lunes, 13 de junio de 2016

La oculta satisfacción del escritor

El escritor se había adormilado en el porche, desnudo, sobre la hamaca de lona. El sol de abril caía hacia el horizonte Atlántico con la calidez perfecta. Con la laxitud de la modorra, el libro cayó al suelo y lo dejo estar. No sé qué debía estar soñando, pero la erección parecía perfecta. Era un mástil enhiesto y abatido hasta más allá del ombligo. Una cosa propia de 35 años; proporcionada y armoniosa en longitud y perímetro. Mantenía una erección plena, eterna y pulsante. Cuando una erección pulsa así, al ritmo del corazón, es que la cosa no da más de sí. No necesariamente las erecciones van acompañadas de un sueño erótico… Pero presagian un orgasmo largo, mantenido y profuso.

El escritor buscaba soledad y aislamiento, por eso había alquilado uno de los dos apartamentos que compartían un mismo porche, en un lugar que muy bien podría ser la Punta de los Alemanes, cerca de Zahara de los Atunes. Entre marzo y junio no había nadie en esa montaña. Todos los chalets permanecían cerrados esperando el verano. Dicen que en abril llueve mucho, pero en ese Sur tocó una primavera benigna. El escritor dormía al atardecer y escribía de madrugada, bajo el rumor de las olas rompiendo en el bunker del acantilado.

La guardesa del otro apartamento, mientras regaba las plantas, encontró al escritor dormido en el porche común. Era una joven que muy bien podría ser una especie Cristina Pedroche pero con ojos achinados y mirada traviesa…

O sea, un joven dormido frente al ocaso, desnudo y con una erección majestuosa es observado furtivamente por la guardesa del apartamento contiguo. El hombre de sesenta años que describe esta escena no tiene ni la más remota idea de lo que pasa por la cabeza de esa especie de Cristina Pedroche de mirada traviesa… 

Bonita puesta de sol— dice la chica admirando directamente el miembro del durmiente.

El escritor tarda tres segundos en despertar e interpretar lo que pasa. Percibe la turgencia del miembro, el calor entre las piernas y, sobre todo, la mirada directa de la chica… Pero lejos de interpretar la situación como una oportunidad erótica, le asalta una oleada de pudor. Recoge el libro del suelo y se tapa como puede.



A la chica se le achinan aún más los ojitos y le dice:

Pues te va a faltar libro, vecino—.

Fue entonces cuando una vocecita insidiosa y odiosa va aflorando desde lo más profundo de la subconsciencia del hombre de sesenta años. Y le dice: "Déjate de tonterías, gilipollas, que esto no te puede estar pasando a ti. Anda, despierta y afronta tu triste realidad, fondón".

¡Jodida mala conciencia! Seguro que fueron los curas agustinos los que me metieron en la mollera ese centinela censor que no me deja disfrutar ni en sueños.

Luego me lo dijo mi psiquiatra. Porque servidor desayuna todos los sábados con su psiquiatra. El tío me observa socarrón y me escucha entre el café y la tostada. Y me lo explicó…

Eres cristalino, tío. Mira... —y le pega un bocado a la tostada— acabas de presentar un libro, la cosa esa rara del cementerio; te han aplaudido, la gente te ha dicho “oh qué bien escribes”, “oh que libro tan interesante”, “oh qué de cosas aporta”. Y tú te lo has creído…

Intento replicar, pero no me deja.

—…que no, que no, que te lo has creído y punto. O sea que has gozado con todo esto, has sentido placer. ¿Entiendes? Pues bien, Pequeño Saltamontes— ¡Me llamó Pequeño Saltamontes, oye!—. ¿Cómo crees tú que se traduce esa satisfacción a nivel subconsciente? —aquí hizo una pausa magistral—. Pues follándote a esa especie de Cristina Pedroche de ojos traviesos que te has inventado.

¡Más quisiera yo! Si al menos hubiera consumado la cosa… 

¡Qué buen trabajo hicieron con servidor los curas agustinos!




