viernes, 30 de mayo de 2014

El viaje de mayo - La mitad del viaje

Escribía Saramago que el camino de vuelta es la mitad del viaje. Decía muchas cosas como esta, tan sencillas y así de hermosas… y desde entonces, desde que la leí, he intentado que el regreso de cualquier viaje sea tan imprevisible y emocionante como la ida. Pero no es sencillo mantener el entusiasmo porque, por mucho que lo intentes, la vuelta supone rodar cuesta abajo en dirección a lo conocido y a lo previsible. Y eso lastra las expectativas.


No dejo de pensar que para muchos de mis viejos amigos, el regreso de cualquier viaje siempre suponía bajar hacia el sur… porque en el sur estaba Ceuta, esa pequeña ciudad que, como un útero materno, nos esperaba en la parte africana del estrecho de Gibraltar.

No, no es fácil mantener el entusiasmo cuando regresas. Mi copiloto y yo elegimos vías secundarias para desandar el camino porque son apacibles y conducir se convierte en un paseo. Porque puedes parar en mitad de la carretera y lanzar fotos de los campos al atardecer… o puedes reducir la velocidad para relajarte con los pequeños detalles que determinan que un lugar sea único, aunque no sepas ubicarlo dos horas más tarde. Puedes detenerte en Talavera de la Reina y pasear al pie de sus murallas, que son unas murallas con la historia grabada en sus piedras a fuerza de ladrillos, mortero de cal, cantería y sillares que cincelaron los romanos, que luego usaron musulmanes y desmontaron los cristianos. Puedes admirar las Torres Albarranas que levantaron los sarracenos para defenderse de los cristianos, que eran sus malos vecinos… También, en el viaje de vuelta, puedes equivocarte y dejar la Feria de Talavera y seguir el camino sin saber que esa noche había un concierto popular de Revolver.


Y entonces te internas en ese terreno de nadie que está entre el sur de la Mancha y el norte de Córdoba. Y se pone el sol, y te cae encima la oscuridad, y sigues sin encontrar un sitio donde dormir, y tomas una tapa fría a las tantas de la noche en cualquier lugar, y acabas muy cansado en la única fonda de carretera que encuentras en un minúsculo lugar de cuyo nombre no quieres acordarte… Y entonces la copiloto, tan cariñosa durante el viaje de ida, te pone una cara de tres metros y un morro de dos. Sin ti mi cama es ancha, le digo… Y a mí qué me cuentas, CarreteraSecundaria. Me responde.

¡Me llamó ‘CarreteraSecundaria’ como insultando, oye!
“…el camino de vuelta es la mitad del viaje”. Muy bonita la frase de Saramago, vale… para dejarla escrita en su texto. La realidad nos pintó otra cosa.



jueves, 29 de mayo de 2014

El viaje de mayo - El martirio del diácono Vicente

En tiempos del emperador Docleciano los cristianos ya son numerosos e influyentes. Tanto, que eran capaces de inclinar el poder hacia el lado que mejor los amparara. A principios del siglo IV el imperio seguía siendo tan amplio y heterogéneo que en él coexistían numerosos cultos a numerosos dioses. Pero entre todos ellos, los cristianos suscitaban sospechas porque eran miembros de una religión un tanto díscola con el Estado, secreta y, sobre todo, porque tenía y tiene vocación de exclusividad: y eso, por desgracia, es el germen que convierte a las religiones en intolerantes.

Estaba llegando el momento histórico de tenerlos en cuenta para alcanzar equilibrios de poder y, una de dos, o se intentaba desorganizar a los cristianos para eliminar su influencia social y política o, por contra, se los apoyaba para convertirlos en aliados y sustentadores del poder imperial. Esto último llegaría unos años más tarde, en 313, cuando el emperador Constantino proclama el Edicto de Milán que convierte al cristianismo en la religión privilegiada del imperio y comienza la persecución de las demás. No le vino mal la jugada puesto que los cristianos predicaban el total sometimiento a la autoridad civil; y el único origen válido de la autoridad civil era el divino… divino de su único Dios, por su puesto. Y de aquellos polvos, estos lodos.

Pero, de momento, a comienzos del siglo IV era pronto. Diocleciano, en lugar de convertirlos en sus aliados, en ese difícil equilibrio de poder, prefirió perseguir a los cristianos para mimetizarlos en la heterogeneidad del imperio y eliminar su influencia. Algo muy similar a lo que hicieron más tarde los Reyes Católicos que, para dar uniformidad ideológica a sus reinos, expulsaron de su casa y de su país a judíos y musulmanes. El último de los edictos de Diocleciano (303 d.n.e.) exigía a los cristianos ofrecer sacrificios a Jupiter, un acto que suponía sumisión a la autoridad del emperador, y como se negaran -después de algunos intentos de ‘persuasión’-, muerte.

En este contexto histórico (307) aparece el diacono Vicente de Tavora, un dirigente cristiano de la antigua Talavera de la Reina. Vicente se mantuvo fiel a su fe y se negó a demostrar la sumisión al imperio practicando el sacrificio a Júpiter. Fue encarcelado por ello, pero logró huir con sus hermanas Sabina y Cristeta hacia el norte. Y para desgracia de ellos, fueron apresados de nuevo en Ávila. Allí, cerca de una de las puertas de la ciudad, ocurrió el castigo público. Les despojaron de sus vestiduras, fueron sometidos a tortura y finalmente les aplastaron la cabeza en una prensa hasta morir. Los cadáveres quedaron abandonados en el lugar.

