domingo, 13 de diciembre de 2015

Viaje otoñal: Toros de Guisando

Mi abuela vivía en Ceuta, en un piso construido en los años 20 del pasado siglo. Era un caserón de techos altos y suelos con solería de colores formando figuras. Casi todas las losetas se movían y me encantaba levantarlas para esconder debajo de ellas una perra chica, que eran las monedas de cinco céntimos de peseta. Si Jhon Silver ‘el Largo’ tenía su tesoro en aquella isla, las losetas de mi abuela escondían el mío.

Después de 55 años, el niño tocó con sus dedos la dura piel de los Toros de Guisando…

Por entonces todos los niños enfermábamos de anginas y, cuando eso pasaba, nos metían en la cama durante cinco días, llamaban al practicante para pincharte en el culo algo muy doloroso y los amiguitos iban a visitarte con TBO’s… pero en los ratos de soledad yo jugaba con una baraja de cartas que me abrió la curiosidad por el mundo. En el anverso tenía imágenes de lugares extraordinarios que mi padre me explicaba echándole imaginación y palabras sonoras. Recuerdo especialmente algunos de ellos: la Ciudad Encantada de Cuenca, con esas piedras en equilibrios imposibles; el drago milenario de Icod de los Vinos, en Tenerife, un espécimen propio del terciario (entonces se decía así) que seguía viviendo entre nosotros; un puente en Cangas de Onís del que pendía la Cruz de la Reconquista, y que mismamente era la cruz que iluminó a Don Pelayo contra los malvados moros… y unos toros de piedra que habían tallado los hombres primitivos en un lugar llamado Guisando. Todos esos lugares he visitado hace tiempo… pero a los toros los encontré sin buscarlos en este Viaje Otoñal. Sí… he tardado 55 años en hacer realidad esa curiosidad infantil.  

Íbamos camino de un pueblo abulense  llamado el Tiemblo, con la intención de caminar por su enorme castañar en pleno otoño… y los encontramos. El reverso de aquellos naipes se estaba haciendo realidad.

Por favor, por favor, por favor. ¡Paremos aquí!

Son cuatro esculturas de granito que representan toros o verracos, que opiniones hay para ambas posibilidades. Las esculpieron los celtas vettones en plena Edad del Hierro, entre los siglos IV y I antes de nuestra era. Los vettones fueron un pueblo pre-romano que se dedicaba a la ganadería por las tierras de la meseta, entre el Duero y el Tajo… y sigue sin conocerse exactamente para qué las esculpían. Parece que los romanos las reutilizaron posteriormente. Sea como sea ahí siguen, muy cerca del arroyo de las Tórtolas, frontera natural de los reinos de Castilla y León… por eso este lugar fue elegido por el rey Enrique IV de Castilla y su hermanastra Isabel para firmar el Tratado de Guisando en 1468. Este tratado reconocía a Isabel como heredera al trono de Castilla a la muerte de Enrique… luego las cosas se complicaron, pero esa es otra historia…  

Y así, aquel niño tocó finalmente la dura piel de los Toros de Guisando. Puede parecer una tontería, pero fue importante palparla. No estaba fría, el sol la entibiaba… y saber que más de dos mil años atrás otros hombres las acariciaron hacía especial el gesto. Me gusta pensar que las viejas piedras mantienen parte del alma de los hombres de otro tiempo… ¿me hablarán cuando palpe la piedra? No, no hablaron. Esas cosas no ocurren cuando el niño pasa ya de los sesenta…

…pero uno lo intenta a pesar de todo.


Mis compañeros de viaje no decían nada, pero yo creo que se reían en el fondo… incluso consintieron en pagar dos euros por cabeza para entrar en el recinto y acompañar al niño en la conquista de su sueño infantil. Gracias, amigos.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Viaje otoñal: gradiente antropológico

El viaje comienza cuando lo imaginas por primera vez. Creo que lo desencadenó una foto otoñal de castaños repletos de ocres, amarillos y verdes. Sin sombras, porque el día de la foto era nublado y tal vez orvallaba… Ahora, siempre que veo un castaño, me acuerdo de mi amigo el Gran Golucas. Algún día contaré la historia del Gran Golucas porque no tiene desperdicio.

