería el mundo exterior, mientras que dentro de las murallas se desarrolla un mundo perfecto, una utopía pulcra, indolente y falsa. Pero da igual, si esta foto fuese un montaje, la realidad no sería muy distinta. De nuevo la condición humana nos destripa el entendimiento y deja el hígado rebosante de hiel. ¿Cómo es posible que ocurra esto? Hoy es Alepo, ayer fue Sarajevo, el otro día ocurrió en Badajoz y en cientos de pueblos de España. Y me temo que seguirá ocurriendo cada vez que rasquemos un poco en nuestra mala condición porque toda esta locura la tenemos muy cerca de la piel.

Y nunca ha servido exterminar a cuchillo a los supuestos enemigos de la moral y la decencia. Lo hemos hecho muchas veces a lo largo de la historia y jamás se arreglan las cosas porque eso implica que únicamente quedaríamos en pie los exterminadores... Y mal ejemplo seríamos entonces para crear sobre esa masacre un mundo mejor. Y tampoco ha servido impregnar a la gente de los buenos sentimientos que se derivan de las religiones ad hoc y convencerles de que la Paz y el Amor son las soluciones... Porque siempre hay gente que cree que su Paz y su Amor son los mejores y los únicos deseables. Y siempre es una preciosa tentación uniformar el pensamiento: una verdad, un camino, una forma. Pero entonces lo demás es erróneo y molesta y sobra... Y entonces es fácil convertir en cosa prescindible lo disidente y lo distinto. Y, una vez convertida en cosa cualquier hombre, es inmediato justificar su exterminio sin problemas de conciencia...

Será que no tenemos solución... Y sin embargo en esta plaza de Pontevedra todo parece armonía. La gente de bien desayuna en la terraza de la Cafetería San Francisco enfundados en chaquetones. El tibio sol ayuda. La luz de invierno es blanquísima y da sombras largas, aún a medio día. Los niños juegan con las palomas. Los padres ríen con sus hijos. No se perciben gestos hoscos. El camarero viste de negro y lleva pajarita roja... Suena la campana de la Peregrina y las palomas se asustan y vuelan en círculos. El suelo es de losas grandes de granito, húmedas. Una paloma se atreve a picotear mi trozo de bizcocho... Es un desayuno tardío de las 12:38 h de un 26 de diciembre. Eso es que debo estar dentro de las murallas, en la parte utópica del mundo... lejos de Alepo.

No. No creo que los hombres tengamos fácil solución a escala global... al fin y al cabo solo somos animales complejos ocupados por naturaleza en perpetuar nuestros genes. Los genes propios, digo. Y eso no ayuda precisamente a ser hombres y mujeres solidarios y altruistas. Y cada vez que lo logramos es a pequeña escala y en cortos periodos de tiempo. Somos mejores cuando nos parecemos a grupos de lobos colaboradores que a grandes manadas... porque los pastores nos convierten en rebaños manejables.

Si logramos superar nuestros instintos, alguien debería explicar cómo coño se hace.


domingo, 18 de diciembre de 2016

El maestro que no volvió

Hace poco conocí a Miguel. Todos los días viene al cementerio para poner flores en el nicho de su mujer. Miguel es viudo desde no hace mucho tiempo… tiene 91 años y en 1936, cuando comenzó el Glorioso Movimiento Nacional Salvador de la Patria —que así aparece al final de los documentos de la época—, tenía once.

Mis amigos le veían venir todos los días a la misma hora. Y a fuer de saludarle entablaron conversación. Mis amigos están haciendo catas arqueológicas en el cementerio de San Fernando para tratar de encontrar las fosas comunes de la Guerra Civil. Los asesinos que se levantaron en armas contra la II República, los sacaban de la cárcel municipal o de los penales de la ciudad, y los fusilaban antes del amanecer, con impunidad y sin juicio. Luego ataban una cuerda en los pies de los cuerpos y los arrastraban hasta la fosa que buscamos ahora... si alguno daba señales de vida, le pegaban un tiro de gracia. 


Fosa común del Cementerio de las Palmas. Fuente de la imagen

Cuando Miguel supo lo que estaban haciendo mis amigos recordó a don José Lucas, su maestro. Entre la vorágine de recuerdos y penurias de ese tiempo de barbarie, lo primero que se le vino a la cabeza fue el recuerdo de su maestro. Un simple maestro de barrio…

El nicho de María, su mujer fallecida, está junto a lo que mis amigos llaman Cata Número 4. Cuando vi llegar a Miguel, venía pulcramente vestido, acompañado de hijos y nietos. Tal vez quedara un poco sorprendido por la atención con que le recibimos. Miguel es uno de los pocos hombres vivos que vio la fosa abierta con sus propios ojos, la fosa común que buscamos.