Cuenta la leyenda que un rico judío se burlo del tormento de los hermanos, y por ello fue castigado por los romanos y obligado a participar en la muerte… posteriormente, arrepentido, fue el que les dio sepultura y labró el primer sepulcro. Más tarde, a finales del siglo XI, sobre la tumba se construyó una primera capilla que es el origen de la actual Basílica de San Vicente, y se labra un sepulcro protogótico que describe en doce extraordinarios bajorrelieves coloreados el suplicio del diácono Vicente y sus hermanas…


Los tres hermanos sometidos a tortura, aspados. Posteriormente, desnudos, les aplastan la cabeza en una prensa. El judío burlón es obligado a participar en el tormento.

…servidor y la copiloto jamás habíamos visto bajorrelieves tan bellos como estos. Si Ávila es Patrimonio de la Humanidad por sus murallas medievales, el sepulcro que la Basílica de San Vicente resulta algo tan extraordinario como las murallas. Y fiel a nuestra costumbre, asistimos, camuflados en la penumbra del templo, a las explicaciones de tres grupos de visitantes... y aún así no encontrábamos el momento de dejar de mirar las figuras coloreadas talladas en la piedra, de tan fascinantes como resultan.

¡Si algún día vais a Ávila no dejéis de ver esto!



martes, 27 de mayo de 2014

El viaje de mayo - La señora de rosario en ristre

Hacía demasiado calor para ser mediados de Mayo y por eso se nos hizo muy largo el camino. Viajamos de Toledo a Ávila por la nacional 403 y apenas reparamos en los castillos de Maqueda, San Martín de Valdeiglesias y el Tiemblo. Una pena porque pasear por Castilla y ningunear sus castillos es un contra Dios. Pero es verdad, el calor agotó las ganas de cualquier aventura.


El tiempo tiene esas cosas, que se alarga o se acorta sin poder evitarlo. En Ávila, por ejemplo, parece haberse detenido entre sus murallas impolutas. En el primer vistazo uno comprende que sean Patrimonio de la Humanidad. Sin duda. El recinto amurallado medieval mejor conservado de Europa no tiene yerbajos que le crezcan sin control. Por no crecer, ni siquiera una higuera salvaje ha enraizado en cualquier grieta de la muralla. Nada. Parecen recién construidas —dos mil hombres y nueve años se tardaron en construirlas en el siglo XII— y sin señales de envejecimiento. Cientos de golondrinas se alimentan de los insectos que anidan en sus muros y llenan el cielo. En Andalucía no se ven tantas golondrinas como en Castilla.

Mi copiloto y yo nos alojamos en una antigua casa del siglo XIV recuperada como hotel. “Las Leyendas”, se llama, muy próximo a la Puerta del Rastro, en el lienzo oeste de las murallas. Y paseamos por la ciudad durante ese atardecer de mediados de Mayo… Ávila es una ciudad amable y manejable. Una catedral recogida. Casas de nobles piedras. Escudos nobiliarios en los frontispicios de los palacios medievales. Muchas referencias a Santa Teresa de Jesús. En un recodo de la ciudad (creo que en la calle López Núñez, a la espalda del Palacio de los Verdugo) hay un toro de granito, como los deGuisando, y justo en ese enorme toro de piedra, hace más de 30 años, nos fotografiamos la copiloto y servidor (…miedo me da buscar la vieja foto y comparar) El sol llegaba de nuevo tangencialmente a las calles de la pequeña ciudad…


En la confluencia de cuatro calles encontramos la Iglesia de San Juan, un templo románico con elementos góticos posteriores, como casi todas. Una distinguida señora de pelo blanco está sentada a la derecha de la puerta, a la recachita de sol poniente, rezando un rosario que sostiene en la mano. Y como nos ve dudar nos invita a visitar la iglesia y nos cuenta que está esperando al párroco para que la cierre, y que mientras tanto allí está ella para protegerlo, porque no es plan dejar el templo desprotegido… y nos cuenta entonces dos robos ocurridos no ha mucho en su iglesia. La primera vez se llevaron dos angelitos que estaban encima de púlpito, no se sabe cómo; y la segunda, incluso con devotas esperando la misa de ocho en primera fila, se llevaron el cáliz y patena del párroco… que no tenían mucho valor, pero que eran los regalos que el padre del cura le hizo cuando cantó su primera misa.

— Hoy es que la gente no tiene valores — dice como colofón a su queja.

— Es verdad, señora —. Le digo — Esto no es lo que era —. Y ayudo a la vigilante a pasar la puerta, no vaya a ser que tropiece con el escalón.

Nos señala la Pila Bautismal, a la izquierda de la entrada, y nos cuenta que está labrada en una pieza de piedra y que allí bautizaron a la santa el 4 de abril de 1515. Se refiere a Santa Teresa de Jesús, por supuesto. Se ve que la señora tiene ganas de hablar y de ajustar cuentas con el mundo porque insiste en que la gente no tiene valores y que la crisis actual ha ocurrido por nuestra culpa, porque no tenemos conciencia y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, porque ella nunca se ha metido donde no podía y ha sido austera…

— ¡Hombre, señora! Alguna culpa tendrán nuestros gobernantes y los bancos, ¿no? — Le digo. Pero la copiloto me hinca su codo en mi costado para que me calle. Ella es así de elocuente, y le dice:

— Tiene usted razón, señora, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Hasta Vargas Llosa lo dice, que es premio nobel y todo…

Y la señora, ya más contenta, rosario en ristre, prosigue con su teoría.