Lo siento, desconozco autores y títulos de las obras

jueves, 2 de junio de 2016

Para qué coño quieres el segundo millón de euros si con el primero ya eres inmensamente rico…

Me replicaba hace unos días mi amiga que el comunismo ha fracasado allí donde se ha intentado. Y no le replique porque a lo mejor tiene razón, y porque he aprendido que no sé convencer a nadie, ni siquiera cuando lo intento. Pienso que en unos lugares no era comunismo lo que se intentaba, sino vulgares dictaduras personales, y en otros no tuvo la menor oportunidad a pesar de llegar democráticamente al poder. El capital siempre ha vencido con malas artes en todos los intentos de equilibrar económicamente las sociedades —porque de eso se trata, de regular y socializar parte del beneficio privado—, aunque hayan sido intentonas democráticas. El capital siempre ha vencido a los intentos socializantes. Lo ha hecho provocando guerras o golpes de estado cruentos y también golpes económicos solapados y sutiles, que acaban manipulando a su favor la voluntad colectiva de la gente pobre (estupendamente hecho, la verdad, todo hay que decirlo). Y no hay nada más patético ver a la gente desfavorecida apoyando políticos y políticas neoliberales… pero se da mucho. Es tan patético como el siervo-lacayo negro de Django desencadenado, ese que se creía tan blanco como el amo. Es muy poderoso el poder financiero y no se deja vencer ni en las urnas ni en las trincheras. Tienen el dinero, controlan el 99% de PIB mundial (y billones opacos en paraísos fiscales) con lo que generan más y más beneficios y poder para ellos mismos, sin contribuir ni con las migajas a la mejora social de nadie. Es lo que mueve el mundo, ¿no? Si a eso le sumas que hay un precio para todo y para cada uno… ya tienes la historia explicada y cerrada.

Il Quarto Stato. Volpedo.


Y hoy, ese poder financiero, que es un poder no elegido, no democrático, se nos ha colado en las instituciones y nos gobierna a través de lacayos que han abrazado la religión neoliberal, y que son legitimados a través de votos basura en un remedo ridículo de democracia. Reconozco que hay que quitarse el sombrero, por lo listos que han sido y por lo gilipollas que somos. Y digo que es un voto basura —empezando por el mío— porque la opinión que hay detrás de la inmensa mayoría de los votos es una opinión generalmente gestada con mentiras programadas en horas de máxima audiencia, con manipulación burda y descarada, con una incultura provocada y borde, con falsos intereses y con miedo, sobre todo con miedo a perder la ilusión de tener pan y circo.

No se puede votar libremente cuando las políticas posibles ya están diseñadas en otro lado por criminales que prefieren el equilibrio presupuestario a una sanidad pública y digna… y si la gente tiene que morir, que muera: lo primero es lo primero, es decir, el beneficio de las corporaciones. No son elecciones realmente libres cuando han convencido a la mayoría que no existe ni una sólo alternativa económica al neoliberalismo… y esas alternativas no pueden ser explicadas en igualdad de condiciones. Entonces, votemos lo que votemos, las políticas están impuestas por intereses que ponen el beneficio de las grandes corporaciones supranacionales muy por encima de la gente. La felicidad de la gente y las políticas que la busquen no tienen la menor oportunidad. ¿Para qué votar si la gente no importa y el único leitmotiv de este sistema es el máximo beneficio privado? No se puede votar libremente si sabemos que cualquiera que sea nuestro voto, el que salga elegido será un pobre lacayo local del poder financiero.

¿A quién votamos entonces?

No sé… ¿Hay alguien, algún partido que señale a las políticas neoliberales como la causa de la podredumbre política, económica, social y moral de nuestro mundo? Pues a esos votaré, si es que hubiera tal especie.

viernes, 13 de mayo de 2016

El mundo desde la barrera

A veces te detienes en seco y miras alrededor perplejo. Tarde o temprano uno pierde ilusiones y se aburre de observar actitudes adocenadas. Cansado también de manipulaciones interesadas para que lo rojo sea oscuro y lo azul diáfano. Sí… se detiene uno cansado de oír las mismas quejas y de atender con cortesía tantas estupideces. Uno llega a la conclusión de que cada cual debe llegar por sí solo a las conclusiones que quiera… si es que llega. Que uno no está aquí para dirigir a nadie hacia ninguna de tus conclusiones… a veces llego a esta derrota. Sí.

Se repiten las mismas luchas generación tras generación. Los medios desgranan los mismos temas en las mismas épocas, año tras año… Y cuando te detienes a observar qué cosa está pasando, el mundo te adelanta por todos lados, vertiginoso y repitiendo estupideces en una algarabía inventada, innecesaria, incomprensible. ¿Dónde coño queda la sensatez y la cordura para buscar lo que realmente importa: la felicidad de la gente? El mundo que te atraviesa resulta entonces ridículo y lo único que te apetece es ser un viejo observador socarrón que se ríe desde la barrera mientras el mundo discurre delante de ti.