Santa María del Tietar (Ávila)

El Viajero no anduvo Solitario esta vez, le rodearon amigos y cuando eso ocurre hay que consensuar las voluntades de todos. Mi sobrino Javier, que es muy sabio, tiene un lema muy apropiado, dice: «Ante todo, mucha calma…» y sólo con evocarlo ya me proporciona placidez de ánimo y sosiego para disfrutar de cada instante, de cada centímetro que avanzamos hacia el norte porque nuestros viajes siempre son hacía el norte, no hay otro camino posible porque al sur comienza el mar y servidor es hombre de tierra firme.

Santa María del Tietar (Ávila)

…el placer que proporciona al viajero comprobar el gradiente antropológico que se forma de sur a norte (y también de este a oeste)… es decir, observar cómo el acento de la gente se modifica gradualmente de un pueblo al siguiente. Pero no sólo eso, también los usos y costumbres se van modificando lentamente conforme avanzamos. La arquitectura popular se amolda a los materiales de cada zona… en Guadalajara, por ejemplo, un valle tiene las casas negras de pizarra y el siguiente las tiene roja de piedras ferrosa. En la Vera construyen de una forma y en las Hurdes de otra. Y como estos ejemplos los hay a centenares.

Las balconadas se agrandan o se encogen en función del clima o de los vientos dominantes. Las tejas se colocan de una manera u otra. Las chimeneas se rematan con soluciones totalmente singulares según en qué comarca estemos. En campo abierto, la manera de hacer los muros y las vallas que separan las propiedades también evolucionan… incluso la forma de hacer las bisagras de las portas y la maña para trabar un portalón con otro. Y la comida, la bebida y las creencias. Y, sobre todo, cambia el paisaje humano y físico. Todo cambia conforme viajas porque te traspasa lo distinto.

El medio siempre nos condiciona culturalmente. Todo demuestra una evolución gradual en función del espacio recorrido durante el viaje. Y si eso no pasara, poca diferencia habría entre un pueblo y el siguiente, y no merecería la pena viajar… el contraste siempre es bello, es lo que nos hace mirar con renovada atención las cosas y las gentes...

...y así subíamos de sur a norte.


viernes, 4 de diciembre de 2015

Un estorbo para las élites

Somos demasiados en el planeta. Este sistema de economía globalizada y salvajemente liberal genera una pequeña élite mundial de privilegiados que, para mantener su insultante bienestar, necesita una enorme masa crítica de consumidores pobres, sumisos y obedientes… pero superada esa masa crítica, el resto sobra porque no es rentable mantenerlos vivos.



[…sobran, porque son prescindibles, los trabajadores que murieron en el derrumbe de fábricas en la India y Bangla Desh… que fabricaban ropa para marcas occidentales. Sobran los refugiados sirios que huyen de la masacre y sobran todos los negros de África que huyen de la hambruna, etc., etc., etc. El sistema de economía global se alivia con la desaparición de las enormes masas de personas molestas…]

Somos un estorbo para esas élites porque, además, más temprano que tarde nos convertiremos en un peligro para todos ellos, es decir, para el propio sistema (es una constante histórica)… e intentarán por todos sus medios —y son muchos y poderosos— que nunca tomemos conciencia de dos cosas: de la injusticia intrínseca del tinglado que nos ningunea y de nuestro inmenso poder potencial.

Se ríen cuando nos expropian los derechos conquistados durante todo un siglo de luchas. Nos humillan cuando degradan nuestra condición de hombres libres con trabajos esclavos y precarios que nos convierten en lobos con los de nuestra misma clase. Nos observan, encantados de su poder, cuando peleamos entre nosotros por trabajos y salarios cada vez más insultantes…  Nos insultan y nos desafían cuando convierten nuestros Estados, cuya función fundamental sería amparar a la gente y procurar la igualdad de oportunidades, en canchas para hacer negocios y sálvese quien pueda.

Yo no sé quiénes deben decidir el número de habitantes que la Tierra puede permitirse para la supervivencia de la civilización (tampoco sé si lo merecemos) Seguro que ese número es función de numerosos factores que se me escapan. Pero creo no equivocarme si todo pasa por tomar conciencia de los límites del planeta y, sobre todo, por limitar la codicia de los que ya son inmensamente poderosos y su egoísmo les impide ver los peligros inminentes de un crecimiento (demográfico y económico) sin control… Ese número máximo de hombres sobre la Tierra también es función de una mínima dignidad repartida entre todos nosotros. Y ese es el problema, que el reparto de dignidad en el  planeta no es rentable para los poderosos.

