viernes, 10 de septiembre de 2010

Quemar libros es una cosa muy fea

Y, seguramente, eso pasa por leer el mismo libro día tras día, en este caso la Biblia. Hablodel reverendo Jones, ese pastor de cincuenta corderos —imbécil a su vez—, de bigote blanco y hablar pausado, que quiere quemar coranes como si fueran las obras de Miguel Servet, porque ha llegado a la conclusión de que el Islam es Satanás, y quemando unos cuantos libros se eliminan los males del mundo…


Sí, seguramente eso le pasa al reverendo por limitarse a leer un solo libro, y creérselo. O sea, pensar que por conocerlo de principio a fin se está en posesión de la Verdad Sagraday de las soluciones para los problemas humanos. Hay que ser imbécil. Sí, señor, hay que estar rematadamente loco…

…y parte del problema es que nada ni nadie ridiculiza pública y abiertamente los comportamientos absurdos ligados a mensajes divinos que solo oyen imbéciles como este. Ni siquiera su presidente Obama es capaz —en atención a la libertad de pensamiento— de llamar idiota a este personaje por la presunción de respetar sus creencias religiosas. Todo lo contrario, se observan y se cumplen todas las liturgias de sumisión a las clerigallas que medran en nuestras sociedades.

Casi nadie con prestigio en este planeta tiene la valentía de llamar a las cosas por su nombre y declarar que las creencias en submundos no pueden interferir la gobernanza de los pueblos (ni mediar el desarrollo científico… recuérdense a Hawking y a Dawkins) Y esto pasa porque las religiones —con independencia de su ridiculez— son unos valiosos instrumentos de sumisión y control…

…hasta que imbéciles como el reverendo Jones intentan meter fuego al bidón de gasolina en mitad del cumpleaños.

Quemar libros es una cosa muy fea, pero forma parte de la libertad personal. En las sociedades democráticas, los individuos pueden hacerlo… en las otras —adecuadamente dirigidas, como todo hijo de vecino— se sienten ofendidos.


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