martes, 20 de agosto de 2019

Estamos locos




Dijo que se llamaba Clemencio. Andaba el hombre por los alrededores de una ermita gallega que se levantaba a la vista del cañón del río Sil. No recuerdo exactamente qué ermita era, hay por allí tantos caminos, sendas, conventos, eremitorios y ermitas que pronto perdí la cuenta de lugares y nombres. Sí recuerdo que no hacía mucho tiempo, alguien sin entrañas y amante de lo ajeno había robado una pequeña talla medieval de granito, la que llenaba la hornacina del pórtico de la pequeña ermita. Por eso derivamos hasta allí, para ver ese sitio tan remoto y tan efímeramente famoso. Entonces era muy sencillo robar estas cosas. Simplemente se encargaba a las personas adecuadas y se hacía. No había vigilancia ni medidas disuasorias, y de esa manera los ricachones sin escrúpulos podían acaparar en su salón una valiosa talla de la Galicia más profunda. Y así hemos perdido un valiosísimo patrimonio histórico rural que debe estar en manos privadas y depravadas.


Clemencio llevaba una boina negra. Calzaba botas de agua manchadas de barro, también negras. Y bajo el brazo, como parte integrante de su ser norteño, portaba un paraguas bastante viejo. Era un gallego profundo que después de un tibio saludo, cuando el hombre descubrió que teníamos oídos para él, se dejó ir… Se che gusta escoitar, estou encantado, dijo. El gusto es nuestro, dijimos, y entonces nos contó mil cosas de las que solo recuerdo una.

Dijo que huyó a Venezuela después del Alzamiento, el de Franco y los moros, y que regresó a la aldea cuando sus padres ya eran demasiado mayores… Agora as cousas non están tan mal, melloraron moito, decía. Mejoraron porque ahora vivía de la subvención que le pagaba la Unión Europea por tener cuatro vacas lecheras… pero, ollo, rapaz, só por telas vivas. No para producir leche, terneros o carne, no. Sólo por tenerlas vivas le pagaban lo suficiente para vivir. E como na vila non hai onde gastar, pues eso…

Cuando Clemencio volvió a la aldea, su cuñada ordeñaba todos los días las vacas de su padre. Luego tiraba directamente la leche a la calle, y se formaba un regato blanco que tardaba un cuarto de hora en remansarse y llenarse de moscas… ¡Pero muller, como o botas isto! Podemos facer queixo. La cuñada le debió mirar sin la menor intención de discutir, y le dejó hacer los quesos que decía.

Clemencio fabricó unos quesos gallegos que no podía vender porque no cumplía las condiciones mínimas de salubridad, y los de la Xunta siempre andaban mirando por aquí y por allí. Las cosas eran ahora así de raras, toda su vida haciendo quesos como los hacía su abuelo y ahora todos te din como tes que facer as cousas, non o entendo… Los comía para desayunar, para comer y para cenar. Regaló quesos a todos los vecinos de la aldea, a todos los familiares que le visitaban, y llenó las estanterías de su casa y de la vaqueriza… y cuando ya no tuvo más espacio para almacenar quesos, comenzó a tirar la leche recién ordeñada directamente a la calle, y se formaban aquellos regatos blancos que tardaban un cuarto de hora en remansarse y llenarse de moscas… talmente como hacía su cuñada.

Le dijimos a Clemencio que nosotros tampoco lo entendíamos. Por suposto, estamos tolas de empatar, dijo mirando al frente y negando con la cabeza.

Sí, locos de atar y corriendo hacia el precipicio con los ojos tapados… ¡Maricón el último!


miércoles, 7 de agosto de 2019

Partidos mutantes



Siempre me interesó el parecido entre los procesos físico-químicos y los movimientos sociales. Por muy aleatorio que parezca el comportamiento humano, a veces, el microcosmos explica el macrocosmos de los hombres. La permeabilidad de las fronteras nacionales, por ejemplo, —por muchas concertinas y muros que se interpongan— se podría explicar como el intercambio osmótico entre los dos lados de una membrana o mejor, como la interfase que separa los estados de la materia… La interfase, ese extraño lugar, con leyes expresas, que separa el agua-líquido del agua-gas. El tránsito de un estado a otro, y el equilibrio que se establece para cada conjunto de parámetros, es una situación tan lógica como fascinante. Aplicar esa lógica a los hombres también es fascinante. Una frontera entre países es esa superficie singular que no separa, sino que establece las condiciones de un tránsito inevitable… y no hay fuerza en el universo que impida el intercambio.



