martes, 2 de junio de 2015

Mi bisabuelo secuestró a mi tío-tatarabuelo

Cuando nació Álvaro, mi primer hijo, comencé a ser consciente de lo efímero de la vida, de la estrechura del tiempo y de todo lo que queda por hacer. En ese momento, entre mi hijo y la muerte nos interponíamos tres generaciones. Y, convencido de lo valioso de los recuerdos, retomé con ahínco el interrogatorio a los más veteranos de la familia.

A Mamina y Mamá Ana, mis dos abuelas, les pregunté por sus recuerdos de niñez, por sus padres y abuelos, por sus travesuras, sus pueblos y por las cosas que contaban sus propios abuelos de sus tiempos de niñez. Y así fui recuperando muchas historias familiares, seguramente tan tergiversadas y alteradas por el tiempo que difícilmente se parecen a la realidad. Historias tan antiguas que parecen fábulas...porque, es verdad lo que decía García Márquez, al final vivimos la vida que recordamos no la que realmente vivimos.

Y así me encontré a Adriano Moreno Grigo, mi bisabuelo materno-paterno. Un notable personaje que nació en Alcalá de los Gazules (Cádiz) sobre 1865.  Las historias familiares cuentan que acabó encarcelado en el Presidio del Monte Hacho, en Ceuta, más o menos en 1900. Contaba mi abuela materna que su suegro Adriano tenía mucho carácter, a ella le había contado él mismo que una madrugada fue a buscar al médico del pueblo porque su hijo pequeño estaba muy enfermo, y el médico le dijo que se tranquilizara, que iría por la mañana. Y decía que cuando llegó, el niño había muerto. Así qué conforme entraba le tiró una plancha de hierro colado a la cabeza. Menos mal que falló y de esa se libró de ir a la cárcel...

Cuentan que era contrabandista. Conducía una reata de mulas, capitaneadas por Romera, a través de los alcornocales hasta el Peñón de Gibraltar. Allí las cargaba de tabaco, café y demás artículos ultramarinos, y volvían por separado hasta Alcalá. La reata por un lado y él por otro. De esa forma la guardia civil nunca lo pudo vincular con la carga y salía indemne. Hasta  qué un día lo pillaron in fraganti en el patio de su casa, cuando recogía la mercancía. El relato familiar cuenta que lo condenaron por contrabando y lo metieron preso en el Penal del Monte Hacho, en Ceuta, dejando en Alcalá a su hijo Manuel (que será mi abuelo materno) con sólo dos años. Pero esta es una historia endulzada. La realidad es más cruda...


La realidad es que Adriano planeó el secuestro del tío de su mujer, Juan Casas Pacheco, un hacendado de dinero y tierras. Por lo visto contrató a cuatro sicarios que lo apresaron a las cinco de la madrugada del miércoles, 19 de agosto de 1896, cuando se dirigía a sus tierras de la dehesa llamada el Lario, cerca del actual cortijo de la Palmosa. Le vendaron los ojos y lo encerraron en una cueva durante cuatro días. Entonces lo pusieron en libertad a condición de entregarles 30.000 reales… Imagino que la coacción debió ser creíble y contundente porque ni el secuestrado ni la familia del secuestrado colaboraron con la guardia civil para esclarecer los hechos. Sea como sea, el jefe de la Guardia Civil de Cádiz se personó en Alcalá de los Gazules dispuesto a proporcionar un castigo ejemplar, y a las pocas horas ya tenían preso a Adriano. Y después de alguna paliza de por medio (los tiempos eran los tiempos y los métodos, los métodos) mi bisabuelo había cantado por peteneras los nombres de los forajidos que le ayudaron a perpetrar el secuestro. Las autoridades judiciales pidieron dos penas de muerte y seis cadenas perpetuas para los encausados... No sabemos cómo se distribuyeron las mismas. Los hechos son que Adriano estuvo en el presidio de Ceuta desde 1900, y sobre 1914 ya era un preso 'liberto'. Podía moverse por la ciudad sin abandonarla.

Cuentan que aprendió a leer y escribir en el presidio, por su cuenta. Y que cuando salió se buscó la vida como memorialista en una mesa del café Kim, allí redactaba cartas e instancias a una enorme masa de analfabetos que poblaba una ciudad en auge porque en esos años se convirtió en la capital del Protectorado español sobre Marruecos. Decía mi madre que cobraba un real el servicio, y que así se fue haciendo con un capital que fue engrosando jugando a las cartas en el Casino Centro Hijos de Ceuta. Se hizo con una finca de ganado en Calamocarro y vivía estupendamente criando y vendiendo reses, cabras y cerdos... Mi madre recuerda que ella y sus hermanos pasaban los veranos en esa  finca, y que durante los bombardeos republicanos en la Guerra Civil, Adriano acogió a muchas familias ceutíes que huían de la ciudad por miedo a las bombas.

Y siguió jugando a las cartas hasta que perdió la finca de Calamocarro y acabo sus días con otra mujer, pobre y en un pequeña chabola cerca del cuartel del Serrallo, criando cabras y vendiendo leche... Mi madre le recuerda en sus mejores tiempos con una enorme barba blanca, vestido de negro, con un sombrero cordobés de ala ancha y una cadena de oro que enganchaba un reloj de oro guardado en el bolsillo del chaleco negro... Todo un personaje Adriano. Sí.

Mientras tanto, en Alcalá, al poco de ingresar preso, había muerto su mujer, y sus hijos habían sido cuidados y criados por la familia de su cuñado... La historia del reencuentro entre el menor de sus hijos, Manuel, y su padre, es otra curiosa historia que otro día contaré. Todo a su tiempo.

2 comentarios:

PACO RIVERA - PACO CEUTA dijo...

Me encanta este tipo de relatos, tienes alguien en la familia parecido a mi abuelo, en lo de perder casas a las cartas; tengo grabadas más de 5 horas hablando con mi madre sobre su vida, y un libro sobre la vida de mi padre; me picó el " quien soy, de donde vengo”.
Y empecé a buscar en mis ancestros. Utilizo dos programas: MyHeritage y PAF (de los mormones), te llevas muchas sorpresas porque averiguas que tus ancestros vienen de muy diferentes lugares, (tú tienes que buscar los datos, el programa te los ordena) pero eso es otra historia, tira hacia atrás viejo amigo, y tendrás algo que darle a VEGA y LEON, y síguenos contando tu historia, eso hace que los amigos se acerquen aún más. Como siempre, tu manera de escribir, para guion de película.

Salvador dijo...

Muy interesantes la historia familiar de tu madre Un abrazo.