¡Qué cómodo resulta observar el mundo cotidiano desde la barrera mientras alguna gente pelea para reparar ese mundo que te indigna, y la mayoría se deja arrastrar sin oponer un suspiro!



Y ya instalado en esa barrera vital, mientras —ajeno a él— vas viendo discurrir el mundo de los hombres… no sé qué me gusta más, si el sonido de las gotas contra las hojas o el olor de la tierra mojada por primera vez… petricor dicen que se llama ese olor. Lo provoca un alcohol llamado geosmina, que a su vez lo produce cierta bacteria del suelo…

Qué petricor más agradable produce la geosmina de este parterre, ¿no?

¡Estos científicos, y su manía de quitar poesía a las cosas!

Hay un señor que vende caracoles, perejil y plátanos. Se ha resguardado de la lluvia bajo el techado del aparcamiento de la Palmosa, en Alcalá de los Gazules. Por lo visto, esta enorme finca perteneció al suegro de mi bisabuelo, y no se le ocurrió otra cosa (al bisabuelo, digo) que contratar a unos secuaces, secuestrarlo y pedir rescate por su vida. Cuando lo pilló la Guardia Civil, fueraparte la paliza que correspondiera, lo condenaron a muerte, pero acabó cumpliendo una pequeña pena en el presidio del Monte Hacho, en Ceuta. Sobrevivió, y de aquellos polvos estos lodos.

Pues en este rincón de Alcalá de los Gazules se siente uno a salvo del mundo, a resguardo del francotirador que dispara desde no sabemos dónde. Y hideputa va acertando a los que te rodean, a tus amigos, a tus conocidos, a tu familia… Cada disparo en el blanco es el cáncer de un ser querido. El día menos pensado nos acierta el muy cabrón, y entonces, de un segundo al siguiente te cambia la vida. Y ya no es importante casi ninguna de las cuestiones que te movían hasta entonces, porque percibes, desde ese momento, que escasea lo más valioso que nos queda: el tiempo y la calidad de ese tiempo.

Sí… es agradable sentirse al margen de todo. Si fumara sería el momento de encender un cigarrillo, oler la tierra mojada, oír las gotas sobre las hojas… no hacer nada.

El mundo debe ser lo que pasa ahí afuera… ¡que haga lo que quiera!



jueves, 17 de marzo de 2016

Discrepar es honesto

No considero que Ada Colau sea una indeseable por pedir a los militares que abandonen el Salón de la Enseñanza de BarcelonaQueridos amigos, no me gustan ni las patrias ni las banderas ni los ejércitos. Me parece que ninguno de estos asuntos debería estar por encima de la persona. Puede que la única patria que me llegue al corazón sea el barrio de mi niñez. Pero es ahora, a mis años, cuando lo comprendo mejor…

…y a pesar de estos desamores, toda mi vida profesional ha transcurrido al servicio de la Armada Española, y lo hice con lealtad. En ese tiempo he estado totalmente imbricado en ella. He visto cómo la Armada se transformaba, y pasaba, recién muerto el dictador, de estar dirigida por militares arrogantes y endogámicos a estar organizada por personas preparadas y enraizadas en la gente, al margen de élites familiares de largos y compuestos apellidos (aunque de todo haya). Yo no utilicé uniforme, pero mi lealtad fue, y sigue siendo, sincera y llegué a sentirme parte integrante de la Armada Española. Pero eso no impide que sea (que deba ser) crítico con lo que aprecio, y a reconocer el derecho y la oportunidad a que otros critiquen los ejércitos, las patrias o las banderas, sin que por esta actitud merezcan ser tachados de indeseables. Discrepar no sólo es un derecho, es ante todo un deber y una forma de honestidad.

A los ejércitos hay que criticarlos cuando no estén en su lugar —como ha ocurrido en España durante todo el siglo XIX y parte del XX—, es decir, cuando no estén bajo la discreción del poder democrático de la gente, que es de donde surgen y a quienes se deben… Y Ada Colau y el ayuntamiento de Barcelona son ese poder democrático que prevalece por encima de los ejércitos. Otro asunto seria decidir si ese poder democrático es real o un remedo de gobierno del pueblo, que tampoco lo descarto.