Por otro lado, los biólogos y antropólogos han explicado ampliamente la extrapolación entre las leyes de las comunidades cazadoras-recolectoras del paleolítico con las sociedades actuales. Cada comportamiento del humano moderno, y cada parámetro cultural, tiene un antecedente en el cazador/a, en la sociedad tribal y en la lucha por la conquista del liderazgo… pero, sobre todas estas cuestiones, aplicar el darwinismo a la sociedad actual me parece un ejercicio de comprensión fascinante.

El neoliberalismo, y su sacrosanta libertad de los mercados, es un claro ejemplo del darwinismo social que plantean. Con este concepto de sociedad se establece una lucha salvaje por la supervivencia. Sobrevive el que más vende… y no importa qué cosa venda, ni si es sostenible la producción y venta —tampoco importa si hay explotación esclavista en el proceso— mientras los beneficios sean superiores al año anterior. Y el que no se adapte a esto se extingue. Y si paramos de producir y consumir, el sistema se colapsa y nos caemos de la bicicleta porque habremos dejado de pedalear. La sociedad neoliberal tiende a la extinción del planeta y del Estado, entendido Estado como el garante de las personas que no se pueden integrar en esta dinámica y quedan huérfanas de atención —es decir, son personas que quedan desatendidas por la privatización de TODOS los servicios públicos que debería ofrecer el Estado y que las políticas neoliberales fagocitan para beneficio de unos pocos—. Porque, recordemos, en una sociedad neoliberal, no todos están llamados al bienestar; muchos, medran con las migajas que esparcen los acumuladores de capital, y la inmensa mayoría, simplemente, no caben en este sistema. Sobran y estorban. El neoliberalismo no es un buen sistema para la felicidad de la gente. Habría que cambiar de paradigma, pero yo no sé cómo se hace eso… no sé, tal vez sembrando gota a gota en la conciencia colectiva la necesidad de sustituir la libertad de los mercados por los Derechos Humanos como el eje que mueva el mundo… Tal vez.

Todo lo anterior viene a cuento de la mutación del PSOE, y su capacidad de adaptación al medio, para sobrevivir 140 años (que describe Julio Armesto en un artículo para saltodiario.com titulado Unidas Podemos debe ser destruido). Y, es verdad, hay que reconocerlo. Posiblemente sólo la Iglesia Católica supere al PSOE en la habilidad camaleónica para aparecer como solución de una cosa y la contraria. Describe Armesto la mutación progresiva del PSOE, desde un partido abiertamente revolucionario y marxista, a socialista, socialdemócrata, socioliberal y ahora parece ser un partido liberal de cosmética progresista. Es decir, hoy seria un obediente gestor de lo que hay, pero no un transformador de la realidad neoliberal que nos envuelve.

Sí, ha realizado el PSOE un buen ejercicio de adaptación al medio social y político de cada época. Todos los partidos políticos deben hacerlo si quieren sobrevivir en el tiempo. Y para eso tienen que ser populistas —extraído de este concepto toda carga peyorativa—, es decir, abandonar parte de sus principios y estrategias para alcanzar el poder, y adoptar lo que piden las movimientos populares de cada tiempo. En ese sentido el PSOE también se mimetiza con lo que la gente pide mayoritariamente y por tanto es tan populista como PP, VOX o C’s (que mutan en cada campaña electoral según las circunstancias). Por eso los socialistas pecan de incongruencia cuando tachan de populistas a Unidas Podemos, porque esta coalición tiene unas precisas características izquierdistas desde sus cercanos inicios.  Tan cercanos en el tiempo, que UP sólo ha tenido tiempo material para mutar y adaptar su estética y sus estrategias, pero no sus contenidos… aunque todo se andará. Tranquilos. Todo es cuestión de tiempo.