Pila Bautismal de Santa Teresa. Iglesia de San Juan, Ávila

Hizo calor en Ávila, pero al anochecer refrescó demasiado. Así es Castilla. Nos lo decían en bachillerato, que tenía clima continental… Mi copiloto y servidor cenamos en una terraza. La tostada cubierta de morcilla y pulpa de pera estuvo muy bien. Y el hotel… madre mía, ¡qué hotel más inspirador!



lunes, 26 de mayo de 2014

El viaje de mayo - En el mirador de Toledo

Nos marchamos de Toledo atiborrados de Greco. Recordemos que este año se cumplían 400 de la muerte del pintor y la ciudad lo recordaba con una atractiva recopilación de su obra. Mi copiloto disfrutó una barbaridad con su pintura; servidor, algo menos… pero aprendí detalles de su personalidad que desconocía. Como no teníamos ninguna prisa, recuerdo que nos apalancábamos delante de sus obras más destacadas y esperábamos a que llegaran grupos de turistas para aprovechar las explicaciones del guía… el por qué de cada detalle, la disposición del conjunto, quién encargó la obra, cómo interpretó el artista los deseos del pagador, quiénes eran cada uno de los personajes del cuadro, los litigios para conseguir que le pagaran el trabajo etc. Delante del “Entierro del Conde de Orgaz” ­—que, por cierto, el cuadro lleva más de 400 años sin salir de ese recinto y sin ser restaurado, y está como el primer día— nos gustó mucho las explicaciones de un profesor de instituto a sus alumnos. Fue tan didáctico que hasta me dieron ganas de felicitarle.

“El Despojo” de el Greco

Salimos de la ciudad bordeando la llamada carretera del Valle, que deja a un lado el precioso Puente de Alcántara con su castillo medieval que lo resguarda. Un castillo, por cierto, lleno de leyendas de caballeros templarios y apariciones…

Hay vistas estupendas de la ciudad desde esa carretera. En el mirador venden botellines de 250 cc de agua a un euro y medio. Un abuso manifiesto y me dio rabia contribuir a esa economía. Así que nos comimos en seco los bocadillos de jamón de Guijuelo y el paquete de patatas fritas.


Nos enteramos más tarde, pero debió ocurrir mientras admirábamos el paisaje de Toledo desde el mirador exterior… los concejales del Partido Popular se marcharon del pleno para no escuchar las reivindicaciones que leía una madre que representaba a padres de niños con cáncer, tratados deficientemente en el Hospital Virgen de la Salud… Si vergonzoso fue verles abandonar el salón dejando a la señora con la palabra en la boca, peor fue verles más tarde tratando de justificar su acto. Al margen de la oportunidad y de la estrategia política, que unos y otros utilizan para erosionar al rival… no sé, verles abandonar el pleno mientras la madre leía, y verles enfrentarse a los padres que la apoyaban, con el dolor que supone el sufrimiento de los pequeños… verles, digo, abandonándolos con esa frialdad, es otra obscenidad que va a quedar olvidada. Creo que ellos, representantes del pueblo, no deberían exhibir esa falta de empatía. Puede aceptarse que no la sientan, pero no deben exhibirla públicamente. Ellos no. En España vemos tantísimos actos amorales que ya nadie se inmuta… No deberíamos olvidar la calaña moral que hay detrás de la obediencia a cualquier partido, detrás del dogmatismo de cualquier ideología que considere aceptable dejar con la palabra en la boca a una madre que sufre el cáncer de su hijo… No puede ser que dejemos estar las cosas tan fácilmente.

Decía en este blog, tres artículos atrás, que no sentía ninguna empatía en el asesinato de doña Isabel Carrasco, y que sentir esa ausencia no me hace feliz. Ahora, ante el desprecio a estos niños con cáncer, me siento implicado y dolido. Tal vez porque conozco de cerca cómo se pelea contra el cáncer en la Sanidad Pública Española, conozco el sufrimiento que implica la pelea y la alegría de vencer.

— ¿Nos vamos, copiloto?

Y como desde entonces nuestro plan es simplemente disfrutar del siguiente paso, no cuidamos demasiado la dirección que tomamos en cada encrucijada, no sabemos con seguridad dónde acabaremos la jornada. Y tampoco importa demasiado, desde hace un tiempo, el camino se ha convertido en el propio viaje.

— ¿Adónde?

— Ávila está a un paso.

— Bueno. Vayamos a Ávila…



viernes, 23 de mayo de 2014

El viaje de mayo - El poder pétreo de una catedral

No recuerdo su nombre, pero le decíamos "el Tinaja" porque, simplemente, su voz sonaba como salida del fondo de una tinaja. Se llamaba Vargas Machuca y era profesor de historia en el instituto de Ceuta. Corrían los años 60 del siglo XX. Él me enseñó que Alfonso VI había reconquistado Toledo en 1085. Nunca he olvidado ni al profesor ni al dato. Me gustaba a mí Alfonso VI porque con él los territorios cristianos volvían a ser más extensos que los sarracenos… y para un niño cristiano de Ceuta no existía entonces la menor duda de quiénes eran los buenos de esta película. Lo que me sentaba fatal era que el rey se llevara mal con el Cid Campeador, otro de los personajes que aquel niño admiraba. Lo que no nos enseñaron entonces fue el asunto de la relación incestuosa de Alfonso VI con su hermana Urraca, no entraba en el programa. ¡Y menos mal porque si me entero habría sido una enorme decepción!

