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domingo, 8 de octubre de 2017

#Hablemos. Doce caballas valientes.

En Ceuta, la pequeña ciudad española del norte de África, sólo una docena de personas se vistió de blanco el día seis de octubre de 2017, y salió a la calle a proponer que #Hablemos entre nosotros, los españoles. Sin banderas, porque últimamente las banderas son armas que destrozan países; sin puños ni brazos en alto, porque ya no sirven para saludar, sino para amenazar; sin lemas coreados, que sólo consiguen adormecer tu propio criterio a fuer de griterío. Su presencia era una invitación para hablar y solucionar los problemas que tenemos los españoles, de esa manera, hablando. Porque “queremos un país mejor y no uno infinitamente peor”. Esa docena de ceutíes se reunió siguiendo la convocatoria de un manifiesto que pedía que la gente hablara y demostrar así que nosotros, el pueblo, somos mejores que los políticos que dicen representarnos…

…pero Ceuta es especial. Siempre lo ha sido. Una isla rodeada de agua y empujada por detrás por un país hostil. La salvación de Ceuta es, para la población de origen peninsular, sentirse infinitamente más española que la de Zamora… Tal vez así se pueda compensar la creciente e incontenible población española de origen marroquí que se siente mucho más vinculada a Ceuta, como tal entidad política, que a España. Y de esa falta de integración, entre ciudadanos de distinto origen cultural, todos somos culpables. Buena parte de la población de Ceuta es, en mi opinión, mayoritariamente españolista (en el sentido más peyorativo del término), intransigente y filofascista.


Los comentarios que generaron esta noticia de “Ceuta al Día” en las redes sociales son tristes. Vuelco algunas (una vez corregida la ortografía):

Jacob Grimm La de majaras que hay en Ceuta, madre mía. La mayoría fijo que no se ha tomado la medicación esta mañana.
Carmen Ferron Garcia Que salga la legión pa ya y nada de discusión joer.
Teodoro Sanchez Mateo ¿Fiesta ibicenca?
Mario Torres Por primera vez estoy de acuerdo con Alfonso Guerra: no se habla con golpistas.
Francisco Jose Macias Lozano ¿El vestirse de Blanco es en SOLIDARIDAD CON LAS DAMAS DE BLANCO DE LOS REPRESALIADOS DEL RÉGIMEN CUBANO Y VENEZOLANO? Vaya telita lo que queréis para NUESTROS HIJOS
Francisco Jose Macias Lozano GOLPISTAS, A COMER GARIBOLOS. NO HAY QUE DIALOGAR CON GOLPISTAS, SOLO LA CÁRCEL

Etc., etc. Parece que a los hombres (no ya a estos ceutíes que comentan, también a los españolistas y catalanistas) nos fascinara la posibilidad de un conflicto social y físico. Nos atrae la violencia como la luz a los besugos…

Pero esta es una confrontación física inventada por otros y desarrollada y propagada inconscientemente por personas como las que hacen estos comentarios… simples correas de transmisión de las opiniones difundidas en los medios de difusión comprados-pagados por los poderosos. Los vecinos de cualquier ciudad de España conviven mejor o peor, y normalmente siempre prevalece la cordura… son otros los que nos crean los conflictos para incrementar sus ganancias. A esos, mejor marginarlos, defenestrarlos intelectualmente y superarlos. Y entre nosotros debemos hablar. La democracia también implica que el otro tiene, siempre e inevitablemente, una parte de razón, aunque sea una parte microscópica de razón, y aceptarla… y continuar con el diálogo a partir de ese pequeño acercamiento, con la misma premisa: algo de razón tiene el otro, hablemos, sentados, con las manos encima de la mesa y sin gritar.

En todo el proceso de la identidad de los pueblos de España siempre me he preguntado: ¿Qué puñetas tiene que ver un ceutí, o un señor de Cuenca, en cómo se gobiernan los catalanes?