Y esa tarea, como de costumbre —porque los poderosos nunca regalan nada—, habrá que hacerla a sangre, fuego y guillotina. Es la historia, amigo. Uno no inventa nada nuevo.


El 20 Diciembre 2015, en España, NO VOTARÉ a los que jueguen para este sistema de valores. 

martes, 24 de noviembre de 2015

Yhavé, Cristo y Alláh son un problema

Lo más probable es que los dioses no existan. Es lo más probable. Muchos dioses ya están tan superados que hoy resultan una curiosidad antropológica: los del Olimpo, los del Panteón romano, los mesopotámicos, mesoamericanos, egipcios, los germánicos, etc., todos estos están amortizados. Nunca dieron un ruido; sirvieron en su momento con más o menos crueldad o empatía y nadie se peleaba por culpa de ellos. El problema surge con Yhavé, Cristo y Alláh. Estos tres campeones son el problema… —de todos modos, para ser justos, dejaremos aparte a Yhavé, que siempre se ha conformado con ser el único dios del pueblo elegido, sin más aspiraciones propagandistas—. Pero su primera derivada (Jesucristo) y su segunda derivada (Alláh), sí son un problema endiablado porque sus fieles se empeñan en que sean los dioses de todo el mundo, quiera la gente o no quiera.

Lo más probable es que las religiones no sean malas per se. Siempre hay creyentes de buena fe en todos lados. El problema surge cuando un listo la extrae de un contexto íntimo y la utiliza públicamente para justificar lo que le place a él… Es entonces cuando una mesnada de ignorantes le hace caso y le sigue.

Listos siempre hay, e ignorantes ya se encargará el listo de mantenerlos así. Pasó con el cristianismo desde que se alzó con el poder terrenal en las postrimerías del imperio romano, pero, afortunadamente en occidente lo pasamos por el filtro de un siglo de luces y razón, y por una revolución francesa… es lo que les falta hoy a los islamistas, que deberían pasar —vuelta y vuelta— por un siglo de razonabilidad.

Los actos terroristas de París nos demuestra otra vez que las religiones son una excusa peligrosa en malas manos. Y que malas manos siempre las hay… máxime cuando el imperialismo occidental les ha dado a los islamistas grandes argumentos para crear estos monstruos. En esta época les toca a los islamistas ser los exterminadores visibles, como antaño lo fuimos los cristianos… que masacramos con verdadero placer —y justificación celestial— a brujas, judíos, infieles y herejes con tal de conquistar los mundos terrenales. Exactamente lo mismo que hoy hacen los yihadistas, sabiamente dirigidos por los listos de turno… claro.

La bestialidad de estos asesinos llama a la racionalidad del resto. Es decir, racionalmente sabemos que no todos los musulmanes son yihadistas. Pero, en todo lo que está pasando, echo en falta el siguiente paso que sería un salto verdaderamente razonable: la laicidad del mundo. Falta laicidad en el mundo. Falta separar radicalmente la sociedad civil de la religiosa. Falta interpretar la realidad sin el concurso de dioses que premian la docilidad y castigan la rebeldía… y falta poner en evidencia a los poderes que generan y manipulan a los crédulos, sean yihadistas o cruzados, buenos musulmanes o buenos cristianos.

Estos días he visto y oído la soflama de un alfaquí muy  listo interpretando el Corán. Decía a los oyentes (todos hombres, por supuesto) que las mujeres musulmanas SÍ podían depilarse el entrecejo, pero nunca las cejas para dejarlas finitas. No sé… pero si los dioses existieran no deberían preocuparse del entrecejo de las mujeres musulmanas, ni de la anchura de sus cejas… y si se preocupa por esas cosas es que es un dios misógino y muy malamente diseñado, como el Yhavé del Antiguo Testamento. Habría que reinventarlo de otra manera. Hay cosas y opiniones que no son respetables, vengan de donde vengan.
Lápida en el Oratorio del Pópulo, Cádiz

Pero no hay que irse a lodazales ajenos. Servidor, educado en plena vorágine nacionalcatólica española por los listos de turno, ha creído fielmente cosas que hoy resultan desternillantes, he creído a pies juntillas tonterías a cual más indecente y criminal… más estúpidas incluso que las dimensiones adecuadas para el entrecejo de las hermanas musulmanas.