Pero no fue su condición de testigo vivo de la fosa lo que me interesó de Miguel. Lo que me resulta fascinante es que este hombre asocie la barbarie del 36 con su maestro…

Se llamaba don José Lucas —me dice—. No recuerdo el segundo apellido. Tenía la escuela en la calle Real, más abajo de la Iglesia Mayor, en la misma acera. Minerva se llamaba… sí, eso: Colegio Minerva. Y de pronto, no sé, el maestro dejó de ir a la escuela. No sé qué le pasó. Nadie dijo nada y yo siempre me he acordado de don José…

El próximo día que le vea se lo contaré. Creo que Miguel merece saber que su maestro se llamaba José Lucas Velázquez, que era natural de San Fernando, hijo de José y de Inés. Que se casó con Mª del Carmen Luque y que tuvo un hijo póstumo. Era maestro con colegio particular —­así lo dejaron escrito los curas que presenciaban los asesinatos—, concejal del ayuntamiento y masón. Le diré también que lo apresaron en su casa y posiblemente lo encerraran en el Penal de la Casería de Osio, que luego lo llevaron al Penal de Cuatro Torres, en el Arsenal de la Carraca, y que el 28 de agosto de 1936 lo mataron allí mismo, en un lugar que sus asesinos llamaban Caño de la Jarcia. Solo tenía 27 años. Le contaré —aunque esto no es preciso, porque él lo ha sabido siempre—, que don José no era ningún criminal, que le aplicaron algo que los carniceros llamaron Ley de Guerra, y que con esa excusa pretendían acallar sus conciencias y justificar su crimen. Le diré que junto a él, abatidos por el mismo pelotón de fusilamiento, murieron once hombres más, todos ellos militares que no secundaron la rebelión contra la República, o simplemente dudaron sobre qué órdenes tenían que obedecer. También le contaré que a todos ellos los enterraron en la fosa común que estamos buscando a escasos metros de su difunta esposa…

…y que por eso su maestro no volvió a la escuela.

Y así, ochenta años tarde, concluiremos una pequeña historia que estaba por cerrar.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Trigo Tronzado: Carta a Pepe Casado Montado

Mi amigo Antonio Paterr Olvera leyó esta carta a Pepe Casado el pasado día 14 de diciembre de 2016, en el Centro de Congresos de San Fernando, en el acto de presentación de un libro durísimo y necesario…



Ateneo Republicano y Memorialista de La Isla  PRESENTACIÓN DE LA REEDICIÓN DE “TRIGO TRONZADO”,
DE JOSÉ CASADO MONTADO

Querido y añorado Pepe: “Trigo tronzado” vuelve a estar a disposición del pueblo. Y hemos considerado que lo más oportuno, en esta primera intervención, sea dirigirnos directamente a ti.

Si “Trigo tronzado” vuelve a estar en nuestras manos, ha sido gracias a que más de 100 personas han aportado un poco de su dinero para hacerlo realidad. Y es que no podía ser mejor, que tu obra, destinada a iluminar esa parte de la historia de La Isla que los criminales y amigos del fascismo quisieron perpetuar entre tinieblas, esta obra que escribiste con tanta valentía, haya sido sufragada por particulares. Por personas que han entendido la necesidad de esta reedición. Una fórmula que no entiende de enredos burocráticos de índole institucional, ni de méritos consistoriales. Tu libro, “Trigo tronzado”, esta reedición, es una realidad porque la gente así lo ha querido.  Nos dirigimos a ti, porque somos los descendientes de aquellos que fueron amenazados, vilipendiados o directamente asesinados por la sencilla razón de no pensar como los canallas que dieron el golpe contra la legalidad entonces constituida. Algunos de esos canallas mantienen sus homenajes en forma de monumentos, placas o aparecen en el directorio del callejero. Homenajes que fueron financiados robando al pueblo trabajador, en una época donde el miedo y el hambre eran el eje central de la vida. Tu obra lo describe muy bien, Pepe. Con valentía, sin circunloquios, ambages o adornos innecesarios. Dando nombres y apellidos. Por ello sufriste una persecución cargada de insultos y de ataques personales. Quizá en esa vorágine de oprobios, te acordarías de cuando el filósofo Jean Paul-Sartre, años antes de rechazar el premio Nobel, escribiera aquello de “todo anticomunista es un perro rabioso”.

