viernes, 4 de noviembre de 2011

Lección de humildad - I


Timanfaya, Isla de Lanzarote

Dicen que el anacoreta se llamaba Hilario y vivió en estos parajes durante cincuenta años con la única compañía de su camella. Tantos años rezando por entre las rocas y bebiendo leche de camella —porque otras proteínas, que uno sepa, no hay por allí— le valieron cierta fama… Para dormir se cobijaría en las pequeñas cuevas basálticas, y en tiempos fríos pararía en un lugar que los geólogos llaman anomalía térmica, porque hay una bolsa de magma residual muy cerca de la superficie y por eso la tierra está calentita en ese punto… En el caos de magma fracturado y frío (los que saben de esto dicen que son lavas del tipo “Aa”) sólo crecen líquenes. No hay plantas por encima del musgo, ni hay árboles; apenas algún insecto y no se ven pájaros…


…y pasarán los hombres de hoy —igual que pasaron los de ayer— con sus batallas políticas, sus campañas electorales, sus corruptelas, sus deudas soberanas y todas esas cosas efímeras que ellos consideran vitales… y el campo de las Montañas de Fuego seguirá igual, prácticamente intacto, siguiendo el curso natural de la cosas. Eón tras eón… demostrando la fragilidad del hombre y su prepotencia.

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