La probabilidad de sobrevivir que tienen las especies —y los partidos políticos también— aumenta significativamente si pueden exterminar a la especie que le disputa el mismo nicho ecológico… en este caso, el mismo voto. Por eso, si el PSOE quiere seguir medrando en la política española, deberá extinguir a los partidos que surjan a su izquierda. ¿Cómo? Eso da exactamente igual… con buenas o malas artes. Fagocitando a Unidas Podemos en un gobierno de coalición estética, ignorándolo en el relato de los hechos, engañando o manipulando a la opinión pública en su beneficio, provocando las contradicciones de Unidas Podemos hasta su implosión, etc. El caso es utilizar adecuadamente los mecanismos que generan y manipulan la opinión pública, y determinan el voto preciso. Y a cambio de tales servicios, el partido de turno -PSOE en este caso- una vez conquistado el poder político, abonará lo convenido a los agentes que diseñan la opinión. Todo por la supervivencia del partido, como cualquier especie.


Sin embargo, pese a todo lo que parezca, los ciudadanos adecuadamente informados, siempre podremos decir la última palabra que nos susurren al oído. ¿O no?

domingo, 28 de julio de 2019

Viejo brontosaurio



Tengo que reconocerlo, cada día que pasa entiendo mejor a mi suegro. Y eso me desasosiega mucho. No es que comparta hoy sus ideas políticas, lo que comprendo ahora es su estupor por los cambios que ocurren a mi alrededor y que no asumo.

Foto: © Ángel López González.

Él y servidor fuimos civilizadamente beligerantes durante la Transición Política que siguió a la dictadura. Civilizados pero punzantes. Él era —al igual que lo somos todos— la consecuencia de lo que vivió. Había luchado en el frente de guerra con el bando rebelde (nacionalista, se entiende), fue herido cuando rescataba a familiares de las hordas marxistas de Baena. Y luego, en la gris posguerra acabó siendo policía en esa España autoritaria, intransigente y castradora… y no quiero saber lo que pudiera haber visto a lo largo de su vida profesional. Y servidor, que se llevaba a la joya de su casa, era un mocoso que apenas comenzaba a vivir, y representaba justamente los valores que deberían estar vencidos por su lucha de juventud, y eliminados de la faz de la Tierra por el trabajo de su madurez. Los valores por los que él había luchado con las armas en la mano, y que parecían estar enterrados y superados, reaparecían de nuevo en su futuro yerno. Es decir, otra vez la soberanía en manos de la gente, la democracia como método, partidos políticos en danza, debate de ideas opuestas, derecho a la huelga, libertad de prensa, un Estado con derechos y deberes para todos…

Mi suegro estuvo perplejo durante la Transición Política. En su casa se permitía decirme que esto era una memocracia y cuando venía a la mía, yo le hacía dormir bajo una foto del Che Guevara. No entendía qué estaba pasando. No sabía dónde mirar ni a quien recurrir… ¿Para esto había luchado su generación? ¿Para que ahora volviéramos al punto de partida? Estábamos desmontando los valores de su vida hasta tal punto que legalizaron el partido comunista y Santiago Carrillo, ese criminal de Paracuellos, acabó paseándose por la calle abiertamente. Pero ¿cómo era esto posible? ¿No estaba todo esto superado ya? Se estaba convirtiendo en un dinosaurio, en una especie a extinguir porque su hábitat político mutaba delante de sus ojos, y en el nuevo ambiente no cabían ni los autoritarios ni los fascistas.

Hoy me he sentido exactamente igual que mi suegro hace más de cuarenta años. Siguiendo los comentarios de las redes sociales aflora la frustrante realidad de mi pueblo… irreflexión y regresión. Y cuando alguien reflexiona, mayoritariamente, es una reflexión que acaba en justificación de posiciones que merman los derechos conquistados. No caminamos hacia una sociedad que garantice derechos y exija deberes para conquistar el bienestar de todos, vamos hacia una colección de restricciones y prohibiciones que acaban garantizando los privilegios a los privilegiados, en España y en lo global… El fascismo del siglo XXI es el camino que han adoptado ahora los poderes ocultos que gobiernan el mundo. Mi suegro estaría encantado con el nuevo devenir de las cosas… y servidor se está convirtiendo en un pesado y viejo brontosaurio sin ganas de buscar nueva floresta… ¿para qué? Ahí llega el meteorito.