El que se crea propietario en exclusiva del concepto de patria y bandera tiende a tener la sensibilidad de un fascista. Y, por supuesto, nadie me tiene que enseñar qué es patriotismo ni qué es lealtad a una bandera, ni tampoco me tienen que enseñar qué es el respeto a una institución como el ejército… aunque no me gusten tales amores. Y no me gustan porque, la mayoría de las veces que veo expresados esos conceptos en mis amigos, solo son poses y estereotipos enseñados para adocenar a gente buena y bienintencionada. 

NO se ama a tu patria y a tu bandera insultando a una alcaldesa que cumple con un mandato institucional, se ama a tu patria peleando por sus instituciones si son democráticas, cumpliendo sus leyes y criticándolas para cambiarlas si las consideras injustas o interesadas; desde dentro de las instituciones y desde fuera de ellas, en las calles y plazas, no solo vitoreando a los uniformados en un desfile.

Por supuesto que los ejércitos son parte esencial de las sociedades organizadas —entendidos los ejércitos y las fuerzas de seguridad como el grupo de ciudadanos armados que nos defienden, incluso nos auxilian con funciones de servicios sociales—, porque es a ellos a los que cedemos libremente el ejercicio de la violencia justa. Pero no olvidemos que la existencia y la necesidad de tenerlos es un fracaso del ser humano. La existencias de los ejércitos y fuerzas de seguridad de los estados no son valores añadidos… son una rémora, una consecuencia de nuestra peor condición. Y dicho esto, no resto ni un solo ápice de reconocimiento a los hombres y mujeres que trabajan en nuestros ejércitos y fuerzas de seguridad, porque muchísimas veces son auténticos héroes y porque sin ellos la realidad diaria sería un caos.



Si ese particular concepto de patriotismo y amor a la bandera lleva a mis amigos a llamar impresentable a Ada Colau, están demostrando —me parece a mí— que aman unos conceptos poco elaborados. Ser crítico con lo que yo aprecio, en este caso con una ubicación inoportuna del ejército, NO es ningunearlo. Tengo amigos y familiares que lloran de emoción cuando ven a la Legión levantar un Cristo en Semana Santa y nunca les he dicho que eso me parezca más propio de un circo que de un ejército serio. Eso, hacer que nuestros soldados hagan malabares con el fusil para provocar el aplauso fácil, sí es ridiculizar al ejército. Y nunca lo he dicho porque tengo miedo de su reacción. Creo que patriotismo y amor a tu bandera son otra cosa…


…y, me temo que ese es el único concepto de patria y bandera que tienen algunos de mis amigos.

jueves, 3 de marzo de 2016

Busca y rescate de un billete de cien pesetas

ESPAÑA, 1937

En noviembre de 1936 había guerra en buena parte de España. «Una guerra, que por dura que sea —decían Pemán— es necesaria y conveniente». Y añadía el insigne poeta que «…la idea de exterminio y de expulsión» era lo único válido frente al enemigo. Tal vez por ideas de este tipo, en las retaguardias se desplegó una represión feroz.

El día 13 de ese mes alguien se introdujo en la casa de don Antonio Medina Ramos, en la calle José López Rodríguez nº 15, de San Fernando (Cádiz), y le sustrajo un billete de cien pesetas. Sin duda, una fortuna que habría asegurado la vida del pobre Antonio durante los siguientes meses…

La nueva España, la que se forjaba a fuer de músculo y tiros de gracia, tenía que ser un modelo de ley, orden y seguridad, y no esa anarquía revolucionaria que proponía la república de masones, rojos y ateos. Así que el juez de Instrucción de San Fernando, señor Gallardo, ante la denuncia pertinente, abre el Sumario 119 del año 36, por hurto. Y, cuando le toca, en mayo del año siguiente, es decir, siete meses después de la fechoría, ordena al comandante de la Guardia Municipal de la ciudad que se practiquen las gestiones necesarias para la busca y rescate de un billete de cien pesetas que fue sustraído en noviembre pasado.

Inmediatamente, los guardias municipales, en su papel de policía judicial, rastrean sus distritos tras la pista de un billete de cien pesetas…

«En el primer distrito —decía el guardia Francisco del Cid— no dan razón de lo que manifiesta el presente». Ni en el 2º, ni 3º, ni 4º, ni 5º, ni siquiera en el 6º distrito. Nadie había visto un puñetero billete de cien pesetas… ¡Qué más habrían deseado todos ellos!