En todo caso: ¿Lo hablamos?

viernes, 6 de octubre de 2017

Quiero levantar mi patria, un inmenso afán me empuja…


Vi cómo unos hombres quemaban vivo a otros hombres. Ocurrió en Nigeria. Uno de ellos estaba tan exhausto que ya no tenía fuerzas ni para gritar. Sentado en el talud de tierra, dejaba que ardieran sus ropas sin pelear contra las llamas. Abría y cerraba la boca buscando aire sin emitir sonidos. Un numeroso grupo de hombres negros, empleando una violencia extrema, quemaban a otros hombres vivos y se reían del sufrimiento extremo que les provocaban. No tenían la mínima misericordia ni sentían la menor empatía. Disfrutaban haciéndolo. No había diferencias físicas entre los asesinos y los asesinados. Todos me parecían hombres negros de Nigeria. No sé qué señas de identidad determinaba que unos merecieran morir quemados y otros sentir placer con el suplicio del otro. Aparentemente eran exactamente iguales…

…no sabía en ese momento que eran musulmanes quemando a cristianos, y que ese era el motivo que los diferenciaba. Étnicamente pertenecían al mismo grupo racial, pero a tribus culturales distintas, y eso justificaba lo que estaba pasando. El aprendizaje social, que debería funcionar como contención para la crueldad, se transformaba precisamente en motivo para justificarla. El hombre es un lobo para el hombre.

De nada les había servido, a estas alimañas, los cinco mil años de civilización para encorsetar un comportamiento atávico, ni habían desarrollado en su psiquis elementos inhibidores de la crueldad. Simplemente habían vuelto en un instante a las cavernas —aunque dudo que los hombres de las cavernas fueran así de despreciables—. Saltaban y reían salvajemente, sin control y sin normas. Lo espeluznante de la escena era verlos sin culpa, impunes y sin remordimientos.

Su extrema crueldad me hizo desear exactamente lo mismo para ellos. Me temo que frente a estos comportamientos es fácil pensar que empleando la misma crueldad se podría cortar de raíz la crueldad que observamos en los otros. Y entonces, llegados a ese convencimiento, es cuando habremos retrocedido a tiempos del homo erectus. De nada habrá servido la difícil convivencia de siglos; ni la evolución del pensamiento humano; ni las preguntas planteadas por hombres sabios y las respuestas que nos han ofrecido en estos siglos. Todo tirado al estercolero en cuanto aflora el cerebro de reptil que llevamos a flor de piel… ¡Y qué fácil es! ¡Y qué patéticas resultan las patrias culturales o étnicas cuando sirven para justificar lo más primario de nosotros mismos!

Y aún es más triste comprobar que no hay que retroceder a las cavernas. Ayer mismo, los clérigos de la civilizada Europa ritualizaban el mismo tormento: quemaban vivos a otros hombres porque no compartían exactamente sus creencias. Y hoy, otros clérigos de barba negra y túnicas blancas, animan a quemar vivos a los cruzados infieles por la misma razón: son distintos… homo homini lupus.

Pero no sólo lo vemos en la vieja historia, la vida diaria, está plagada de crueldades humanas. Me temo que cualquiera de nosotros podría llegar a esos extremos porque la costra de civilización que inhibe nuestro cerebro de reptil es muy delgada. Basta rascar un poco para que afloren las mil formas la crueldad que llevamos instaladas en los resortes neurológicos del placer…



…y entonces, azuzados por algún iluminado, reaparecen los nacionalismos con sus patrias de colores que excluyen al extraño. Y afloran desde debajo de las piedras los patriotas que se enfundan en sus banderitas para justificar que los Otros son distintos. Y, no se sabe muy bien por qué —tal vez porque se visten con otra bandera—, no sólo es que sean distintos, es que son enemigos. Y a los Otros les pasa lo mismo, que imaginan una patria en la que solo caben ellos…

…con qué facilidad emergen los fascismos, esa ideología que diseña una patria ad hoc y hace de ella su único y monolítico discurso. Una y otra vez, cuando concurren las mismas condiciones históricas, económicas y sociales, aparecen las naciones-patrias-paraísos con sus miles de banderitas al viento para cegar el entendimiento y apelar a lo más primario. Las patrias creadas, inevitablemente, por definición, imprimen en sus patriotas el germen de la primacía y olvidan que los hombres tienen derechos y deberes por ser hombres no por ser catalanes o españoles, por ejemplo. Y en última derivada, esas patrias-paraísos sirven a los simples para justificar cualquier crueldad física, ética, emocional o política contra los Otros

…españolistas y catalanistas. Nuevos carcamales, que por no tener, ni siquiera tienen un Caudillo como Dios manda.