¡Quién puñetas dijo aquello de que la historia se repite en un bucle eterno, joder!

viernes, 8 de marzo de 2019

Acción Ciudadana y el bello sexo, o la mujer como florero


A finales de 1931, apenas iniciada la II República española, faltaba en San Fernando un partido de inspiración y obediencia católica. Algo que aglutinase sin complejos como se dice ahora a las derechas dispersas, e hiciera frente a socialistas y republicanos de izquierda que gobernaban el municipio. Por eso se creó la agrupación local de Acción Ciudadana, con valores ideológicos coincidentes a nivel nacional con los de la futura CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), que dirigirá más adelante Gil Robles. La presentación ocurrió el domingo 20 de diciembre de 1931, en un mitin celebrado en el Teatro de las Cortes, y que relata magníficamente el Heraldo de San Fernando…

…y la mujer fue figura determinante.

Mujeres celebrando la llegada de la II República

Tal agrupación política aglutinaba fundamentalmente a las clases acomodadas de la ciudad, comerciantes, industriales y militares retirados de la Marina —personas de orden y de recta moral, se decía—. Más o menos lo que hoy serían los tres partidos de la derecha carpetovetónica, la que va sin complejos. El mitin fundacional fue un rotundo éxito de concurrencia «…por la valía de las personalidades congregadas, y principalísimamente por la concurrencia del bello sexo, que por primera vez en San Fernando acudió en crecido número a un acto político, evidenciando con ello cómo la mujer isleña se preocupa del porvenir de la Patria…».

Por lo que se ve, no había jornaleros, braceros, cargadores de sal ni albañiles o panaderos en el patio de butacas, ni siquiera en las filas más alejadas… y sus mujeres, tampoco. El cronista, siguiendo con su delirante entusiasmo, explicó que la presencia de tantas mujeres aportaba la encantadora perspectiva de su belleza y, lo que era más importante, dice que ese exquisito perfume de feminidad, hizo que los oradores (todos ellos masculinos, por supuesto) elevaran su discurso, humanizaran sus ideologías y evitaran toda suerte de estridencias…

Presidió el acto don José Cousillas, capitán de navío retirado. Y don Francisco Hierro Benítez, concejal socialista (de cuando el partido socialista era una cosa revolucionaria), asistió como delegado de la autoridad municipal, que era una presencia preceptiva en todo acto público. El señor Hierro se tragó todos los sapos que se dijeron.

Intervinieron varios oradores. Un practicante gaditano llamado don Marciano Martín Gil, que «…con verbo fluido y primoroso saluda con galanes frases al auditorio, y muy en especial a la mujer, a quien dedica párrafos de rendido lirismo que son justamente ovacionados». Continúa explicando el orador que a ellos les repugna el sectarismo de las doctrinas socialistas y concluye su discurso con un «…brioso llamamiento a la mujer, a los jóvenes, a obreros y patronos; a los hombres todos de buena fe para que salven la Patria y los ideales que sustenta la acción ciudadana».

Otro de los oradores, don Luis Pereira Darnell, capitán de Infantería retirado, invocó especialmente a la Virgen del Carmen y apeló a la defensa de la Patria, de la religión, la familia y del orden. También este discurso mereció la ovación de los concurrentes, por supuesto. Finalmente habló don José Llauradó, capellán mayor de la Armada, retirado ya —la iglesia no podía faltar en el aquelarre conservador—, que se quejó de la invasión de la política en los templos religiosos «…apostrofándola [la intromisión] con tal energía que el delegado gubernativo [señor Hierro] llamó la atención de la presidencia sobre la corrección de las formas». Siguió el clérigo, ya con un verbo más suavizado, manifestando la necesidad de defender la civilización de Cristo, el orden y el trabajo. El acto finalizó «…con un grito que hoy resulta espectacular: ¡Por mi Dios, por mi patria y por mi dama!». Mismamente como el mío Cid.

Sin duda, para las derechas de 1931 el bello sexo era un bonito adorno… Para algunos el tiempo pasa en balde.

miércoles, 13 de febrero de 2019

El final de los caminos





Hay una nueva senda que lleva hasta Punta Cantera, ese lugar bello y abandonado en la viejaIsla de León. Los paseantes de San Fernando hemos trazado el nuevo camino sin darnos cuenta. Los buenos caminos, los duraderos, se hacen solos, sin intención, a fuer de soledades… o con buenos compañeros, que nunca se sabe. Los caminos, si son buenos, son eternos.