Claro… ¡AHORA SE ENTIENDE LO DE BERLANGA!


(En el Archivo Municipal de San Fernando, Legajo 1071)


viernes, 26 de febrero de 2016

Dónde está Marciano González Medina

Marciano González Medina, hijo de Marciano y Mercedes, fue escribiente de la Armada y estuvo destinado en el Arsenal de la Carraca, concretamente en la Segunda Sección de la Maestranza. Vivía en San Fernando, en la calle Pérez Galdós número 26.

El 17 de julio de 1936, cuando el ejército de África se rebeló contra la II Republica, estaba soltero, tenía 32 años y era concejal del Ayuntamiento de la ciudad. Dos días antes, el 15, había asistido a la última reunión del cabildo municipal republicano presidido por don Cayetano Roldán Moreno, médico, alcalde y fusilado tres meses más tarde.

Fuente. La fosa común de Puerto Real, Cádiz. Imagen de José A. Tomás

Para colmo de desgracias, Marciano era masón, miembro de la logia Igualdad 53 de San Fernando… su nombre apareció en la llamada Lista de Varela, una relación de miembros de distintas logias masónicas de la provincia que se publicó, a instancias del bilaureado general don Enrique Varela, en el Diario de Cádiz en los inicios del Movimiento Nacional. Muchos de los señalados en esa lista fueron fusilados y depurados. Pero habría dado igual, para los rebeldes fascistas, el hecho de ser concejal de algún partido político no afín a ellos, ya era motivo suficiente para privarle de todo derecho.

El mismo día 18 de julio, el general López-Pinto gobernador militar de Cádiz, se suma a la rebelión, toma el poder y se erige en la suprema autoridad de la provincia. Inmediatamente hace público el Bando de Guerra que instaura el estado de guerra y deroga, por la fuerza bruta de las armas, las garantías constitucionales. Todo el personal civil al servicio del Estado queda militarizado…

En San Fernando, el teniente coronel de infantería de marina, Olivera Manzorro toma el poder, se proclama Gobernador Militar de la Plaza y, amparadas en el Bando de Guerra, las tropas de Infantería de Marina toman los edificios públicos. El 19 de julio, cuando el alcalde Cayetano Roldán intenta reunir a sus concejales, son detenidos y encerrados en la cárcel municipal… con ello queda extinguido todo vestigio de autoridad republicana en San Fernando. El golpe de estado ha triunfado y comienza la ignominia.

El día 21 de julio, Manzorro impone una Comisión Gestora Municipal formada por siete miembros y al frente coloca al comandante de intendencia Ricardo Issasi como alcalde de San Fernando. Los meses que siguen se conocen en toda España como el Terror Caliente

Marciano, el escribiente del Arsenal, dejó de ir al trabajo. Asunto grave porque el artículo quinto del Bando de Guerra de López-Pinto consideraba sedición el abandono del trabajo, delito que se tramitaría por procedimiento militar sumarísimo. En consecuencia, el 24 agosto 1936 se recibe en el Ayuntamiento un exhorto procedente del Juez Instructor de la Carraca, don José García de la Vega, pidiendo al nuevo alcalde que localice a Marciano y «…se noticie al expresado escribiente que deberá presentarse en este Arsenal a la mayor brevedad…»

El alcalde responde al día siguiente: «…tengo el honor de remitirle duplicado diligenciado por la madre del vecino de esta población Marciano González Medina, ya que este señor no ha podido hacerlo, por manifestar la madre del mismo se encuentra detenido…»

Lo que no sabían ni la madre ni –se supone- sus superiores es que Marciano había sido fusilado hacía ya trece días, el 11 de agosto… Esa madrugada sacaron de la cárcel a siete desgraciados (cuatro concejales, un médico, un sastre y un practicante). Un camión de Infantería de Marina los llevó al Puerto de Santa María y fueron fusilados por un pelotón de soldados. A todos ellos les aplicaron la Ley de Guerra para justificar el crimen. Dicen que los tiros de gracia los ofrecían generosos falangistas. Luego los sepultaron en una fosa común, anónima y discreta. Marciano no confesó ni recibió los sacramentos que le ofreció el sacerdote que siempre asistía a los fusilados antes de su ejecución. El cura lo dejó por escrito.

