domingo, 13 de enero de 2008

Saliendo de las cavernas

A servidor, este insignificante homo sapiens venido a menos, le importa una caraja negra metida en vinagre de Módena que el Papa vuelva la espalda a los fieles en la misa del domingo. Es un asunto que atañe a los que asisten a las misas dominicales, y este no es precisamente mi caso. Servidor siempre ha dicho que la religión debería ser una cuestión personal y privada, porque la cosa pública es para asuntos serios... por tanto, mientras los católicos mantengan sus aquelarres místicos en los templos, su lugar natural, sin molestar, servidor no tendrá nada que decir... por mucha espalda que muerda la feligresía.


Pero si libremente exponen en el ámbito público las consideraciones mágicas de su entendimiento; sus deseos de imponer a todo el país criterios morales restrictivos; su intención de influir en el legislador exigiendo doble obediencia, etc., entonces se exponen a la crítica que merece toda manifestación pública.

Y esta manía que tienen los católicos de imponer sus criterios morales como los únicos aceptables, es un asunto que servidor lleva muy mal... Bien, pues el colmo viene del obispo de Cartagena:



La diócesis de Cartagena va a enviar a los jóvenes católicos de la región de Murcia a la calle para defender los pilares de la Iglesia Católica. "Promoveremos la virginidad hasta el matrimonio o el rechazo al condón y al matrimonio homosexual", dice uno de los jóvenes que se ha ofrecido voluntario para esta especie de brigadas católicas.

...que está el hombre empeñado en remedar a esos guardias de la moral pública, vigilantes callejeros de cuidan de la buena moral de las mujeres iraníes ¡hijos de su santa madre!


Sí. Ríanse los Guardias de la Revolución Islámica Iraní. Lo siento, pero en este caso no puedo decir la chorrada up supra (que me importa una caraja negra metida en vinagre de Módena) Todo lo contrario: me hierve la sangre porque en Cartagena vive mi amiga Mary Guti... entre otros.

Por favor, quedaos en vuestros templos, porque ahí afuera, en lo público, ¡joder! tenemos que vivir todos... con nuestras tonterías y con las vuestras.



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