viernes, 25 de septiembre de 2015

Nacionalismos

No me gustan los nacionalismos. Me parece que los ciudadanos tenemos derechos y deberes por el simple hecho de ser ciudadanos, no por ser oriundos de uno u otro país. Nadie decide donde nacer. No podemos evitar ser de Ghana, Siria, Estados Unidos, España, Cataluña o cualquier otro lugar. Ser de un sitio o de otro no debería añadir ni quitar ni un solo de los derechos y deberes que todos tenemos como seres humanos. La condición de individuo debería ser el centro de todo el debate, y no su pertenencia a una nación, estado, grupo ético o nacionalidad, porque ya no estamos en las etapas infantiles de la sociedad, donde la nación, como trasunto de la vieja tribu, era un invento impostado y útil. Hoy ya sabemos que la nación es un concepto modelable a voluntad de una élite, y útil para los que se benefician de tal concepto, no para el común de la gente. En mi parecer cualquier individuo es mejor que cualquier concepto decimonónico. 

…pero, nos gusten o no, existen los nacionalismos. Están ahí. Cada uno se siente más identificado y en armonía rodeado de los suyos, de los de su misma cultura, de los que defienden los mismos valores. Sí, están ahí... y se asume. Es inevitable. Pero lo que no soporto es cuando un nacionalismo se reinventa hasta creerse mejor que otro. 



No entiendo que los ciudadanos de Cuenca (Cuenca o Tetuán, por poner ejemplos) tengan que decidir cómo tienen que gobernarse los catalanes… por mucho que la constitución así lo diga. No soporto que algunos descerebrados nacionalistas catalanes provoquen a los legionarios en su sede de Barcelona. Y no soporto que estos cavernícolas se arropen de banderas nacionalistas españolas y entonen su necrófilo himno en el metro de Barcelona. No soporto a mis conocidos que llevan años boicoteando los productos catalanes… porque con españoles de ese talante se entiende que los catalanes se quieran ir del estado español. No me gusta que los catalanes se inventen una historia ad hoc para crear nacionalistas catalanes como rosquillas insípidas. No me gusta que amigos y conocidos apelen al ejército como garantes de una pretendida sacrosanta unidad de España. Parece que están deseando ver a españoles reprimiendo a catalanes porque no se sientan españoles. Y eso pasa con el plácet de una constitución que sirvió en su momento, pero que ahora está superada. Ni me gusta ver a algunos de nuestros militares (aunque sean tres gatos) recordando entusiasmados cual es su función constitucional: mantener la unidad de España… y yo me preguntaría si hay que mantenerla por encima de la voluntad de un pueblo. La tarea constitucional de nuestro ejército debería ser mantener nuestra seguridad y defendernos de un enemigo externo, la pena es que está a sueldo de políticos nacionalistas que no quieren comprender otros nacionalismos tan ridículos como el suyo. Porque una cosa es que muchos o pocos catalanes sean unos antipáticos nacionalistas que se quieran marchar, y otra es que sean mis enemigos. Por mucho que lo diga la constitución, la unidad de una nación no se puede mantener a cañonazos… y si lo dice, hay que cambiarla.


...si en un piso cohabitan diez personas y dos se quieren marchar, no hay referéndum que valga. Si no hay posibilidad de convivir, se irán a otro lado. Cualquier otra componenda es un secuestro.

martes, 19 de marzo de 2013

Cartas al viento

Mi amigo Pepe va a presentar un libro que habla de dos homosexuales que viven separados por el Estrecho de Gibraltar (“Cartas al Viento”, de Joaquina Cañadas)… y he recordado a algunos de los que vivieron en nuestro barrio, entre nosotros. De Fulanito, de Menganito, de aquel otro… Eran gente cercana, parte del barrio y de su vida cotidiana. Pero los que nacimos en mitad del siglo XX también hemos visto cosas que hoy serían inaceptables: una homofobia instalada a flor de piel. Simplemente, nos tocó vivir ese tiempo. Nadie elige el tiempo que le toca vivir, no se puede. Nadie nos ha enseñado qué pasaba con los ‘maricones de mierda’ —permítanme pronunciar las palabras que se usaban en ciertos círculos de entonces— cuando entraban en un calabozo. No lo hemos leído en libros de historia, para nosotros era la vida real y pasó hace apenas unos minutos…