Sí. Trece días después de muerto, preguntaron a la madre dónde estaba Marciano. Ya sabemos que la justicia debe ser ciega, pero aquella justicia no sólo era ciega, además era sorda, arbitraria, cruel y estúpida.


martes, 16 de febrero de 2016

Los hombres de Menga

Hablaba Alba de desayunos y se me vino a la cabeza el que nos regalamos el sábado pasado, camino de Antequera. La Venta estaba cerca de Algodonales… en medio de la Sierra de Cádiz, que es tierra rica en recios panes y mantecas de cerdo con zurrapas de lomo o hígado. Las hay blancas y colorás, y últimamente han proliferado cierta variedad de patés de jamón curado, york, salchichón… La ventera trajo lo menos seis recipientes con distintos preparados que se nos iban los ojos detrás de aquello. Sin remilgos. Por estas latitudes todavía dejan encima de la mesa lebrillos rebosantes para que te sirvas a destajo, y no esas ridiculeces de tarrinitas monodosis y asépticas que apenas dan para untar una mísera rebanada de pan… No, aquí, por el momento, te sirves a voluntad.

Las niñas empezaron muy comedidas… no, yo medio mollete que luego se me repite… pero acabaron pidiendo más rebanadas de pan de campo para ir probando aquella variedad de mantecas. Eso sí, todos éramos plenamente conscientes de lo malo que es tal cosa para el colesterol y triglicéridos… pero de algo hay que morir, ¿no?

El indio o Peña de los enamorados, en la vega de Antequera. Es una foto de Ángel López González

La antigua Anticaria romana se transformó en la Antaqira árabe para llegar a nosotros como Antequera… un pueblo sorprendente situado en un cerro que domina la riquísima vega del río Guadalhorce. Encrucijada de caminos, incluso pudo ser la capital de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Con apenas 42.000 habitantes tiene más de treinta iglesias… muchas almas descarriadas habría que reconducir, pensó servidor. Pero no es por eso, la cantidad de iglesias es consecuencia directa de la riqueza del pueblo y de la competición que cada hombre poderoso planteaba para dejar constancia de su riqueza: financiaban la construcción de iglesias para asegurarse una digna sepultura. El resultado es extraordinario… las visitamos el grupo de amigos –no todas, claro-, y lo hicimos de la mano de una guía francesa que, decía, había recalado aquí buscando los caballos andaluces (…podía haber acabado en Jerez de la Frontera, pero no, acabó en Antequera).

Servidor se maravilla siempre del arte que atesoran las iglesias, y del esfuerzo creativo y tecnológico que hay detrás del mecenazgo religioso. Esa dinámica ha sido el mayor impulso a la creatividad artística humana…

…pero siempre me asalta la misma reflexión: ¿y si tal creatividad artística y tecnológica, dedicada a enaltecer una quimera indemostrable, se hubieran dirigido la difusión de la razón y el conocimiento empírico? ¿Qué sociedad tendríamos hoy? ¿Sería una sociedad más feliz, menos sumisa, más evolucionada, más igualitaria, más justa…?

Como de costumbre, no sé… ¿Es posible imaginar una sociedad que NO haya pasado por esas etapas culturales?

Pero lo que me resulta realmente fascinante de Antequera son sus dólmenes. Hace 6000 años, los hombres que habitaban aquella vega tan fértil no eran primitivos. Tenían unas creencias tan firmemente arraigadas que, en torno a ellas, también construyeron sus catedrales con un esfuerzo humano extraordinario, tanto físico como intelectual. Y lo hicieron sin recurrir a mano de obra esclava, lo hicieron ellos, una comunidad cooperante.

El dolmen de Viera lo orientaron exactamente hacia los equinoccios, y cuando amanece esos dos días, los primeros rayos del sol entran hasta la cámara más profunda. Sin embargo, el dolmen de Menga lo enfilaron exactamente hacia sus antepasados muertos: esa extraordinaria cabeza durmiente de piedra que se eleva en la llanura de Antequera…


Fuente: Flickr  / Autor: julie3jax

Me temo que va a ser verdad. Es evidente que los hombres hacen cosas extraordinarias mientras creen en cosas indemostrables… y que la razón, por lo que se ve, no les conduce a nada duradero.