El mismo día que escuché al experto en entrecejos islámicos, visité el Oratorio de la Virgen del Pópulo, en Cádiz, y pude leer una lápida que explicaba que el papa Benedicto XIV había entregado una bula (1755) por la que por cada misa que se celebraba en tal capilla «…se saca un alma del purgatorio todos los lunes y viernes…» y que luego vino otro papa, Pío VI (1795), con otra bula para completar la semana «…en cada misa se saca un alma del purgatorio todos los domingos, martes, miércoles, jueves y sábados…»

Juro por Dios que esto no es un chiste... Es real.

Si los dioses no existen, que es lo más probable, no sé cuál de los dos insultos a la decencia del ser humano es más grave, el del entrecejo depilado de las musulmanas o este truco para sacar almas del purgatorio.

Sí… además de castigar a los criminales y cortar los cauces de financiación del Estado Islámico, aquí, en nuestra casa, deberíamos dar pasos hacia una sociedad más razonable. Sobran comportamientos a-racionales y también falta laicidad en este mundo. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

…por la culpa de unos muertos

Acabo de oír que el municipio de Calasparra desea recuperar la basura espacial que cayó en sus campos hace unos días. La quieren exponer públicamente para atraer a curiosos y sacarle una pesetillas a la cosa…

 

…y eso me recuerda aquella desastrosa restauración del Ecce Homo del Santuario de Misericordia de Borja (Zaragoza), que al final era tanta la gente que quería ver el desastre que tuvieron que pedir un euro por cada vistazo a la obra.

Calasparra y Borja, dos pequeñas poblaciones españolas que se agarran a un clavo ardiendo para buscar incentivos y atraer visitantes. En ambos casos les cae del cielo (nunca mejor dicho) una ocasión que no desaprovechan, por minúscula que sea…

…y, sin embargo, aquí, en San Fernando, la vieja Isla de León, hemos descubierto, en el antiguo Polígono de Tiro Naval Janer, OTRA necrópolis fenicia. En este caso tiene (creemos que tiene, porque existe un secretismo notable sobre el informe arqueológico preceptivo) cerca de cuarenta estructuras funerarias y varios alfares fenicios y romanos, concentrado todo eso en pocos metros cuadrados…

…que vamos a dejar enterrados porque quieren construir OTRO jodido y vulgar parque empresarial y comercial justamente encima. Pero el colmo de la estupidez es que ya tenemos en la ciudad dos parques industriales vacíos y sin actividad, y tenemos en el entorno de la ciudad no-sé-cuantos centros comerciales… Servidor conoce y comprende cada vez menos cosas, pero veo que aquella linde de expansiones burbujeantes se ha acabado, y veo que los tontos siguen en sus trece. Siguen pensando que progresar es construir castillos en el aire sin que exista en el suelo-real una pujanza empresarial sostenible.

 
Los amantes de San Fernando. Necrópolis neolítica del Campo de Hockey

Son notables las voces que se alzan contra la estulticia de ningunear el yacimiento de Janer, pero por lo que se ve, los intereses económicos de unos, y la demagogia de algunos políticos, se superponen a la visión de un futuro económico radicalmente sostenible. Basado en lo que realmente enriquece a San Fernando y nos hace singulares: nuestra historia y el patrimonio histórico que la nutre (sin olvidar un Parque Natural extraordinario)

En eso sí que somos afortunados. No tenemos que esperar que nada nos caiga del cielo. Lo tenemos enterrado en nuestro suelo. Y eso es, en buena lógica, lo que deberíamos potenciar en pos de un futuro mejor. Pero no… el ex alcalde dijo en su día que por culpa de unos muertos había que retrasar las obras de un parque empresarial para el que no hay empresas. Y, por su lado, la actual alcaldesa, por el momento, ni está ni se la espera en la defensa del patrimonio arqueológico de Janer. ¡Ojalá me equivoque!

Y no es la primera vez que ocurre esto en San Fernando. Ya tenemos OTRA necrópolis, esta del neolítico, de hace 6000 años de extraordinario valor histórico y visual… enterrada debajo de un vulgar campo de hockey.