El que encontré el domingo transita por el antiguo “camino de ronda”, que hace veinte años aún discurría encajonado entre alambradas. A un lado quedaba el exterior, la playa en el borde de la Bahía de Cádiz; y al otro estaban los polvorines de fachada blanca, atestados de municiones para la guerra. Ambas alambradas estaban rematadas con concertinas, esos alambres con cuchillas capaces de sajar la carne como si fuera mantequilla. Las pusieron para que nadie las traspasara y provocara un estropicio con las toneladas de municiones que se guardaban por allí… porque los estropicios los arman quiénes tienen que armarlos, no cualquier terrorista de tres al cuarto. ¡Vamos, hombre!

Y eso debió ocurrir —lo de colocar las concertinas, digo— más o menos cuando murió el Caudillo de todos los españoles, quisiéramos o no. Hoy ya no existen las concertinas, poco a poco se han caído. El tiempo es el mayor corrosivo que se conoce: todo lo disuelve…

Y tampoco hay municiones. Todo en Punta Cantera ha dejado de ser lo que era. Tiene entonces, este bello lugar, el atractivo del abandono, de la soledad, del cambio lento hacia la quietud, las expectativas de las estructuras que se caen, porque caídas son más estables y es su destino… Pasa en Punta Cantera lo que pasa con el universo —y en menor escala, con las catedrales—, que caminan hacia la quietud, el frío y el silencio… y en ese camino hacia la quietud, en ese inexorable camino hacia la quietud, es cuando somos conscientes de que la vida de cada hombre sólo es un chispazo de inestabilidad en el camino equivocado. ¿Hay algo que importe algo, entonces?

Y al fondo, el viejo camino de ronda llega al Muelle para la Pólvora de Su Majestad… que discurre entre las aguas, en dirección al Puntal de Cádiz, desde el siglo XVIII. Ahí sigue, abandonado y resistente. Cada día la marea lo cubre dos veces… su cabecera es un buen lugar para dejar pasar el tiempo y observar y pensar. La marea está baja, y subiendo. Siempre pienso lo mismo ante el grandioso espectáculo de ver progresar una orilla sin causa aparente: que somos insignificantes.




Hace mucho tiempo que no soy capaz de parar y dejar discurrir el mundo. Hoy lo hago sentado en la cabecera del muelle. Ahí detrás, a unos metros, permanece el grabado que dejó el soldado Debreuille el 7 de agosto de 1824, uno de los cien mil Hijos de San Luis que devolvieron el absolutismo al felón Fernando VII. El sol de febrero es tibio y la brisa de poniente es fresca. Un señor busca metales por la orilla con un detector. Una garza real come cangrejos en la orilla. Sólo llegan los sonidos de las gaviotas. Hay dos gaviotas que se pelean por el mismo despojo… no es la primera vez que dos gaviotas pelean por un despojo. Bajan unos jóvenes al muelle y caminan hasta el extremo. Dos de las chicas se besan y se hacen carantoñas en mitad del espigón. Sin pudor. No tienen nada que ocultar. Me alegra ver eso, es un estallido de libertad. Al fin y al cabo, un ser humano ama a otro ser humano, y eso es extraordinario…

El nuevo camino a Punta Cantera, ese lugar bello y abandonado en la vieja Isla de León, también se termina. Es lo que tienen los caminos, todos los caminos que se caminan, que dan vueltas sobre sí mismos en bucles interminables, o llegan a un final…

…y siempre es mejor llegar a algún sitio, al que sea, aunque la vida de cada hombre sólo sea un chispazo de inestabilidad en el camino lento del universo.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

El fracaso de la civilización




Hay mucho de atávico y viejo en la vuelta al fascismo. Y me parece sinceramente que la vuelta del fascismo es el auge de VOX y de ciertos mensajes oportunistas de la derecha española, PP y C’s.

Pintadas a favor de VOX. Foto de Manu García, en La Voz del Sur

Son mensajes sencillos dirigidos directamente al cerebro de reptil que aún nos gobierna en la sombra. Un corpus de ideas-sentimientos que encastran perfectamente con las convicciones firmemente asentadas en la zona irreflexiva del comportamiento… Es sencillo: la tribu está formada por gente reconocible que vive dentro de fronteras inviolables. Que existen símbolos y comportamientos para reconocerse unos a otros dentro de la tribu. Que las fronteras se defienden contra los extraños, porque los extraños no son sujetos de derechos, y nuestros derechos se acaban en las fronteras. Los extraños son enemigos y su simple existencia nos aglutina a nosotros como tribu reconocible. Interesa visibilizar a los extraños porque así afirmamos nuestra identidad tribal. Los de la tribu somos católicos y seguimos sus dogmas y obediencias porque esa es la tradición ancestral del buen español. Los hombres españoles se casan con mujeres y otra cosa no es posible… y si hay desviaciones, se destierra socialmente al desviado. Siempre han existido ricos y pobres, es lo que hay; otro orden social no es posible.