Más pronto que tarde, si es cierto eso de que nuestros gobernantes están para dar ejemplo y hacer cumplir las leyes, nuestra Isla terminará de configurar una nueva fisonomía urbanística, donde los espacios públicos sean proclives a la convivencia y al entendimiento. A la participación y al conocimiento. Mientras ese día llega, nos dirigimos a ti, usando tu estilo directo y valiente. Apropiándonos de tus palabras y expresiones para decirte, aunque te aturdía eso de estar en el centro de atención, que estamos agradecidos y comprometidos con tu obra. “Trigo tronzado” ya fue sometido a juicio. Decías que preferías morir en un arrebato de ira, antes que en un rincón de tristeza. Por eso tuviste que irte de La Isla, porque en aquellos tiempos que viviste, la gente se moría de muchas cosas, entre ellas, de tristeza. Compartimos tu peculiar manera de ver las cosas, de asumir los recuerdos amargos, así como tu empeño por no olvidarlos. Tuviste la osadía de ventilar los fusilamientos que se perpetraron en La Isla, pero no por espíritu revanchista o frívolo, sino para intentar ayudar a que nada de nuestro enfermizo pasado vuelva a repetirse. Porque difícilmente un pueblo puede caminar hacia el futuro si no conoce su pasado. Tu obra, como tú mismo decías, es un biológico deseo de supervivencia que circula por una doble vía: justicia y verdad. Fuiste el primero en desmitificar nuestra historia local. Y lo hiciste de la mejor manera. Siendo claro y valiente. Nunca serviste para el disimulo o para la diplomacia. Usaste la literatura de los rincones más altos y más bajos de la sociedad isleña, y allí encontraste no la de verdad absoluta, sino la verdad del relato, de la imaginación, del corazón.

Allá por principios de los 90, cuando la mayoría de tus congéneres vivían contemplativos aprovechando las excursiones, tú tomabas el bolígrafo y, con el diccionario a tu vera, intentabas hacer algo en aras de tu pueblo, dedicándote al esclarecimiento de una situación tristísima, de esa época cuando eras un chaval que, como tantos otros, sufristeis años de oscuridad. Pero el miedo que imperaba por entonces no te hizo mella, y prueba de ello es tu obra, tu testimonio, que presenciaste y viviste esos años en los que la esperanza de salvación era efímera. Aquellos años y aquellas situaciones tan difíciles, no debían caer en el olvido, porque de olvidarse, nos convertiríamos en animales abominables. La resistencia de tu generación y de tu obra, supone el triunfo sobre la estupidez y la infamia para que, ahora, podamos ser otros los testigos del relato de aquella convulsión injusta, injustificada e injustificable. No hubo realmente victoria del fascismo, puesto que su objetivo principal era la idiotez, era el deseo del criminal y corrupto Varela por ver aniquilado al adversario. Pero aquí estamos los descendientes de esos adversarios: lúcidos, acompañando aún a los supervivientes de aquel naufragio de nuestra isla inmortal, de nuestros barrios queridos, que fueron destrozados de dolores y penas. Para contarlo unos y para comprenderlo otros. Pero también es cierto, Pepe, que el veneno del absolutismo, aún después de derrotado, persiste largo tiempo en la filosofía de este pueblo. Y el miedo, mucho más. Creemos que estarás tranquilo si te decimos que hemos entendido el mensaje. Que somos conscientes que vuestra generación está infinitamente contenta por ver que sus descendientes han podido tener una infancia diferente a la vuestra, que no sólo fue muy difícil, sino trágica. Y que, como tú decías, la ignorancia de aquel entonces, no podía atribuirse a la mala suerte, sino a que fuisteis víctimas de la mala leche, que no es lo mismo.

Tu militancia y compromiso con el Partido Comunista implicaba la responsabilidad de combatir la opresión del hombre por el hombre, la injusta distribución de los bienes e impedir los desmanes que provocan desigual reparto de ese otro bien que es la información y el conocimiento. Aborrecías las guerras, denunciabas a esas instituciones con sus líderes carismáticos o sagrados que en virtud de sus prerrogativas fomentaban el miedo sobre la población, la sumisión y, sobre todo, esa figura deleznable que es la resignación.  Queremos agradecerte aquella necesidad imperiosa de escribir, de compartir con rigor el dolor de una de las historias más tristes de La Isla. Agradecer tus madrugadas blancas y mañanas de cabeza caldeada como de haber salido de una pesadilla. En cierta ocasión bromeabas cuando te preguntaban si te ibas a comprar un yate si te daban el premio “Príncipe de Asturias”, y respondías que preferías hacer barquitos de papel con las hojas de tu libro y ponerlos en libertad en el muelle de Gallineras.  Hoy queremos recordarte a ti y a tu obra. Con la mente puesta en quienes yacen bajo la fosa común del cementerio municipal. Un lugar imponente y sobrecogedor. Y es alentador que nos reunamos aquí, hoy, para recuperar el testimonio de “Trigo tronzado”. Gracias a tu libro, los que allí yacen ganaron su última victoria, como el Cid, después de muertos. Ellos pagaron con sus vidas el precio del bienestar y de la justicia que nosotros disfrutamos ahora. Fueron pioneros en una orientación más humana y justa, más amplia y filosófica, evitando supersticiones embrutecedoras, así como el fanatismo destructor. Estos mártires ganaron para siempre la guerra que no quisieron y la paz eterna que recordamos cuando leemos “Trigo tronzado” hoy. Esa victoria ya no hay fascista que nos la arrebate.