También le he comentado a Pepe que cuando echo la vista atrás —a veces para recordar, otras para observar el camino que ya hemos andado— suelo buscar culpables. Y no sé si esa es la mejor forma de evocar los recuerdos. No estoy seguro porque por mucho responsable que busque, nada va a cambiar.
Pero el hecho es ese, que la evocación me lleva al reproche. Y busco culpables de la educación que recibimos, que era una educación gris, sesgada y frustrante. Busco a los culpables de la historia oficial que nos impusieron, porque era una soberbia mentira. Me suelo preguntar quienes fueron los responsables de esa España negra a fuer de sotanas que nos castró la alegría.
Pero, seguramente no hay un sólo responsable para que ese tiempo fuera como lo vivimos. Como tampoco se nos puede reprochar nuestra sumisión porque no teníamos elementos para contestar nada… Por eso también recuerdo el esfuerzo que todos los de esta generación tuvimos que hacer para escapar —con nuestros propios medios— de ese mundo inventado… Pero no todos, no nos engañemos. Porque muchos siguen bien instalados en el mismo sistema de creencias. Estos son los que siguen sin ver muertos en las cunetas, maldiciendo al ‘maricón’ de la tele y comulgando domingos y fiestas de guardar.
A veces me pregunto —sin mucha convicción, la verdad— qué España tendríamos hoy si esa generación, la que nació a mitad del XX, hubiéramos crecido en libertad, pudiendo elegir un pensamiento u otro.
Pues eso, que espero que mi amigo Pepe, cuando presente el libro de Joaquina Cañadas, recuerde el tiempo que nos tocó vivir, recuerde el camino que hemos atravesado y que, tal y como están las cosas, nunca deberíamos desandar… Él lo sabe muy bien, no hace falta que nadie le diga nada.

jueves, 11 de octubre de 2007

Día de España

Servidor se emociona cuando ve pasar una formación militar española, o cuando ondea la bandera española en lo alto de un podio deportivo, o cuando simplemente se iza en un mástil bajo los sones del himno nacional –hasta el punto de echar sus lagrimitas, ¡no creáis!-. No es broma, lo digo en serio, si algo me siento es español... ¡pero sin pasarse!

Yo creo que la inmensa mayoría de los andaluces nos sentimos españoles –y conste que servidor nació en Ceuta y quedé sorprendidísimo cuando me dijeron de golpe que no era andaluz, ¡mire usted!- y por más que nos quieran inyectar en vena un creciente sentimiento nacional andaluz no pasa de ser un matiz anecdótico. No cuaja... entre otras cosas porque seguramente para que germine el sentimiento de pertenecer a una nación hace falta muchísimo tiempo (hablamos de siglos); mucha cultura autóctona, si es con lengua propia, mejor; muchas calamidades superadas; y, sobre todo, muchos enemigos comunes que sirvan para fomentar y afianzar las señas de identidad propias. Tal vez por eso los andaluces nos sentimos bastante españoles, igual que los extremeños, leoneses, murcianos, castellanos, manchegos o melillenses, etc. Podremos tener nuestra identidad cultural, pero nos sentimos españoles... Y justamente por eso hay catalanes, vascos o gallegos que se sientes tales antes que españoles... esas cosas ocurren.

FALTA FOTO

Pero ¡me cachis! acabo de oír la perorata de Rajoy llamando a capítulo a todos los españoles de bien, para que celebremos como Dios manda y sin complejos, lo que él llamaDía de la Nación Española. O sea, el 12 de octubre, lo que en tiempos de la dictadura de Franco era el Día de la Raza, o Día de la Hispanidad, y hoy es la Fiesta Nacional Española... o sea, que es fiesta laboral para todo el Estado.

Me ha dado repelús (entiéndase repelús como un temor indefinido o repugnancia que inspira algo) verle y oírle porque me aterra este nacionalismo de ordeno y mando que exige cumplir a todos los españoles de bien. Es un nacionalismo español ¡a la orden de ya!, un nacionalismo por decreto... Bueno, ¿y si uno no lo siente así? Desde luego, una cosa es lo que siente servidor por España y otra muy distinta es lo que enarbola Rajoy: esto último me aterra porque si hay un nacionalismo que no permite otros es el de estos sujetos.