Es fascismo la uniformidad y el pensamiento único y excluyente… esto no es la derecha ni la izquierda, esto es el fascismo con cara de siglo XXI. Es lo que destruye la delgada capa de civilización que construimos con tremendos esfuerzos después de cada retroceso histórico.

Pero, en contra del mensaje fascista de VOX, más allá de las fronteras tribales-nacionales hay seres tan humanos como los de dentro, porque al final sólo hay una gran tribu, digan los fascistas lo que digan. Y en las sociedades hay hombres y mujeres que aman a otros hombres y otras mujeres, en cualquier combinación… y siguen siendo seres humanos con todo derecho a vivir su vida en su propio país, sin ser mirados con desprecio. Y los seres humanos son valiosos, sean mujeres u hombres… y desandar esa conquista de la mujer, que ha llevado milenios de lucha, como apuntan los fascistas del siglo XXI, es un crimen, y los que lo insinúan, unos criminales.

En la democracia formal que hemos apañado aquí, en España, se puede defender cualquier cosa… pero debemos reservarnos el derecho a ser beligerantes (al menos con las palabras) contra los que quieren arrasar los valores inviolables que la civilización ha conquistado. Y esos valores inviolables están en peligro si esta piara de fascistas toca poder.

El fascismo del siglo XXI es la vuelta al mensaje sencillo, directo y sin complejos, dirigido al hígado. Es un mensaje que no necesita reflexión, sólo hay que repetirlo en la barra del bar a todas horas, y si se hace a gritos, mejor. Es el mensaje que repite el cuñao de turno aprovechando la prudencia del resto de la familia que no quiere estropear la reunión…

Es la vuelta a la simpleza de una tribu obligadamente uniforme y brutalmente excluyente. El fascismo es el fracaso de la civilización.

jueves, 8 de noviembre de 2018

El niño que perdió a su maestro



Ha muerto Miguel. Seguramente era su turno. Alcanzar noventa y tres años tiene eso, que te acercan a lo inexorable. Y cuando ellos mueren nos vamos quedando sin testigos directos de la vida que nos precedió. Era Miguel un tío larguirucho que me llamaba tocayo cuando nos encontrábamos… y me encantaba que me lo dijera. Además sonreía con facilidad y eso, sonreír con facilidad, tiene un valor incalculable.

Le conocí en el cementerio de San Fernando. Iba casi todos los días a visitar el nicho de su esposa… y se le alegraba la cara cuando saludaba a los arqueólogos que por allí andaban, hurgando la tierra. Esos jóvenes buscaban a los muertos de su niñez, aquellos que el Régimen de Franco mató de mala manera… porque la niñez, la juventud y la madurez de Miguel estuvieron rodeadas de Caudillos por la Gracia de Dios, de Imperios que caminaban hacía Dios en prietas filas y de Españas, Grandes y Libres.



Miguel se lo decía a esos jóvenes manchados de barro: los muertos están más allá… y allá estaban. Tenía parte de razón. Él había visto esas fosas abiertas cuando se quedó sin maestro. Hacía de esto justamente ochenta años. Yo le había preguntado qué recordaba de esos tiempos y me dijo que un día, su maestro —don José Lucas se llamaba— no fue a la escuela y no volvió nunca… y yo siempre me he preguntado por qué dejó de ir a la escuela, dijo. No me habló de la guerra entre hermanos, de los miedos y susurros de sus padres, ni de penurias, de hambre, de lutos, de piojos y de tifus. Nada de eso me contó. Me dijo, sorprendido aún, abriendo los brazos y dejándolos caer, que su maestro, no volvió a la escuela.