Y servidor sigue sin entender…

domingo, 8 de noviembre de 2015

El espía español tiene una sonrisa encantadora

Publicado el 8 de noviembre de 2015 en el periódico digital El Castillo de San Fernando

Nos han impuesto un corsé intelectual que condiciona nuestro entendimiento. Lo hace la familia, la sociedad, la religión… Es un filtro de estampas, de poses y de ejemplos que determinan cuales van a ser nuestros valores y nuestra ideología. Simplemente tiene que ser así. Es inevitable transmitir a los hijos nuestros propios convencimientos y, sin quererlo, también nuestra frustraciones…

Pero, frente a esta impronta que condiciona nuestra visión del mundo, deberíamos, llegado el momento, aplicar el conocimiento adquirido en la vida y, si nuestra educación ha sido correcta, aplicar inteligencia crítica sobre las convicciones iniciales. Si no hacemos esto, viviremos siempre en una sociedad estancada, sin evolución y esencialmente gris.

Aplicar la revisión crítica a cualquier convicción social es el mejor seguro para progresar como sociedad…


…hoy he visto que en mi ciudad se ensalza la crueldad como algo normal, valioso y estético. Por primera vez en mi vida, harto de ver el mismo conjunto escultórico cientos de veces, he sido consciente del penoso espectáculo que ofrece. La revisión crítica personal ha podido finalmente sobre el poso cultural que nos condiciona: si me enseñaron que el torero matando a un toro es arte, hoy lo percibo como un crimen.

Pero esto es sólo un ejemplo pequeño. Hay miles de asuntos que aceptamos como valores indiscutibles…  Estamos hartos de ver y oír en las series y películas norteamericanas que los patriotas tienen que «tomar decisiones», sin importar cuales sean, para defender el modo de vida americano, es decir, para que el imbécil de turno pueda seguir comiendo hamburguesas y despilfarrando recursos insustituibles  en su Arkansas natal… Ayer mismo vi a Meryl Streep, metida en el papel de madre de candidato a la presidencia de ese Gran País, decir que su padre (que debía ser otro patriota) «no iba preguntando por ahí qué estaba bien y qué estaba mal, simplemente tomaba decisiones…»

Y ese concepto indecente que consiste en aceptar que en política no puede haber ética («si eres paloma te comen los halcones»), se ha convertido en una verdad indiscutible en casi todos los aspectos de la vida… Pero no hay que irse lejos, lo tenemos aquí…

El espía español del CNI tiene una sonrisa encantadora. Es un hombre que cae bien al instante. Cautiva desde que abre la boca y desgrana un discurso sosegado y apacible, plagado de sonrisas…

«El 15 de abril de 1986, las fuerzas armadas norteamericanas desarrollan una operación denominada El Dorado Canyon. Bombardean Libia, varias ciudades y bases. Y yo estaba allí»

Así comenzó una charla encaminada a desfacer entuertos y malos entendidos sobre la inteligencia española. Dejó clara tres cosas: que es indispensable tener una inteligencia en el mundo real; que en este negocio no hay amigos o enemigos, sólo hay intereses puntuales y cambiantes; y que hay que ser un «idealista» y un «patriota» para dedicarse a esto. Ese idealismo y ese patriotismo es precisamente lo que deberíamos revisar críticamente.

Lo presentaron como un hombre íntegro, desprendido, dado a ayudar a cualquiera, miembro de varias asociaciones cristianas, etc. Lo que dijeron de él y lo que se vislumbró mientras hablaba diseñaban a un señor ciertamente singular. Estoy sinceramente convencido de ello. Personalmente me cautivó este hombre.

…pero no dijo qué hacía en Libia el 15 de marzo de 1986, mientras la aviación de Estados Unidos lanzaba bombas de dos toneladas buscando matar a Gadafi. No le importó a Reagan si en el intento murieron civiles y una hija adoptiva de coronel. El ex actor tampoco se preguntó si estaba bien o mal, los patriotas no andan perdiendo el tiempo haciéndose preguntas, para eso están los filósofos y los moralistas, simplemente tomó una decisión… exactamente igual que hizo Gadafi cuando ordenó poner bombas a diestra y siniestra. Lo mismo hacen los israelíes cuando pulverizan un edificio de cinco plantas en Gaza si detectan que dentro puede estar algún líder de Hamás… y si hay vecinos, no es su problema. Y como estos adalides de la libertad y decencia, tenemos miles de idealistas patriotas islamistas dormidos y esperando la orden de inmolarse porque dicen que Alá es grande…

No, nuestro espía no dijo qué hacía en Libia porque no puede ni debe decirlo. Tal vez porque inherentemente todas estas tareas sean un secreto inconfesable.