La catedral de Toledo reflejada en una escultura acuática

Toledo está lleno de leyendas. Cuenta una de ellas que cuando entraban las tropas de Alfonso VI en la ciudad, su caballo se hincó de rodillas en una losa blanca que había frente a una pequeña mezquita. Y que dentro del templo vieron una luz que atravesaba una de las paredes, así que la derribaron y detrás encontraron un Cristo crucificado que los visigodos habían escondido en el siglo VIII, cuando la avalancha sarracena ocupó toda la España cristiana hasta Covadonga. Pero lo milagroso fue comprobar que junto al Cristo había una lámpara de aceite que se había mantenido encendida desde entonces. En vista del milagro, cristianizaron la mezquita y con el tiempo la llamaron Iglesia del Cristo de la Luz… muy modesta comparada con la catedral de Toledo…

…el verdadero poder no ha estado nunca en la amenaza de ejércitos bien adiestrados y bien dirigidos, como el de Alfonso VI, sino en la capacidad de influir y modificar el comportamiento de la gente. Y en eso la iglesia ha sido maestra indiscutible a lo largo de los siglos. Cada vez que cualquier ser humano entra en la penumbra de una catedral cristiana comprueba cómo se petrifica el poder en formas arquitectónicas y escultóricas. Comprueba cómo se apabulla y amedrenta al más soberbio. La catedral de Toledo es un ejemplo aventajado. Es asombroso lo que unos hombres pueden hacer para exhibir su poder y exigir a cambio obediencia a unos dogmas indemostrados. No es la primera vez que experimento esta sensación. Cada catedral, cada iglesia, cada monasterio y cada claustro tienen ese halo que muestra al mismo tiempo la capacidad enorme de los hombres para crear belleza manipulando la naturaleza, y la ansiedad de los mismos hombres por imponer su poder sobre otros. De todos modos, es mejor enseñar el poder que ejercerlo por la fuerza. Y si se exhibe con esta belleza pétrea, aún mejor.

Tumba del arzobispo Pedro Tenorio… Si espera resucitar
en suelo sagrado va aviado.

Está llena de tumbas la catedral de Toledo (la de Sancho IV, por ejemplo, apareció debajo del presbiterio, con el cadáver momificado, espada en mano y corona en la cabeza) Nunca me había detenido a pensar en el interés que han tenido tantos hombres poderosos —reyes, obispos, nobles y ricos— por ser enterrados en las iglesias, ermitas, catedrales y monasterios. Por ejemplo, el cardenal Mendoza, tuvo tanto poder que cuando murió, y apoyado por Isabel la Católica, dejó dicho que lo enterraran a la izquierda de la Capilla Mayor de la catedral de Toledo… y en una noche tiraron el muro para que el cabildo de la catedral encontrara el hecho consumado. Y ahí yace, a un par de metros del altar. ¿Por qué ese afán?

Yo había comprobado en algún que otro testamento del siglo XVIII que ricos comerciantes de Cádiz dejaban al morir substanciosos bienes a la iglesia, y también dejaban pagadas cientos de misas que debían ser cantadas para la salvación de su alma… a condición de ser enterrados en suelo sagrado. ¿Por qué ese afán?

Y como nunca es tarde para aprender cosas, lo he sabido durante la visita que mi copiloto y servidor hicimos a la catedral de Toledo…

…los hombres poderosos pagaban lo que fuera preciso para ser enterrados en terreno sagrado (iglesias, monasterios, ermitas, conventos…), lo más cerca posible del altar, para beneficiarse de todas las misas cantadas por las almas del purgatorio, ya fueran dedicadas a él o a cualquier otro. De esa forma estarían menos tiempo sufriendo tal tormento. Pero, lo que era más importante, cuando llegara el Juicio Final y la resurrección de los muertos, sus cuerpos resucitarían en suelo sagrado y eso significaba que directamente pasarían a la derecha del Padre.

¡Cojonudo!
¡Es que estos nobles no se privan de nada, joder!



jueves, 22 de mayo de 2014

El viaje de mayo - En una placita de Toledo

En Toledo comienza la tarde del 13 de mayo de 2014. Ella abandona el mapa de carreteras para tomar la guía de la ciudad y entonces la copiloto se transforma en mi compi de paseos. Ella es así, lo mismo avisa de las curvas que dirige la visita a la ciudad del Greco, el caso es dirigir… (creo que me la estoy jugando, temerario que es uno)

Nuestro hostal está muy cerca de la Puerta de la Bisagra, una imponente entrada a la ciudad a modo de Arco del Triunfo, construida por Alonso de Covarrubias en el siglo XVI. Tiene en el frente un águila bicéfala, el símbolo imperial de Carlos V que entrego a la ciudad para que lo usara a discreción. Por eso en Toledo el águila bicéfala está por todos sitios, desde folletos municipales hasta camiones de basura, pasando por las tapas de alcantarilla… igual que en Sevilla usan con profusión el "No - Madeja - Do" de Fernando III el Santo. Pues lo mismo.

La ciudad permanece en lo alto de un cerro rodeada por murallones y por el río Tajo, que la circunda por abajo. La geografía ha modelado su historia como la de tantas ciudades bien defendidas. Calles estrechas, en cuesta, el sol de poniente ilumina las paredes tangencialmente. Yo tengo una fijación con la luz tangencial. Lo sé y no lo puedo evitar...


En la iglesia de Santo Tomé encontramos una procesión religiosa. Un grupo de feligreses llevan en andas la imagen de una Virgen. Aroma de cera y vaharadas de incienso llenan la calle estrecha. No conviene olvidar la fecha… “El 13 de Mayo la Virgen María bajó de los cielos a cova de Iría”. Sonaban las notas un poco deslavazadas y ambos —incluso servidor, un fervoroso ateo— nos unimos a la cantinela automáticamente. Hay cosas que se clavan en las neuronas —la música es una de ellas— y se evocan a poco que pulses las teclas adecuadas. Mi copiloto regresó emocionalmente al cobijo de las monjas doroteas y servidor a los curas agustinos. Las cosas como son. Por mucha reflexión posterior, los orígenes no se pueden cambiar.

Cenamos en la placita ‘Padre Juan de Mariana’, a cobijo de varios árboles. Encontrar árboles frondosos en mitad de las callejuelas estrechas de Toledo es una bendición. Al contrario de lo que pasa en la vieja Isla de León, aquí los dejan crecer y dan sombra en verano, y anidan pájaros que al atardecer salen a cazar insectos. Y hay cientos de golondrinas cerca de la fachada pétrea de la iglesia que teníamos al lado, la de San Ildefonso. Sí… se ve que las podas no son dramáticas en Toledo y los árboles crecen como Dios manda, por eso, a fuer de dejarlos en paz, llegan a ser frondosos.