El recuerdo de Miguel me conmovió y me sorprendió. ¿Qué tenía de especial ese maestro republicano? Hubo tantas madres y viudas con el duelo sin cerrar… que lo de Miguel con su maestro resultaba lo mismo: necesitaba un final, una conclusión. ¿Por qué se fue mi maestro? ¿Por qué no avisó? ¿Por qué nos dejó solos? Desde entonces, buscar datos sobre don José Lucas Velázquez se convirtió para servidor en una prioridad. Parte de lo que fui encontrando en archivos se lo conté a Miguel, le dije que había sido concejal del ayuntamiento de San Fernando, que era masón, que lo fusilaron un 28 de agosto de 1936 cuando sólo tenía 28 años; que sus huesos debían estar ahí abajo, a pocos metros de donde estábamos hablando y que dejó un hijo póstumo llamado José Lucas Luque. Y que por eso no volvió a la escuela, porque lo mataron unos criminales que iban a misa de doce todos los domingos y fiestas de guardar.

Hoy sé más cosas del maestro de Miguel, pero ya es tarde. Sé que por mucho que musite las historias a las cenizas de Miguel, no las oirá. Le podría haber contado que su maestro fue uno de los responsables (entre otros, pero tal vez el más decisivo) de impulsar en San Fernando las políticas educativas de la II República. Que desarrolló un programa exhaustivo para sustituir la enseñanza religiosa por una educación laica, alejada de los mundos mágicos que mantenían las mentes infantiles ocluidas y sometidas a la sinrazón. La que imaginaba Lucas era una escuela que educaría —de una puñetera vez en la historia de España— para conseguir ciudadanos libres y preparados para escapar del histórico círculo vicioso: hombres incultos, inhumanamente pobres, criminalmente sometidos a las clases dominantes, y condenados a tener hijos como ellos, pobres, incultos y sumisos a los señoritos de siempre. La escuela que preparaba José Lucas en San Fernando, rompería ese bucle criminal para ofrecer una oportunidad histórica al pueblo oprimido.

Entendía el concejal, amparado por las leyes de la República, que para poder ofrecer en San Fernando una enseñanza laica y liberadora, procedía la incautación por el Estado de los siguientes centros religiosos de la ciudad. Luego los convertirían en centros educativos y escuelas públicas:
  1. Iglesia Vaticana de San Francisco.
  2. Colegio San Juan Bautista de la Salle. 
  3. Hermanas Carmelitas. 
  4. Reverendas Madres Monjas de la Enseñanza. 
  5. Capilla del barrio de la casería de Ossio.
  6. Capilla Evangélica. 
  7. Convento de Capuchinas.
Y después de seguir todos los cauces reglamentarios, el 15 de junio de 1936 ordenó el alcalde, don Cayetano Roldán Moreno, elevar la instancia con tal propuesta al señor ministro de Instrucción Pública. Ese mismo día se cursó el correo certificado. Pero no hubo tiempo para desarrollar el nuevo sistema educativo. Un mes y dos días más tarde, los militares sublevados contra la República, apoyados por la Falange y por muchos curas, y vitoreados por las personas de orden, arrestaron a punta de pistola a casi todos los concejales reunidos en el salón de plenos del ayuntamiento. Los detenidos eran esos extremistas y revolucionarios que habían propiciado tales extravagancias: incautar Iglesias y conventos para convertirlos en escuelas públicas. ¡Por Dios! ¡No sabe uno en qué estaría pensando semejante canalla!

Aún no conocemos cómo lo hizo, pero el concejal Lucas esquivó a sus captores hasta el 10 de agosto. Ese día fue apresado por falangistas… pero no lo encerraron en el Penal de Cuatro Torres, con el resto de sus compañeros. Debió recibir tal paliza que, para que no se les muriera antes de tiempo, lo ingresaron directamente en el Hospital de San Carlos. Dos semanas después lo asesinaron junto a la tapia del cementerio…

…las personas de orden eran así. La osadía de convertir iglesias en escuelas públicas para niños pobres debía ser castigada con ejemplaridad, y lo hicieron. No se perdonaron esas cosas en la vieja Isla de León. El orden es el orden, y si es un orden divino…

Han tenido que pasar 82 años para que el alumno y su maestro se reencuentren. Hoy día, las cenizas de uno y los huesos del otro reposan a escasos cinco metros. Hemos cerrado un círculo interrumpido. Y lamento muchísimo no haber podido contar a Miguel la verdadera dimensión de su maestro… y la de sus asesinos.