En su discurso, Rajoy deja claro que el que no sienta amor por la nación española, o si lo siente, no lo demuestre, no es un español decente... (¡tan indecente que hasta puede votar a partidos de izquierda!). Y lo lamento porque por su culpa NO quiero que me identifiquen con los que usarán ese día la bandera de España... porque ese día, la bandera roja y gualda será la enseña de los nacionalistas españoles excluyentes; la enarbolarán CONTRA otros españoles que no comulgan con ese nacionalismo por decreto. No me fío de esta gente y no quiero saber lo que hacen con su bandera, si así se sienten felices, pero a treinta o cuarenta metros de servidor. Ese día prefiero tenerlos a distancia.

No. No me gustan los nacionalismos españoles, ni el español, ni el catalán, ni el vasco, ni el gallego... porque de sentirse miembros de una patria a pensar que por ese hecho se merecen más derechos hay sólo un pasito. Y existen muchos idiotas que lo dan... ya hemos visto -entre otros- a Rajoy



lunes, 27 de agosto de 2007

Definamos España

Espinoso tema. Seguramente ya habré dicho por algún lugar que, en mi opinión, no deberíamos imponer a los demás ni nuestras banderas ni nuestra idea de patria. Entre otras cosas porque no todos los que vivimos en un territorio tenemos la misma percepción sobre lo que sea tal concepto, sentimiento o idea. Y si aceptamos esa diversidad de percepciones, en este caso, ¿quién es el guapo que define e impone a los demás conciudadanos SU sentimiento patrio como de obligado cumplimiento? Porque los sentimientos no son argumentos para razonar nada... en todo caso valen para los que los comparten (sentimientos o intereses monetarios, claro), y sólo para ellos.

FALTA FOTO
¿Cuál es el territorio de la nación española?

Me han hecho pensar las palabras de José Manuel, interesantísima persona que comienzo a conocer, cuando apela a defender la unidad territorial como uno de “los pilares básicos de la nación española”. Porque no tengo claro qué cosa es la nación española. Sin duda no es aquella territorialidad cristiana de los visigodos, ni la unidad política de los reinos católicos peninsulares que diseñaron Isabel y Fernando; la nación española tampoco debe ser –digo yo- la consecuencia de la abolición de fueros y leyes propias de los reinos ibéricos que ocurriera con Felipe IV y posteriormente en el reinado de Felipe V; tal vez sea la nación del XVIII, pero no aquella España Una Grande y Libre que nos enseñaron desde los estrados y púlpitos. Es posible que tampoco sea la España de las Autonomías que nos ha servido para convivir en los últimos lustros... porque el debate está vivo, los estatutos de autonomía están adecuándose a la nueva situación y las intenciones separatistas siguen vivas. ¿Por qué?

Seguramente porque las mismas razones/sentimientos patrios usados para defender la nación española existen para defender la nación catalana, la patria galega o euskalerría... lo bueno de todo esto es que por fin hemos conseguido en España un sistema político en el que es posible defender todas estas cuestiones. Por eso –por muy antipático que a los andaluces nos caiga- Carod Rovira puede defender la independencia de Cataluña desde dentro del sistema. Y lo mismo hacen los independentistas gallegos. Los que interfieren de mala manera en este asunto son los asesinos descerebrados de ETA, que buscan la independencia del País Vasco a bombazos... ¡flaco favor hacen a la causa vasca!

Lo que falta ahora es que los españolitos de a pie nos acostumbremos a la disparidad de pareceres y que un andaluz poco tiene que decir sobre lo que sienten y quieren los catalanes. Y si el derecho a la autodeterminación de los pueblos de España no está recogida en la Constitución, tarde o temprano deberá estarlo... Y esto no es nada raro, también en Canadá, en el Reino Unido y en Bélgica (entre otros) existen tentaciones separatistas que tiene todo el derecho a existir y a manifestarse...

No. No me gustan las patrias cuando se usan para defender según qué valores frente a otros valores porque nadie es mejor, ni tiene más derechos, por haber nacido en un lugar.

Seguramente, a la larga, en el Estado Español sólo deberán convivir los pueblos, las regiones, las realidades nacionales o las naciones que quieran, los demás deberán irse... ¡lo que no sé es adonde!