Junto a la placita hay una escultura de Juan de Mariana y al fondo, detrás de las torres de la catedral sale la Luna llena. Nuestros vecinos de mesa comentan en voz baja un litigio con abogados de por medio. Y detrás de mí unos jubilados extranjeros se besan como adolescentes… me lo cuenta mi copiloto:

— ¡Mira, mira, se están morreando!

Pero no está bien que me vuelva a mirarlos descaradamente. Así que aprovecho para hacer lo mismo con mi copiloto. Ella lo merece con creces…

La noche es joven en Toledo, la Luna llena sale por detrás de las torres de la catedral… la copiloto me está mirando.



miércoles, 21 de mayo de 2014

El viaje de mayo - Del Valle de Alcudia a Toledo


Mi copiloto y yo hemos dejado atrás el Valle de Alcudia por una carretera recta y larga. Es un llano manchego lleno de cigüeñas y cereales. Atravesamos más tarde Puertollano con numerosas reliquias de su pasado industrial minero. Seguidamente pasamos los campos de Calatrava, comarca que debe su denominación a tal Orden de monjes guerreros, que tomaron la encomienda de Alfonso VI para defender la frontera sur de los ataques sarracenos en la baja Edad Media. Y entramos finalmente en Poblete (nombre que le viene del latín populetum, que significa alameda o lugar cubierto de olmos), un pequeño pueblo que ya conocíamos de otro viaje... el asadillo de pimientos con comino y el bacalao en tomate hará que recordemos Poblete durante mucho tiempo.

Fuente: LanzaDigital_com_Conunpardetinajas_37052_571

Atravesamos luego Ciudad Real y enlazamos con la carretera nacional 401 en dirección a Toledo. Cerca de Malagón hay un cementerio de grandes tinajas de barro. Se utilizan en estos campos como depósitos de agua y, prácticamente, cada casa rural de la Mancha tiene una de estas enormes tinajas. Es el modo tradicional de gestionar el agua en esta zona. Mi copiloto me señala un viejo malacate movido ahora con un motor eléctrico... Los malacates son una especie de norias con cangilones movidas antiguamente por tracción animal para extraer agua de los pozos. Lo novedoso es que los viejos engranajes ahora se mueven mediante electricidad. Sacan el agua y la elevan a la gran tinaja que colocan en la parte más alta del campo de labor. Luego lo riegan por goteo. Genial la simbiosis de lo viejo y lo nuevo. Sí... cada pequeña casa rural tiene su enorme tinaja de barro como depósito de agua, y es una estampa que define muy bien el paisaje humano de esta zona de la Mancha.

En Fuente del Fresno hay un paseo rural cubierto de chopos. Dicen que hasta hace poco tiempo la zona tuvo bosques y cursos de agua. Eso dicen, pero hoy lo único que produce sombra es esa chopera... si no fuera así este lugar sería inhabitable en verano. Mi copiloto comenta que a este paso tendremos que vivir de noche y descansar en las horas centrales del día, simplemente para evitar el calor extremo y las radiaciones ultravioletas.

— ¡Y entonces nos volveremos mutantes paliduchos y nocturnos! —Dice poniendo cara de monstrua.

— Ya me gustaría ver en qué cosa te conviertes, copiloto. ¡A lo mejor te vuelves una mutante ninfómana!

— Déjate de tonterías y mira la carretera.

Por cierto, hablando de calores, en estos días la NASA ha confirmado que el deshielo de la zona occidental del Ártico es irreversible, es decir, que ya no se dan las circunstancias para que se vuelva a incrementar la superficie helada. Y eso es trascendental.

— Pues como siga creciendo el nivel del mar a este ritmo —le digo a la copiloto— no sé por dónde vamos a entrar en casa.

— Bueno —me dice mirando al arcén—. Con un poco de suerte se nos inunda el garaje pero podremos pescar desde el jardín.

No sé... ya en serio, muchas veces, cada vez con más frecuencia, me entristece el mundo que le vamos a dejar a la pequeña Vega.

Cerca de los Yébenes los coches han machacado una culebra… tres mil millones de años de evolución para acabar machacada en una carretera de la Mancha. El mundo es una mierda, pensará la culebra. Hay macizos enormes de gayombas, los más grandes que vimos en el viaje de mayo, y tantos olivos que recuerda a Andalucía. Luego, a la derecha de la carretera, aparecen las ruinas del Castillo de Guadalerzas, levantado por la Orden de Calatrava en el siglo XII para defender el Congosto (así llamaban al paso entre montañas por donde pasaba la antigua calzada romana)

Imagen de Alberto Conde

La carretera traviesa un túnel bajo la sierra de los Yébenes y al otro lado está Orgaz, feudo de los condes del mismo nombre. El castillo donde vivieron los nobles está en mitad del pueblo y la carretera pasa junto a sus muros. Es del siglo XV –XVI, y al pasar junto a él llegan vaharadas de historia…

…y toda la historia de los hombres rezuma injusticia. La Edad Media es un tiempo esencialmente injusto y bárbaro. Todo el tiempo de los hombres ha sido un tiempo injusto, fortalecido y amparado por una religión que predicaba sumisión y sometimiento total a la autoridad establecida porque, entre otras menudencias, la autoridad establecida emanaba del propio Dios, y los príncipes de Dios en la Tierra tenían la potestad de bendecir la autoridad de los reyes para refrendarla. Un tiempo dominado por una inamovible división de las personas en tres estamentos: nobleza, clero y vasallos. Dos minorías de privilegiados coaligados para vivir a costa del pueblo llano… y la vida sigue.