Por supuesto, al igual que tú, tampoco pensamos que sus almas estarán en los infiernos, como aseguraban los curas de la época, en el colmo de la estulticia y el fanatismo. Los asesinados por aquellos criminales, adquirieron el derecho a la inmortalidad, y nosotros tenemos el deber de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que este holocausto sea recordado eternamente. Haremos resaltar sus cualidades y virtudes para que sus hijos y nietos se sientan orgullosos de ellos. Referiremos sus frases, anécdotas y su lucha valiente. Y esta historia no sería posible recuperarse sin tu obra, Pepe. Una obra que habla también de la jornada laboral, de la seguridad social, y de la escuela libre, laica y gratuita. Una obra que resalta el vanguardismo y la ejemplaridad de nuestros mártires. Si ya por los primeros años de la década de los 90 escribir sobre ello comportaba un riesgo, hoy debemos seguir asumiéndolo, porque la necesidad de hacer accesible esta parte de la historia es acuciante. Han pasado ya muchos años de aquella barbarie, de aquel laberinto de dolores, presentado como una misión sobrenatural y regeneradora de esencias inmóviles y tradicionales y que militares lúcidos y honestos trataron de impedir, como Virgilio Pérez, o el capitán Espinosa de los Monteros y muchos otros, todos fusilados en La Isla. Con ellos en histórica e inmortal compañía, están el doctor don Cayetano Roldán, el último alcalde republicano y sus tres hijos, don Manuel Barbacil de 72 años y sus dos hijos… hasta más de 120 compañeros. Ya hemos enterrado el odio hacia los ejecutores de estos mártires, pero jamás olvidaremos aquel supremo sacrificio, aunque seamos adjetivados de resentidos y obcecados por el beaterío cegato.

Gracias a tu obra nunca se olvidarán aquellos ocho tiros de gracia, después de la descarga, a las 6:20 de la mañana de aquel aciago día 29 octubre. Diana macabra con la que  se despertó nuestro pueblo, donde os percatabais de aquella barbarie, ausente de algo humano y positivo, nuestra guerra civil, la gran farsa, el gran teatro macabro del siglo XX español, la gran comedia sórdida y brutal, cuyo colofón palaciego fue la denominada “transición”. También tenías razón, cuando decías que, en mayor o menor medida, todos somos responsables de la tardanza con la que se ha afrontado el compromiso con la memoria de los represaliados. Pero de lo que estamos seguros es que la fosa común, esa tierra mezclada con de sangre, dolor y lágrimas será recordada en la Historia de La Isla hasta el fin de los tiempos.  En “Trigo tronzado” tenemos un testimonio único, un primer acercamiento a la Memoria Histórica de La Isla que ya tiene más de 24 años. Un texto que sufrió la ira de aquellos a quienes tuviste la valentía de señalar como gentuza, como criminales, como responsables de aquel horror. Aquellos que se decían distinguidos por las virtudes teologales de la Iglesia Católica, y que no fueron más que burdos y rancios personajes de la peor calaña. Tenían dinero, poder, armas e influencia. Pero no tenían dignidad. En este aspecto, estaban vacíos. No tenían nada. Aquí estamos los descendientes de los fusilados. Los hijos y nietos de los prisioneros por el miedo. Quisieron matar las ideas, cuando no sabía que lo que estaban haciendo era perpetuarlas.


Tu libro viaja en estos momentos por toda la geografía española. Quienes han puesto de su dinero para hacer realidad esta reedición no son sólo de La Isla. Avilés, Sevilla, Granada, Madrid, Barcelona, Vigo, Logroño, Zaragoza, Baleares, Zamora, Bilbao,  León, Salamanca, Barbastro, Segovia, Valencia… hasta Londres y la localidad de Darmstadt en Alemania. De todas esas personas, de todos esos lugares, ha salido el dinero para hacer posible la reedición de “Trigo tronzado”, y con ello, se pone en marcha la recuperación de toda tu obra. Esperamos estar a la altura. Sabrás mejor que nadie disculpar los posibles errores que hayamos podido cometer. Errores que iremos subsanando a medidas que vayamos teniendo constancia de ellos para las próximas ediciones. Porque tu obra, Pepe, ya es imparable, y no hay juez que la secuestre. Esta vez no. Hemos vencido al miedo. Terminamos esta misiva compartiendo y transmitiendo tres líneas de “Trigo tronzado” que bien resumen tu forma de ser: “Nada ni nadie conseguirá que me desprenda de mi rebeldía. Ella ha sido la esencia de mi vida y la prueba de mi sensibilidad ante el dolor ajeno y el propio”. Gracias por tu rebeldía, Pepe. Porque sin memoria, no hay dignidad, compañero.