lunes, 13 de agosto de 2007

Mi gente sorprendente: don Eduardo

Ayer vi pasear a un chiquillo del barrio. Lo conozco desde que aprendió a andar… y ahora está convertido en un adolescente alto y guapo. Iba con su amigo, cogiditos de la mano ytonteando. ¡Oye, me quedé…! No podía retirar la mirada de la parejita feliz. ¿Qué pasaba? ¿Servidor estaba escandalizado? ¿Pero, hombre? ¡Todo el día hablando de tolerancia y derechos y a la primera me escandalizo! Mi compi de la vida me estaba mirando asombrada… ¡pero no por la parejita, sino por la cara que se me puso!

— Nene, cada día te pareces más a tu suegro… — me dijo la puñetera.

FALTA FOTO
Si don Eduardo viera en qué hemos convertido su España...

Mi compi de la vida se regodea cuando dice que cada día que pasa me parezco más a mi suegro… o sea, a don Eduardo, su señor padre, ciudadano de recio carácter, policía desde la posguerra española, que lucía bigotito y certificado de adhesión al régimen. Don Eduardo abandonó sus estudios de derecho para luchar en varios frentes de la guerra civil española. Fue herido en el hombro durante el rescate heroico de su novia, que había quedado en territorio enemigo. Sí, don Eduardo fue un hombre íntegro en sus convicciones, y no tenía el menor reparo en expresarlas… ¡que para eso habían ganado! Como cualquiera de nosotros, mi futuro suegro fue una consecuencia de los tiempos que le tocó vivir…

…y, además, como cualquier orgulloso padre de la niña de sus ojos, enemigo del mequetrefe que se la quería llevar al huerto. ¡Pero, claro, quisiera don Eduardo o no quisiera, a aquella chiquilla había que llevársela al huerto! ¡Qué coño!

Recuerdo que en aquel tiempo, cuando la niña de sus ojos salía con ese melenudo rojo de mierda el mundo se le derrumbaba a su alrededor. Franco moría en la cama y los enemigos vencidos en el campo de batalla volvían a salir con insolencia de debajo de las piedras… y, para colmo, los usos cotidianos, las cosas corrientes, se subvertían y relajaban. Sí, a don Eduardo —y a toda una generación— le costó aceptar la nueva situación de su país.

Y en esto apareció servidor en su propia casa —entiendo que en su inteligencia yo era la representación de los desastres que acontecían en España—, pretendiendo a su niña… así que lo tuve claro: no se callaba ni una, y encima le gustaba tirarme de la lengua y ponerme en situaciones difíciles…

— Esto es una memocracia… je, je, je. — decía, y se quedaba mirando burlón y desafiante esperando mi respuesta.

Y como servidor era excesivamente prudente y me las tragaba todas —jolines, es que estaba en su casa y era el padre de mi chiquilla—, me callaba y miraba para otro lado. Sin duda, don Eduardo debía estar focalizando en ese melenudo subversivo su perplejidad por lo que estaba pasando en su vida… Y yo creo que le gustaba la situación.

Je, je. Pero con el tiempo me las ingenié para que durmiera en mi casa NO bajo un tradicional crucifijo si no BAJO UN CARTEL DEL CHE GUEVARA. ¡Toma ya subversión!

Es que la venganza es un plato que se sirve frío…



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