¿Qué ética justifica el comportamiento de nuestros espías y de nuestros políticos? El espía español no habló de la moral que justifica un asesinato preventivo, habló de intereses, de asuntos radicalmente pegados al suelo, sin ensoñaciones idealistas de buenos y malos… No se puede ser ingenuo en este mundo, y el que lo haga se extingue en un cuarto de hora porque una paloma no sobrevive a un enjambre de halcones. Hace poco escuché a un militar español —también relacionado con cuestiones de inteligencia— decir abiertamente que para ser alguien en política internacional hay que poner muertos españoles encima de la mesa… ¿cómo creemos que tenemos un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas? Pues con soldados españoles muertos en Líbano, Afganistán, Irak… así se consigue estar donde se deciden las cosas, en las mesas donde se reparte el pastel del mundo y donde el imperio reparte los premios a la lealtad. Y así, con soldados españoles muertos es como se construyen trenes españoles en Arabia Saudí, o centrales solares en no-se-dónde… con soldados que mueren pensando que lo hacen por su patria, con familias que lloran suponiéndoles héroes que defienden causas nobles. Pero no hay nobleza en presentar muertos para quedarse con un negocio en un país de sátrapas. Hay algo que huele a podrido en todo esto. No hay moral… y no me refiero a una ética basada en principios religiosos, me refiero a un comportamiento amparado por unos derechos humanos mínimos y aceptables por todos… que se oponga a la ley del más fuerte.


Como especie deberíamos superar este darwinismo social y despertar a un comportamiento cooperativo, o no tendremos arreglo.

jueves, 29 de octubre de 2015

Miles de muertos yacen en el Cementerio de los Soldados




«Hay en San Fernando, a orillas de la Bahía de Cádiz, muy cerca de la llamada Casería de Osio, un cementerio olvidado pero repleto de historias y de algún héroe anónimo»

Parecía la cabeza de un fémur humano pulido por el mar. Había perdido la superficie ósea y se apreciaba la filigrana esponjosa del interior. Lo encontré en la orilla de la bahía, detrás del Cementerio de los Soldados (…de San Carlos, de los franceses o de la Casería, que de tantas formas se nombra) Lo más probable es que perteneciera a un soldado o marinero español fallecido en el Hospital de San Carlos durante el siglo XIX. Es lo más probable.



Hay más de cinco mil setecientos muertos enterrados en ese camposanto de la Isla (5.782 exactamente) Fue un cementerio católico, y hoy apenas es un solar abandonado y rodeado parcialmente de muros ruinosos. No tiene cruces, es un camposanto sin lápidas y sin epitafios. Nadie lo visita cada primero de noviembre. Nadie limpia los nichos… porque los nichos se derrumbaron hace lustros. Nadie lleva flores ni llora a sus muertos, porque nadie recuerda a los difuntos que allí reposan. Los restos de todos ellos forman parte de una tierra que nutre la matalahúva que crece salvaje en el solar. No tiene puertas el Cementerio de los Soldados, y el calor lo abrasa, y los vientos lo barren, y la lluvia lo empapa…

No sabemos quién tuvo el dudoso honor de inaugurarlo. Podríamos suponer que fuera el primer prisionero francés que falleció el 20 de febrero de 1809 en el recién abierto Hospital de San Carlos (centro sanitario provisional que se habilitó expresamente para atender a los prisioneros franceses, y evitar así un desastre humanitario en las poblaciones de la Bahía de Cádiz) Este anónimo primer inquilino del cementerio pudo ser un marinero rendido con la escuadra del vicealmirante Rosily o algún soldado del general Dupont derrotado en Bailén. No lo sabemos. Lo que sí aseguramos es que fue uno de tantos franceses que padecieron el penoso encierro en los pontones-prisión anclados en mitad de la bahía gaditana.