Ese castillo de los señores de Orgaz me hace cavilar sobre un tiempo en el que los hombres y mujeres de la plebe no tenían la menor posibilidad de redimirse socialmente para recibir un trato igualitario, y la nobleza (que en origen no son más que los más brutos y agresivos de la elite guerrera), por el simple azar de nacer, no pagaban impuestos y recaudaban las cosechas de los vasallos que trabajaban las tierras del señor a cambio simplemente de vivir. Y la otra minoría de privilegiados, el clero, era una extensión de la nobleza, tan poderosa como ella y dada a explotar a sus propios vasallos. La historia de los hombres siempre ha sido así de dura y de injusta.

Castillo de los Condes de Orgaz – Fuente

…pareciera que la condición humana no camina de manera natural hacia la justicia y la igualdad de los hombres, sino que busca la supervivencia del propio individuo integrado en un pequeño clan familiar que se extiende a una selecta élite. La historia nos muestra que la condición humana busca únicamente conquistar privilegios para los tuyos y perpetuarlos a costa de la esclavitud de los demás. Y esa es una historia que merecería cambiarse.

Todos los imperios y sistemas sociales desarrollados a lo largo del tiempo humano lo han hecho así porque, seguramente, no podemos más que reproducir a nivel de sociedad lo que somos como individuos... Y los individuos buscamos, por encima de todo, la propia supervivencia y, conquistada esta, el mayor bienestar personal. Esa es la condición atávica, pero a pesar de esto... sin embargo... por encima de esta condición, tenemos necesariamente que ser capaces de modificarla para buscar racionalidad.

La democracia, el gobierno real de toda la gente —y no de las élites poderosas y privilegiadas—, con el único propósito de gobernar para la gente, es un buen intento racional para superar nuestra condición y dar una oportunidad a los desvalidos, a los desahuciados, a los parias, a los antiguos vasallos de los señores feudales... Que son grupos humanos creados, precisamente, por la propia codicia humana.

Queda atrás en Castillo de Orgaz y queda en el camino Sonseca. Luego, a la altura de Ajofrin, sobre el paisaje de dehesas, emergen lomos redondeados de granito. Siempre imagino que son islas que flotan en un mar de hierbas, y que son las cimas de montañas inmensas ocultas en las profundidades de la Tierra.

Y al fondo, al atardecer ya, aparece Toledo, la capital de un imperio.



lunes, 19 de mayo de 2014

El viaje de mayo - De Montoro al Valle de Alcudia

El viaje comienza realmente en Montoro, donde veintidós cuernos son once toros. Eso decía un viejo profesor hace lo menos cincuenta años, cuando mi copiloto llevaba trenzas y era una niña un poco repipi. Ahí, en Montoro, tomamos la Nacional 420 en dirección a Ciudad Real y es entonces cuando el camino se hace realmente nuevo, el paisaje tan inesperado que la silueta de un árbol en el horizonte te hace dudar si es encima o alcornoque. Entonces se despabilan las neuronas para poner música al paisaje. Sí... el viaje comienza cuando mi copiloto tiene que examinar el mapa para adelantar a qué lugar estamos a punto de llegar. Y comienzas a observar con fruición para aprehender cada uno de los detalles del nuevo entorno: el vuelo de la rapaz, los círculos crecientes del buitre, las margaritas en la cuneta salpicada de amapolas, la cebada en los campos, el cortijo abandonado, el árbol solitario en mitad de la loma verde, la reata de ovejas a la sombra de la única higuera...

...sin embargo, la excitación por lo nuevo no es eterna y al cabo de un tiempo, mientras atravesamos la Sierra de Cardeña y la conducción se hace automática, me encuentro siguiendo hilos mentales aleatorios...

...el logopeda de Bruno —un sobrino de Paula que apenas habla con cuatro años— dice que es muy raro, que es como si el niño hubiera estado aprendiendo otro idioma antes de empezar a balbucear el materno. Y dice el hombre que por eso ha tardado tanto en hablar y presenta estas alteraciones. No sé... Es fascinante la complejidad del cerebro humano y sería estupendo comprender el proceso de aprendizaje que ocurre ahí dentro, pero me parece que ya no estoy para eso. Conforme uno se hace mayor entiende con más claridad que el verdadero placer está, entre otras cosas, en comprender el mundo. Y rememorando a Bruno y a su logopeda enlazo con un temor... qué le espera a la pequeña Vega con su incipiente español cuando se rodee de niños hablando en danés. No sé. Pobre país el que exilia a sus jóvenes. Eso piensa el que conduce mientras atravesamosla sierra de Cardeña, al norte de Córdoba, camino de la Mancha.

El paisaje se ha vuelto extremeño cuando aparecen las dehesas de encimas y alcornoques. Puede que estemos en el límite de Andalucía y la Mancha, pero las dehesas son extremeñas, a mí que no me digan otra cosa. Las cunetas pierden el color de Andalucía y aparecen jaras blancas por todo el camino. Un zorro cruza la carretera con tal parsimonia que tengo que frenar para no molestar al señor. Estamos cerca de Fuencaliente, el primer pueblo del virreinato de la señora Cospedal, un sitio con aguas termales desde los romanos. Y muy cerca se puede ver la ermita de San Isidro, una pequeña construcción blanquísima incrustada en una oquedad de la roca, como si fuera mismamente una Covadonga en el sur de Castilla la Mancha. A un paso de Fuencaliente, en un abrigo de la roca que se llama Peña Escrita,hay pinturas rupestres figurativas. Seguro que son interesantes, pero seguimos el camino sin detenernos porque mi copiloto dice que hay que dejar cosas para el siguiente viaje, así tenemos una excusa para volver.

