martes, 11 de agosto de 2015

La 'muerte' de Blas Infante

Han enjaulado a los patos. Antes, cuando se cansaban de su estanque —que a veces parecía una espesa sopa de gusanitos—, atravesaban el parque con parsimonia de ánade, cruzaban la carretera y terminaban en el estanque de la rotonda de las Tres Marinas, que tiene un agua más fresca y limpia. Debe ser por eso. Era gracioso ver la parsimonia con que se tomaban la migración… y la paciencia de los conductores dejándoles el paso.  Luego, al atardecer, volvían a casa.

Pero, tranquilos, que no cunda el pánico, ya están enjaulados en su charca. Ya no son un peligro. Ya no se pueden escapar... Todo bajo control.

Y un poco más arriba del estanque de los patos está el busto de Blas Infante. Era once de agosto, hacía 79 años de su asesinato y los mosquitos estaban esa mañana hambrientos de sangre humana… tan hambrientos como aquellos falangistas que sacaron al hombre de su casa y sin juicio y sin remordimientos lo fusilaron. Creo que hasta hoy día nadie ha pagado por tal asesinato. Nadie, ni ejecutores físicos ni ejecutores intelectuales. Nadie. 


Tres parámetros confluyen en Blas Infante: andalucista, republicano y fusilado a discreción y sin juicio. Y de esos tres parámetros, el que me desasosiega es el de haber sido asesinado por un grupo de salvajes que actuaron con la simpleza que les proporciona la impunidad. Algo hay en la impunidad criminal que me provoca una tristeza física…

…puede que no haya esperanza para los hombres porque siempre repetimos los mismos comportamientos. Siempre.

Mi alcaldesa leyó un discurso excesivamente correcto. A veces me parece que buscar la equidistancia es colocarse en medio de todos, estorbando. Estábamos delante del busto de un asesinado por la barbarie franquista pero el texto pasaba de puntillas sobre el crimen. No se ofendió la memoria de ningún viejo asesino y/o descendiente ideológico de aquellos criminales de camisa azul. Yo no sé si hoy día, aquí, en San Fernando, mi pueblo, alguien se siente o se define descendiente ideológico de aquellas alimañas, pero si existieran, el discurso no los pudo ofender porque no los señaló, nada les recriminó. Mi alcaldesa hablo del futuro, de no utilizar la Memoria Histórica como arma arrojadiza... y utilizó la palabra muerte para referirse a la desaparición de Blas Infante, como si la aséptica palabra nos hiciera obviar el crimen. Muchos o pocos esperábamos que introdujera en el discurso los conceptos de asesinato o, al menos, fusilamiento… Pero me parece que no fue así. Dijo que un 11 de agosto murió Blas Infante. Y, lo siento, su tibieza me dejó sorprendido.


3 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Realmente sorprende...

Saludos

Miguel Angel Lopez Moreno dijo...

Un privilegio verte por aquí, profesor. 👍

Arganthonios dijo...

Y bien muerto que está ese traidor, el daño que ha hecho en el Sur de la Península tardará aún años en ser enmendado.