Los dos primeros enterrados en el Cementerio de los Soldados, de los que tenemos conocimiento, murieron el primero de agosto de 1809 en el Hospital de San Carlos. Ambos, el sargento Jean Pinot, preso en el Cuartel de San Carlos, y el soldado Jean Brull, prisionero en el pontón Terrible, fueron atendidos de sus enfermedades en dicho hospital —condición indispensable para ser enterrado en su cementerio asociado—. Un total de trescientos trece franceses se inhumaron en él entre agosto de 1809 y febrero de 1810… y nada los recuerda. Ni una cruz, ni una lápida, ni un hito. Nada.

Y cuando en febrero de 1810, el mariscal Víctor puso sitio a las islas gaditanas, todos los prisioneros franceses, sanos o enfermos, fueron devueltos a los pontones. El Hospital de San Carlos se desalojó y se preparó para atender a los heridos españoles. Pero curiosamente, el primer muerto registrado no es un soldado, sino la hija de un empleado del hospital: Matea Callejas. Natural de Robledillo, huérfana de padre e hija de Manuela Cubillo, que se había casado en segundas nupcias con José Hernández Thomé, comisario de sala de dicho hospital. Matea falleció el siete de abril de 1810.

Y después de Matea el Cementerio de los Soldados acogió, entre 1810 y 1911, a 5.468 españoles fallecidos. Y entre ellos a los más de novecientos muertos en la defensa de La Isla de León durante el asedio francés de 1810 a 1812. Estos, y muchos más, defendieron la independencia del reino «…cuando España era una isla». Todos ellos cayeron mientras a sus espaldas se gestaba la primera constitución de nuestra historia. Y nada los recuerda en la vieja Isla de León. Ni siquiera un pequeño hito en el cementerio que los acogió rememora su sacrificio. Nada.

Reposan en la tierra del cementerio una veintena de franceses pertenecientes a los Cien Mil Hijos de San Luis; cinco hermanas de la Caridad; tres ahorcados y descuartizados; mujeres, niños, y también reposa Alberto Diz, un pobre mozo que trabajaba en la botica del hospital, y que cayó al pozo de la cocina el uno de enero de 1857. Mal empezó el año para el pobre Alberto. Y hay enterrado un pobre chaval de catorce años, aprendiz de carpintero, que se cayó de las gradas del arsenal mientras trabajaba en la reparación de la fragata Princesa de Asturias. Así mismo están inhumados en nuestro cementerio más de quinientas víctimas de la epidemia de fiebre amarilla de 1819; y más de setecientos prisioneros carlistas que murieron de enfermedad entre 1837 y 1841. ¿Qué hacían esos prisioneros carlistas en la Isla de León? Sí, hay muchos muertos y muchas historias enterradas en el Cementerio de San Carlos… y nada los recuerda.

El último enterramiento del que tenemos constancia documental ocurrió el seis de septiembre de 1911. Ese día el capellán del Hospital de San Carlos, don Daniel Burgos, mandó «dar sepultura eclesiástica en el cementerio del establecimiento al cadáver de Manuel Teiro Muiños», un gallego de Sada que fue marinero de la dotación del Carlos V. El pobre había muerto el día anterior de fiebres tifoideas. Tenía veinte años y era soltero.

Y ojalá el pobre galleguiño fuera el último enterrado en el viejo cementerio. Ojalá, porque si los muros hablaran conoceríamos la áspera voz de los fusilamientos, y tal vez pudiéramos poner nombre a los republicanos muertos, víctimas de una represión criminal que permanece impune. Hombres asesinados sin juicio y echados tal vez al osario común. Nunca sabremos con seguridad quienes fueron los últimos enterrados en este viejo cementerio… y nada los recuerda. Nada.

Este camposanto es un valioso patrimonio histórico y cultural de San Fernando. Está declarado Bien de Interés Cultural y Lugar de Memoria Histórica por la Junta de Andalucía, pero su ruina es un homenaje a la desidia general y un reto a la imaginación reconstructiva. Es un camposanto sin cruces, sin lápidas y sin epitafios. Más de treinta y una toneladas de huesos humanos reposan en ese solar, pero no hay nada, ni el menor hito, que los recuerde. Y todos esos muertos merecen respeto y nuestra memoria. ¿Seremos capaces de hacer lo necesario?