Ermita de San Isidro / Fuencaliente-Ciudad Real

Nos acompaña la radio y un ronroneo constante habla del asesinato de doña Isabel Carrasco, presidenta del partido Popular de León y presidenta de la Diputación, también era miembro o presidenta de diez consejos de administración. Al margen del crimen, no es lo que ganaba la señora asesinada lo que llama la atención, es el enorme poder político que acaparaba su persona y, sobre todo, la posibilidad de repartir prebendas a discreción, sin control democrático sobre sus actuaciones. Parece que esto funciona así. Doña Isabel no hacía nada ilegal acaparando tanta capacidad de decisión. Y, no sé, parece inevitable pensar -sin que eso sirva de justificación- que tres locas la han asesinado por algún asunto relacionado con sus decisiones.

La radio desgrana la pesadumbre y la indignación de los políticos mientras las redes sociales desgranan otras indignidades. Puede que algunos políticos teman que cunda el ejemplo y que la gente, desesperada o enloquecida, se tome la justicia por su mano. Creo que los malos políticos pueden estar algo inquietos. Los malos políticos no son los que toman decisiones difíciles, eso va en el sueldo y se les supone inteligencia, capacidad y honestidad para tomarlas. Los malos políticos son los que se creen miembros de una élite privilegiada, los que han olvidado qué cosa es un comportamiento ético, los que han dejado de respetar a la gente, los que se piensan al margen de la ley, los que cobran dietas por asistir a reuniones de algún consejo de administración, pero van en el coche oficial, con chófer oficial, que pagamos todos... esos, los corruptos, son los que deberían tener miedo. Pero miedo de la justicia, no de la gente.

Intelectualmente no puedo, y no se puede, justificar el asesinato de doña Isabel Carrasco, pero emocionalmente no tengo sentimientos de pesar porque no lo percibo como mi asunto. No dejo de examinar esta ausencia mientras atravesamos el valle de Alcudia porque, de alguna manera, no quiero ser indiferente. El hecho es que me conmueven los muertos vivientes de Somalia, los desesperados en las alambradas de Ceuta y Melilla, los desplazados de Siria y muchas más cosas que ocurren, pero me siento tan distante de la señora asesinada que no soy capaz de ponerme en la piel de su familia. No tengo empatía con sus amigos y familiares y eso, estoy seguro, me convierte en un ser despreciable. Me gustaría sentir pena o indignación... sentir algo que me identifique como ser humano. Pero no ocurre.

Me indigna más esta injusticia que el asesinato de un político poderoso.
Desconozco el origen de esta foto

Algo muy raro pasa en este país cuando por un lado, dos o tres locas asesinan a una política que parece soberbia, poderosa, altiva y sospechosa de numerosos corruptelas... Y por otro lado, a mucha distancia intelectual, sociológica y política, mi falta de empatía con la asesinada me hace sentir un ser despreciable.

¿Qué coño nos está pasando?



jueves, 8 de mayo de 2014

El recuerdo del hombre oscuro

Tan arraigado tenía el miedo de sus mayores, y tan presentes las caras y actitudes, que aún hoy, con cerca de sesenta años, a Isabel le resulta difícil hablar abiertamente del hombre oscuro.



Siempre era al anochecer, en la casa familiar del Huerto Grande, que olía a gallinas y a fruta madura. Su abuela atrancaba puertas y ventanas, cerraba postigos y echaba las cortinas. Sólo entonces aparecía en la casa aquel viejo pálido, algo encorvado y con un libro en el bolsillo de su chaqueta de pana, que la miraba con una sonrisa socarrona y le despeinaba el flequillo. Y en una rutina triste se sentaba silencioso en la mesa de la cocina a cenar los restos de la comida familiar.

Isabel recuerda muy bien la bombilla triste y desnuda, cagada de moscas, que colgaba encima del hombre oscuro mientras cenaba. Sí... entonces siempre había moscas. Muchas. Tantas que había que aventarlas con trapos para echarlas por la ventana y cerrar inmediatamente para tener un poco de intimidad.

También recuerda la radio a media voz mientras el viejo reposaba la cena sentado en la butaca de mimbre de su abuela. Pero, sobre todo, Isabel le recuerda haciendo punto con las agujas, tejiéndole braguitas y camisetas en esa butaca. Luego, antes de irse a la cama, decían que le diera un beso de buenas noches. Y el viejo decía adiós con la mano desde la butaca. A la mañana siguiente, nada ni nadie recordaba su presencia. El hombre oscuro parecía haber sido un sueño.

Jamás nadie, ni su abuela, ni sus padres, ni sus tíos le dijeron nada de aquel hombre, ni ella hizo preguntas. De una forma implícita —porque había signos legibles hasta para una niña, la gravedad de sus mayores, los comportamientos sinuosos…— sabía que era un secreto del que no se podía hablar, de tal forma que el recuerdo difuso de aquel hombre se basaba en el vacío. Era una sombra irreal que aparecía en silencio, se desvanecía en silencio y no dejaba rastros ni recuerdos. Isabel no sabe cuándo fue la última vez que le dijo adiós desde la butaca, ella debía ser muy pequeña. Y su realidad se extinguió tan suavemente que durante muchos años fue un sueño infantil que se escapa cuando abres los ojos.

La niña se hizo mujer. La ciudad creció y los bloques de hormigón rodearon inexorablemente la vieja casa familiar y el Huerto Grande, donde, obcecada e inmune a las ofertas de las inmobiliarias, seguía viviendo su abuela. Isabel no sabe cómo fue ocurriendo. Tal vez la obsesión enfermiza de su abuela por el viejo cobertizo del huerto, o tal vez la asimilación pausada de la historia de su pueblo, o las lecturas apropiadas, o la paulatina comprensión de su niñez y su realidad. Tal vez las caras huidizas de sus mayores, los silencios bruscos seguidos de frases fuera de lugar, las miradas buscando la complicidad o la súplica…

No, no sabe cuándo tuvo la certeza de que aquel sueño escurridizo de su infancia, aquel extraño y silencioso hombre oscuro, era su abuelo Martín. Uno de tantos hombres que pasaron la posguerra escondidos en un boquete y malviviendo de noche, a hurtadillas. Un zulo húmedo bajo el cobertizo del viejo huerto familiar fue su casa… y su tumba. Y aún hoy, con cerca de sesenta años, a Isabel le resulta difícil hablar de Martín, aquel viejo pálido que llevaba un libro en el bolsillo de su chaqueta de pana, porque se le atranca la garganta y porque no recuerda cuándo le dijo adiós por última vez.

Yo apenas he conocido esta historia. Isabel no quiere contarla abiertamente. No quiere. Pero no sé... Martín no sólo pertenece a Isabel, hombres como él son universales. Creo que lo menos que merece el anónimo maestro republicano es ser recordado. Tal vez una simple placa en el número tal de la calle cual, que diga:

'En los cimientos de este bloque de pisos hubo un huerto en el que yacen los restos de Martín, maestro republicano, que vivió y murió escondido para evitar ser asesinado en la posguerra española'

Sólo eso. Es lo menos que merecen hombre como él...

martes, 6 de mayo de 2014

Hay que votar siempre

En el último tercio del siglo XX, la experiencia chilena de don Salvador Allende nos convenció a muchos de que el camino correcto para llegar al socialismo era la democracia. Cuarenta y cuatro años más tarde a lo único que aspiramos es a alcanzar democráticamente una democracia real, donde se gobierne para las personas y se regulen racional y rígidamente las leyes del mercado. Sólo eso...


...y la experiencia histórica también nos indica que los procesos democráticos para construir sociedades medianamente justas han sido abortados violentamente por ese poder financiero que quisiéramos humanizado y encorsetado en valores éticos.

Y a pesar de todo lo que nos enseña la experiencia, quiero creer que si queremos que el mundo sea más justo tendremos que hacer varias cosas, y una de ellas —no se sí la más eficaz o la más inteligente— será elegir a ciudadanos que realmente defiendan a la gente. Es decir, introducir en este sistema podrido una semilla de aire fresco, y no dejar los gobiernos en manos de los mismos que han permitido, y han sido cómplices, del desamparo ciudadano, del expolio del Estado y de la extinción de nuestros derechos. Creo que tenemos que utilizar los mecanismos a nuestro alcance para que no se los apropien definitivamente en nuestro nombre.

Podemos quedarnos en casa y dejar que voten los mismos a los mismos de siempre, los que —de una u otra forma— han sustituido el impulso ético de la política por el único valor de los mercados. Si vuelven a gobernar en Europa y en España enarbolarán la bandera de la democracia formal y dirán que han sido elegidos por el pueblo para seguir expoliándonos en nuestro propio nombre.

No podemos quedarnos en casa porque no debemos ser sólo espectadores impasibles. Porque mientras nosotros calentamos el sillón ellos culminan una estafa demoledora para nuestro modo de vida. Mientras dejamos pasar la oportunidad, muchos de nuestros jóvenes se marchan de España y los que se quedan medran al pairo de los esclavistas de turno, sin futuro, sin expectativas. Muy pocos son los que superan el miedo y enarbolan en las plazas la bandera de todos los desafortunados. No podemos quedarnos en casa mientras votan los que nunca se plantean nada, los que piensan que esto no va con ellos, los instalados en la ceguera, los adormecidos por la pasividad y la falta de sentido crítico, los adocenados por la comodidad y, sobre todo, los doblegados por el miedo a disentir. Todos ellos, aislados en sus pequeños submundos y acartonados por la propaganda y por el miedo al cambio... Por eso, los que queremos cambiar las cosas de forma civilizada —sin abandonar cualquier método civilizado de pelea—, tenemos que participar usando todos los caminos que plantea el régimen neoliberal y criminal que nos tiraniza. Tenemos que votar para introducir en su engranaje nuestra semilla. Ellos nos quieren aburridos y cansados de democracia, así nos quieren.

El futuro del mundo no puede estar un sistema que genera desigualdad aceleradamente, que expolia a los pobres y acumula la riqueza en los ricos, y sobre todo, que nos aboca a un desastre medioambiental a nivel planetario. Un sistema del que Europa y España son fervientes adoradores. Un sistema de permite, tolera y ve lógica esta dinámica es un sistema que hay que destruir hasta la raíz por injusto e incompatible con la democracia real y con la supervivencia del propio planeta. Y porque ha abandonado todo comportamiento ético en la política para sustituirlo por la exclusiva épica de los mercados desoyendo la necesidad de las personas. Ojalá sustituyamos este sistema de forma civilizada, es decir, de forma democrática, votando en todo el mundo a personas que realmente defiendan a la gente y que sean beligerantes con las leyes ciegas del mercado y con los valores del neoliberalismo, verdadero cáncer del mundo que tenemos.

La economía basada en las leyes del mercado -como la que rige e impera en el mundo globalizado- no conduce a una sociedad justa, nos lleva a una permanente guerra social y, sobre todo, al exterminio de la democracia para caer en la dictadura de los mercados.

Permanecer sentados y callados es el error de nuestro tiempo. Es seguir el juego de los poderosos que nos quieren dóciles. Aunque suene ingenuo creo que debemos votar. Está en nuestra mano hacerlo. Que no se diga que no lo intentamos civilizadamente.